jueves, 11 de diciembre de 2008

Un encuentro que no existió y un joven que aprende y va para pícaro (1.31)


Este capítulo nos cuenta dos cosas en las que no sale bien parado moralmente nuestro caballero. La consecuencia es que queda a merced de su propio escudero y en evidencia delante de todos.

En primer lugar, como continuación del capítulo anterior, Sancho nos relata una mentira en un diálogo con don Quijote que demuestra la habilidad de Cervantes en el uso de los diálogos como forma activa de la narración.

Como sabemos, Sancho no cumplió el encargo de acudir al Toboso y entrevistarse con Dulcinea, tal y como le pidió su amo. El cura, además, le dijo que mintiera a don Quijote al respecto. Y, además, esa mentira le puede reportar un beneficio si del asunto que se traen entre manos sale la boda del caballero con la princesa Micomicona. De todo esto, Sancho saca la necesidad de fingir el encuentro. Ante las preguntas concretas de su amo sobre cómo recibió la doncella la carta, debe dar detalles. De la necesidad, hace virtud: insiste en la condición rústica de Dulcinea, a la que retrata en actividades manuales (con lo que ello significa en la época), analfabeta y con olor hombruno. Una contrafigura de lo que le había dicho su amo y que él ya había anticipado cuando supo que se trataba de Aldonza Lorenzo. Su intención es evidente: rebajar el valor de Dulcinea para, como hace acto seguido, insistir en las ventajas de la princesa.

Y aquí es en donde el pobre caballero debe hacer gala de toda la fuerza de su ficción. Curiosamente, no recurre a la violencia, como en otras ocasiones, para acallar o contradecir a su escudero. No puede hacerlo porque sabe que la descripción de Sancho es más próxima a la realidad que la suya propia. Por eso, no le queda más remedio que trasformar casi (en este casi hay todo un mundo que explica, con cierta tristeza, a don Quijote) toda la información para hacerla digna de su ensoñación caballeresca.

Esta doble versión se concreta en un debate sobre la geografía real y la mítica. Don Quijote alude a la distancia exacta que les separa con el Toboso (más de treinta leguas) y a la imposibilidad de que Sancho haya podido recorrer ese trayecto de ida y vuelta en tres días. Como debe darse una respuesta coherente con lo que acaba de hacer trasformando a Dulcinea, sólo puede recurrir a la magia, presente en la literatura caballeresca. La presencia de esta cuestión aquí tiene una explicación teórico-literaria: marcar la diferencia entre el realismo del relato cervantino y el tratamiento mítico del espacio y el tiempo en las novelas de referencia.

Veremos que esta mentira tendrá grandes consecuencias en la Segunda parte. Ya estamos acostumbrados a que Cervantes retome los motivos continuamente.

Tras esta conversación, hacen un descanso y don Quijote recibe un nuevo embate a su fantasía caballeresca. Ya sabemos, desde hace unos capítulos, que la novela gira hacia el final y por eso encontraremos motivos del camino de ida tratados ahora de forma diferente. Eso pasa con el encuentro con Andrés, el joven al que su amo maltrataba en las primeras aventuras de don Quijote.

Ante el cariñoso reconocimiento del muchacho, don Quijote quiere vanagloriarse de la importancia de la labor de los caballeros andantes, pero la realidad le contradice: Andrés fue maltratado brutalmente tras su intervención y le pide que no vuelva a ayudarle nunca más si se lo encuentra. Ha aprendido la lección: no debe buscar ayuda para solucionar sus problemas, sino que debe aprender de su experiencia y obrar en consecuencia. Cervantes, magistralmente, nos hace un breve relato y justificación de otra fórmula narrativa: Andrés ha decidido marchar a Sevilla, como un pícaro que sabe que sólo él mismo puede solucionar su vida.

La picaresca, en esta ocasión, ha ganado a los relatos caballerescos: la vida es dura y no es una novela de ficción utópica en la que podamos jugar a ser caballeros.

Veremos qué pasa en el capítulo XXXII el próximo jueves.

36 comentarios:

J.R.Justo dijo...

Un privilegio ser el primer comentarista, solo decirte que te mereces los resultados de lo que has creado.

Un saludo

Soledad dijo...

Fíjate que he intentado muchas veces leerlo pero nunca lo termino xddd

Supongo que es un libro para ir leyendo poco a poco xdd

Tormenta. dijo...

Son geniales tus explicaciones, interesantes! y caes en detalles, que la verdad, tal vez yo no hubiera caído!

Saludos!.

Merche Pallarés dijo...

¡Fantástica la conversación entre D. Quijote y Sancho! Qué imaginación la de Sancho... aunque el pobre se queda sin su pan y queso. La aparición de Andrés fue sorprendente pero lógica dentro de la lógica Cervantina. ¡Menos mal que le frenan de ir a enfrentarse con el amo y dejan al pobre Rocinante tranquilo comiéndose su hierbita! En este capítulo pobre D. Alonso sale trasquilado... Sigamos con el XXXII. Besotes, M.

Esther dijo...

Sancho quería apagarle ese amor que sentía el por Dulcinea pero me da que no lo va a conseguir facilmente.. besos

Cornelivs dijo...

Precioso este capitulo, que por cierto, casi tenia olvidado. Me parece que D. Quijote no estaba tan loco como parecia; la prueba es que, como bien dices, no se enoja demasiado ante la rustica y fingida descripción que Sancho hace de Dulcinea.

"Que yo se bien a que huele aquel ambar desleido...", dice D. Quijote. JAJAJ, FANTASTICO!!! Es delicioso oir a D. Quijote hablar de "su" Dulcinea. Pero ahí no acaba lo bueno: ¡ya veremos cuando vayan los dos al Toboso a visitarla en la 2ª Parte!

En cuanto al tema de Andrés, el de "la lengua queda y los ojos listos", magnifico final, y el cura y el barbero (un poquito bellacos esta vez) disimulando la risa, para que D. Quijote no terminara de "correrse" del todo.

Que ironia, Pedro; pero que ironia mas deliciosa.

UN ABRAZO.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Pedro... caigo en la cuenta de que llevamos 32 semanas que no es poco... es bueno recordarlo... como don Miguel nos trae de nuevo aa Andrés... saludos...

la inkilina dijo...

Yo no pienso que don quijote estuviera Loco..vivía en el mundo que el quería vivir

Y no es fácil

un café??

Anónimo dijo...

Siempre cuidadoso con el reparto de protagonismo entre sus dos personajes principales; le toca ahora a DQ abrir y cerrar el presente con un estado de ánimo que oscila desde el entusiasmo puesto de manifiesto en su interés preguntón por Dulcinea hasta la decepción al comprobar cuánto desagradecido anda por el mundo. Un DQ protagonista absoluto, puesto de manifiesto en su indagación sobre Dulcinea, elucubraciones sobre los tres días- con azogue detrás de las orejas - tan bien aprovechados por Sancho, el enfado con su escudero como consecuencia de su simpleza y posterior traslado de sus conocimientos amatorios a los fundamentos religiosos, la concretización de la ley de Caballería en el caso del mozo Andrés y en su postrero enfado por el desagradecimiento que muestra ante el que lo liberó del castigo del amo.

Con Sancho ya bien acomodado en su rucio, se adelantan de sus compañeros y entablan un divertido diálogo, que incluso llega a profundidades teológicas. Nos encontramos con un Sancho que se empeña en “ruralizar” a Dulcinea: es capaz de coger los costales de dos fanegas de trigo en fole y encaramarlos a lomos de una caballería. Además de ser altiricona (una cuarta más alta que Sancho), nos la presenta como analfabeta, sudosa y correosa. Aunque también pudiera ser que estuviera Sancho romadizado. Como contraste a este empeño de Sancho, tenemos el interés de su amo por idealizar todo lo que de ella le cuenta su escudero: el trigo son perlas. El rubión es candeal. Acribar trigo es ensartar perlas. El olorcillo hombruno es olor sabeo o ámbar desleído. Las joyas de albricias de DQ son para S pan con queso ovejuno: curiosa la forma de despreciar lo que se come todos los días, aunque sea queso manchego. Este pasaje nos presenta a un Sancho un tanto a disgusto, en tensión por tener que mentir tanto y temeroso de ser pillado por su amo. No es claro el autor sobre si Sancho conoce o no a Dulcinea pues, aunque dice que es una labradora del Toboso, confiesa no haberla visto en su vida.

Cuando se encuentran con Andrés, vemos a un DQ vacilante sobre el orden de las misiones que debe emprender. Reflexiona y decide ir en primer lugar en busca del gigante de la fosca vista para dar satisfacción a Dorotea y a su escudero. A continuación se presentará ante su dama y le pedirá disculpas por la tardanza. Da por perdido el caso de Andrés, pues se da cuenta que para ser mediador sindical sus Leyes de Caballería basadas en el uso de la fuerza y la violencia son obsoletas: los conflictos se resuelven mejor con la negociación y el diálogo.

Asimismo, Sancho vuelve a insistir en traerse los negros a España para venderlos, concretando ahora que quiere gobernar en un lugar cerca del mar para que le fuera más fácil el embarque.

Conocido es cómo en el Islam varias damas pueden servir a un mismo hombre. Vemos cómo Cervantes le da la vuelta a la situación al descubrirnos DQ que varios caballeros pueden servir a la misma dama. Sancho relaciona este amor con el amor a Dios: reflexión que impresiona a DQ por su profundidad teológica, dejándole sin habla. Demasiada teología para un pobre caballero andante. pancho

Ele Bergón dijo...

!Qué ansiedad la del enamorado Don Quijote por saber de su amada Dulcinera, por eso aquí está débil y no puede con SAncho en este caso poderoso y sabiéndose dueño del poder. ¡Que cosas tiene el amor!

Un abrazo

Merche Pallarés dijo...

PANCHO ¡qué genial tu análisis! Me he reido de lo lindo... Besotes, M.

Alatriste dijo...

En estos dos capítulos, que bien podrían ser uno sólo; Don Quijote ha mostrado su peor cara: colérico y orgulloso. Lo primero a punto estuvo de costarle la vida a su fiel escudero si no hubiera sido por la intervención de Dorotea, en lo segundo, Don Quijote quedó ciertamente defraudado y algo ridiculizado

Sin lugar a dudas aunque nuestro personaje parezca muchas veces cómico y un loco inofensivo, éste está dispuesto a matar a personas inocentes en varias ocasiones, y si no lo consigue no es por falta de ganas. Desde luego de haber existido en su época, - creo que hubo un caso parecido en el s-XVI, habría sido un tipo peligroso.

SELMA dijo...

Es díficil hacer ver a alguien que lo que tiene idealizado tiene los pies de barro u olor hombruno en este caso... Aúnque olor hombruno hoy en día... que distinto es... me vienen a la mente y al olfato infinidades de fragancias...

Me estoy saliendo del tema, lo sé...Friday night...

Un beso,Pedro, con olor a Jazmín, para hacerme perdonar...

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

J.R.JUSTO: un privilegio tenerte por aquí. Gracias y un saludo.

SOLEDAD: pues anímate. Aquí lo leemos en dosis pequeñas, para no asustarse.

TORMENTA: gracias por tus palabras. Un saludo.

MERCHE: este diálogo es soberbio: una obra maestra de cómo debe dialogarse en una novela. Trasquilado y sin lana. Sigamos.

ESTHER: ese amor es parte de su ficción: si lo pierde, muere. Besos.

CORNELIVS: en efecto. Este capítulo es uno de los que más se señala por los partidarios de leer la acción de don Quijote como juego y no como locura.
Ya veremos esa entrada soberbia en el Toboso...
Gracias por prestar atención a esa ironía. Un abrazo.

MANUEL: ¿32? ¡¡32!! Qué maravilla para los que estamos en esta locura desde el inicio. Saludos.

INKILINA: al menos, lo intentaba. Y no es fácil. Voy.

PANCHO: en efecto, este reparto es algo esencial en el equilibrio de la narración. Esa ambigüedad que tan bien señalas sobre si conocen los dos o no a Dulcinea/Aldonza se mantendrá durante todo el libro y será un juego divertido.
Me ha gustado lo de mediador sindical. No sé yo si todos son partidarios de la negociación y el diálogo.
Sancho es todo un estratega y sabe de logística...
Qué bien que te hayas fijado en lo de los varios caballeros para una sola dama y la trasposición a lo divino de Sancho. Es un argumento teológico sutilmente usado por Cervantes aquí, para sonrisa de entendidos.

ELE: qué cosas tiene el amor. Y más locuras... Un abrazo.

MERCHE: una delicia lo de Pancho, que ha resaltado cosas sustanciales a las que yo no había hecho referencia. Besos.

ALATRISTE: Cervantes caracteriza a don Quijote con ciertas características permitidas a los hidalgos en la sociedad de la época y con un carácter que se recoge en los libros médicos de la época como patología.
No sólo en su época: hoy mismo no nos haría mucha gracia encontrarnos con él, así que sigamos leyéndolo mejor.

Un abrazo a todos y gracias por vuestros comentarios.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

SELMA: perdonada, por supuesto. Ese beso con jazmín...

pablo miguel simón dijo...

Preciosa exposición del capítulo, Pedro. Gracias por tu trabajo, de un resultado delicioso sobre el universo de este libro, para mí, el libro de los libros de la Literatura.

Antonio Aguilera dijo...

Hola Pedro recien acabamos de montar la entrada del blog, muertos de frio, Ojito y yo. Saludos.

antonioaguilera.blogspot.com

Mamen dijo...

Cada vez que leo lo que escribes del Quijote, me vienen imágenes de lo que despertó en mí cuando lo leí¡¡¡... Me parecía un amor tan idealizado y tan caballeresco, mirándolo con ojitos de niña que soñaba ser princesa...
Sigue deleitándome...

Un besooooo

DianNa_ dijo...

Ando leyendo, a tropezones, los enanos no me dejan :), de momento, al menos para mi, es un capítulo muy interesante,donde se ve clarito que sólo oye y ve lo que le da la gana y la observación que le hace el hidalgo a Sancho, durante el diálogo de tira y afloja, de que parece un hombre ilustrado me resulta muy curiosa y no digo más que sin acabar de leer, meteré la pata :)

Y levántese caballero y deme un beso :))
Así mejor...

Besos, niño

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

PABLO MIGUEL SIMÓN: gracias a ti por seguirlo.

ANTONIO AGUILERA: visto, leído y comentado.

MAMEN: me alegro de suscitarte esos recuerdos.

DIANNA: eso sí es leer con mérito. Queda usted besada. Besos.

Abejita de la Vega dijo...

Comentario al capítulo XXXI DEL Quijote, primera parte.
Posibles títulos:
• Ahechando perlas y cañutillo de oro, bordando polvo de cereal y piedrecillas. Uy, nooo, me he hecho un lío...
• Este capítulo huele a trigo y… a sobaquillo.
• Tres clases de trigo: candeal, rubión y trechel.
• Andrés marcha a Sevilla. Lázaro vence a Amadís.

A Sancho no le queda más remedio que mentir, la bola crece y crece. Don Quijote pregunta, pero sugiere la respuesta. Desea que le regalen los oídos, una Dulcinea gran dama, ahechando perlas y cañutillo de oro, bordando polvo de cereal y piedrecillas. Uy, nooo, me he hecho un lío...bordando con perlas y cañutillo de oro.
Sancho, tú no la ha visto ¿qué más te da mentir un poco más? Pero el escudero ajusta su mentira a una imagen compatible con la de una labradora. Y nos entramos en un corral manchego, donde Aldonza, que no Dulcinea, está ahechando trigo. Huele a trigo candeal, trechel o rubión. Cuánto sabe de trigo este Cervantes, comisario de provisiones de la Armada Invencible. Aunque el trigo sea rubión, el pan será candeal. Pero tú, Sancho, hazte idea de que son perlas, qué pronto has vuelto, cree en lo que yo quiero creer.

¡Cómo huele este capítulo! Huele a trigo y…a sobaquillo. Don Quijote atribuye a su idealizada Dulcinea olores señoriales. Imagina un olor sabeo, ¡a incienso!, o un olor a guantes perfumados con ámbar.gris, delicadísimo producto de perfumería. Estas fragancias no triunfarían en los anuncios navideños de ahora, imaginaos “Eau de Botafumeiro”… Aldonza trabaja duramente, en el corral, con los costales y la criba, en un día de mucho calor. Sudorosa, correosa…con el hedor propio de alguien que no se cambia de ropa. Su olor es hombruno, huele como el mismo Sancho que ya lleva días por esos caminos.

La última parte del capítulo está dedicado al retorno de Andrés, el muchacho al que don Quijote libró, eso creía él, de la paliza de un amo furioso. Ahora sabemos que el pastorcillo recibió muchos más palos, después de aquello. Regresa para echárselo en cara a don Quijote y para advertirle de que no le ayude nunca más. Se va para Sevilla, allí suponemos que se convertirá en un pícaro del patio del Monipodio o algo parecido. Lázaro ha vencido a Amadís.

Un abrazo para Pedro y los visitantes de “La acequia”

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ABEJITA: Cómo me gustan las vueltas y revueltas de tu comentario, su olorcillo y las propuestas de títulos.

Antonio Aguilera dijo...

Pedro:

Antes que nada, agradecer tu labor divulgadora del libro del de La Triste Figura. Nunca me hubiese imaginado que existiese en la blogosfera tan magno y bello proyecto.
De rebote, buscando datos quijotescos en el Google, encontrè tu blog.
Me dije: " este blog es la Hostia"
pidamos permiso y participemos en èl.
Ahora te hago una pregunta comprometida jaja, espero que no:
Me podrìas indicar algùn ensayo sobre El Quijote; pero que estè al alcance del intelecto de un simple autodidacto comme moi ??.
Supongo que habrà mucha bibliografìa al respecto, pero habrìa uno que fuese especialmente interesante.

De tu texto èste, resaltar tus palabras: "...la habilidad de Cervantes en el uso de los diàlogos como forma activa de la narraciòn ", me fijè tambièn en ello.
Y la facilidad que tiene Cervantes para provocar no s÷olo la risa, sino tambièn la carcajada.

Agradecido hasta la mèdula suyo afect. Rvo y Ltral.

Aldabra dijo...

¡Que malo eres Pedro!, esta vez no nos muestras la foto con la corbata puesta…con lo guapísimo que tendrías que estar con esa corbata tan bonita... en fin, otra vez será. Todavía no he leído el capítulo, este fin de semana caerá.

Bicos y gracias por todos estos posts que supongo te requieren un gran esfuerzo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ANTONIO AGUILERA: gracias, pero esto no sería posible sin la colaboración de todos.
Para comenzar a saborear el Quijote desde su inicio, sin duda alguna, Aproximación al Quijote, de Martín de Riquer. Es el libro por donde uno debería iniciarse.

ALDABRA: gracias a ti por leerlos y la próxima, con la corbata al cuello... Besos.

Anónimo dijo...

Perdona Pedro, pero me gustaría decirle a A. Aguilera que no ande buscando por ahí aproximaciones y estudios sobre el Q. Las entradas semanales tan exhaustivas, capítulo a capítulo, de La Acequia de P. Ojeda son superiores en calidad a todo lo publicado hasta ahora, sin hacer de menos a todo lo anterior que también puede ser muy bueno, pero no mejor.

Para Merche gracias, lo mío no tiene más mérito que lo que tardo en escribirlo, con lo lento que tecleo. ¡Qué guapa estás en la foto con Andy Warhol! A propósito, me suena mucho el periodista del bigote, ¿te acuerdas de su nombre? pancho

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

PANCHO: muchas gracias por tus palabras.
Qué vida la de Merche...

BIPOLAR dijo...

Y qué cierto es que cuando uno se enamora no es capaz de ver nada que sea real... sino que todo es ensoñación, fantasía y aliento.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

BIPOLAR: es decir, ficción.

Myr dijo...

¿32? ¡¡11!! Llevo 11 semanas exactas hoy! Y que placer! como disfruto!!!!!!!!!!!!!!!

El capítulo me gustó todo, en especial el diálogo entre los dos.
Sancho me pareció al igual que a Merche, supremamente ingenioso. Y me gustaron las frases que recalcó Cornelivs. Más ésta que me anoto de mi cosecha: DQ: "al punto daré la vuelta a ver a la luz que mis sentidos alumbra"
( Qué le vamos a hacer, soy una romántica empedernida!).

Sobre el "casi" de DQ y la construcción de su personaje, me parece extraordinario el salto del capítulo anterior en el que Sancho le confiesa que no le entregó ninguna carta a Dulcinea y la pregunta de DQ en éste: " pero pasa adelante: cuando le diste la carta, ¿besóla ? ¿ Púsosela sobre la cabeza? ¿Hizo alguna ceremonia de tal carta, o que hizo?"

Así como cuando DQ le preg a S. "¿Sabes de que estoy maravillado S.? De que me parece que fuiste y veniste por los aires...." y encuentra la explicación "plausible" del nigromante....
Plausible, para hacer concordar la realidad con la ficción evitando así la disonancia cognitiva.

Sobre las lineas finales del capítulo no entendí como quedó DQ por lo de Andrés.... Triste, enojado, exitado o más loco?

Gracias y abrazos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MYR: romántica y acertada en las citas. Don Quijote quedó "corrido", es decir, avergonzado y, por lo tanto, enojado.
¡¡11 semanas ya!! Qué feliz tu inserción en la lectura.

Juan Luis G. dijo...

Hola Pedro.

Aquí vemos a Sancho y a D. Quijote en un contínuo "toma y daca" cada uno saltando de la realidad a la ficción según sus intereses. Sancho dando una descripción realista de Aldonza Lorenzo, pero sin dejar de pensar en que la princesa Micomicona y sus promesas son reales. Y Don Quijote sigue con la construcción ideal de su amada, pero a su vez cae en el detalle del tiempo empleado por su escudero en ir y volver al Toboso.

El capítulo termina con la aparición de Andrés, que sería como gran varapalo a esos coqueteos con la ficción en la que se enredan escudero y caballero. ¡Por Dios, Sancho y D. Quijote, abrid los ojos!

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

JUAN LUIS: qué buena forma de leer este capítulo y la introducción del personaje de Andrés.

Euphorbia dijo...

Hola Pedro, aquí yo en el puesto de cola pero al menos, intentando retomar la lectura.

Genial el diálogo de Don Quijote y Sancho en el que queda bastante evidente que el hidalgo no vive en la locura sino en el autoengaño intencionado.

Un beso y ya ando leyendo el 32.

Asun dijo...

Me ha gustado el diálogo entre S y DQ. Esa inventiva de S.

Ahora, ¡hay que ver este Sancho que bruto es!, le quita todo el glamour a Dulcinea con ese “olorcillo algo hombruno” que le atribuye y ese aspecto “sudado y algo correoso”.
Pero ahí esta DQ para darle la vuelta a todo y ver a su princesa como la mas bella y mejor perfumada del mundo.

En uno de los párrafos dice que S. …ya estaba cansado de mentir tanto y temía no le cogiese su amo a palabras; porque, puesto que él sabía que Dulcinea era una labradora del Toboso, no la había visto en toda su vida.. Sin embargo en un capítulo anterior había dicho que la conocía y la había descrito con todo lujo de detalles. ¿Despiste? ¿Intencionado?

Éramos pocos y parió la abuela. Ahora aparece Andrés, el joven que su amo tenía atado a un árbol y estaba azotando y le culpa de la azotaina que después le propinó. Este Cervantes no deja de sorprendernos retomando historias pasadas.

Seguiremos sorprendiéndonos.

Besos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

EUPHORBIA: ánimo, ánimo.

ASUN: Sancho da la réplica, como le corresponde. Y, en efecto, Cervantes sorprende siempre. Besos.