jueves, 12 de febrero de 2009

Una caña que blandea (Cap. 1.40)


Continúa el relato del cautivo.

Como ya dijimos hace unas semanas, Cervantes descubrió en un momento determinado del Quijote, el valor de estructurar los capítulos para medir la intensidad de la narración y graduar el interés del lector. Aquí tenemos otro ejemplo.

En un capítulo anterior, se nos había despertado la curiosidad por el cautivo y la mora que lo acompañaba: intuíamos que, detrás de los rasgos aventureros de él y la hermosura de ella, había una buena historia que se concreta en cuanto el cautivo inicia su relato en otro capítulo. Lo que entonces había comenzado como un cuento folklórico -cuya estructura seguirá presente en todo el relato- y se había transformado en una relación de batallas verdaderas y no fantásticas, contadas desde la perspectiva de un testigo presencial -que haría las delicias del lector de la época-, gira ahora hacia una narración que se dirige la emoción sentimental del receptor.

Cervantes gradúa con sabiduría todos los elementos que pone en juego y los momentos en los que la narración cambia el tono. En general, para ir de lo real a lo fingido y legendario. Este matiz se acentúa, además, con el sentido autobiográfico e histórico de los materiales que componen la primera parte de la historia, que van adelgazándose según avanza para caer en lo novelesco- sentimental.

El hermano del compañero del cautivo, don Pedro de Aguilar, caballero del séquito de don Fernando, produce el primer cambio de tono al recitar los sonetos compuestos por su hermano a los cristianos muertos en los combates de La Goleta y el fuerte. Son el remate perfecto para la narración bélica y un homenaje a tantos como allí cayeron que, sin duda, encogería el corazón de los españoles que leyeran el texto a principios del siglo XVII, dado que ambas acciones aun eran recordadas como hitos recientes de la historia nacional.

A partir de ellos, el cautivo pasa a contarnos su vida como prisionero de los turcos, primero en Constantinopla y luego en Argel. Y lo hace sin ahorrar la truculencia de las acciones más violentas de sus dueños: es un relato de crueldad y sangre que supondría una nueva conmoción para los lectores de la época, para los que era una realidad cotidiana y, sobre todo, una parte de su imaginario colectivo.

Es justo en ese momento -qué sabiduría la de Cervantes como narrador-, cuando nos habla de un tal Saavedra. Se introduce en tercera persona, a través del relato del cautivo, como ya había sucedido cuando el cura habló de sus libros al revisar la biblioteca de don Quijote.

La introducción de su propio nombre en el relato tiene varias funciones: en primer lugar, da veracidad histórica a lo relatado -lleno de referencias a batallas reales, personajes históricos, lugares concretos- desde lo autobiográfico, un inteligente juego de tira y afloja entre la memoria personal y la colectiva en la que se desliza, sin lugar a dudas, una crítica por el olvido de los que participaron en aquellos hechos desde la tropa y no desde el mando; en segundo lugar, reivindicar su propia biografía y recordar a todos parte de lo que fue y de lo que hizo; en tercer lugar, finalizar el relato de los aspectos más truculentos, cambiar el paso porque no puede ir más allá, dado que no es el objetivo de la novela construir una verdadera autobiografía y menos llenarla de motivos tan tremendos. La mención de su nombre es, pues, el final del relato de la vida de cautiverio y el segundo cambio de tono:

Sólo libró bien con él un soldado español, llamado tal de Saavedra, el cual, con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y, por la menor cosa de muchas que hizo, temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el cuento de mi historia.

A partir de ahí, Cervantes desliza una historia que amenazaba con ser demasiado personal y truculenta -porque esa violencia era real- hacia el relato sentimental. Aparece, blandeando y sólo destinada al cautivo, una caña con un mensaje de una joven mora que pide ayuda a los cautivos cristianos para fugarse a tierras españolas y hacerse cristiana, religión que profesaba en secreto puesto que la aprendió de una criada cristiana que tuvo el amor por la Virgen María. La historia se dispara: la joven ha tenido apariciones, quiere fugarse en compañía de unos desconocidos sin pararse a pensar las consecuencias, estos se ponen en manos de un renegado...

El puño violento que había encogido el ánimo del lector contemporáneo, ahora va camino de despertarle todas las emociones: religiosidad, comportamientos caballerescos, aventura, belleza, sospechas de un amor incipiente. No se puede pedir más al relato, lo contiene todo.

Veremos cómo prosigue la aventura en el capítulo XLI. El próximo jueves.

46 comentarios:

Fernando Portillo dijo...

Realmente, amigo Pedro, por mucho que aceche el sueño es imposible sustraerse a la tentación de arrojarse en los brazos del capítulo XL, que debería ser el más largo, con semejante escaparate. Creo que despacharé mi entrada con lo primero que encuentre a mano y Don Pío Baroja que espere sentado en su mesa camilla, que ya le llegará el turno.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

sin dudar puedo decir, que hasta que no he comenzado adeleitarme con los capítulos, no había caido en la cuenta...e incluso no entendia la universalidad de nuestro escritor.

Una obra llena de datos autobiográficos e históricos; construida para llenar al lector de la época... en una palabra creo que lo resumión en su título "el hingenioso".

Un hombre, como demuestra y subscribe, de armas; amante de su patria hasta llegar casi a la muerte... de esos no quedan. Merecido homenaje el que le hacemos...

saludos; feliz y merecido descanso....

impersonem dijo...

Muy ilustrativo, gracias por tu trabajo, ayuda a ver la profundidad del texto.

Saludos.

Abejita de la Vega dijo...

¡Buenos días, Pedro!
Me voy con los sanchicos y las sanchicas...Ya leí el capítulo del cautivo y nuestra señora de la Caña que se aparece en carne mortal.Con eso y tu entrada, que siempre da ideas, compondré esta tarde el comentario SPA.
Hasta luego

Merche Pallarés dijo...

¡Se me ha borrado todo! ¡¡Qué rabia!! Voy al e-mail.

Anónimo dijo...

Como NO decíamos la semana pasada, uno de los caballeros – con antifaz - que acompañaban al otro caballero D. Fernando y que escoltaban a Luscinda a su llegada a la venta se disponía a tomar la palabra y no pasar desapercibido en la novela. Lo hace para homenajear a los que perdieron la vida en la defensa de La Goleta y del fuerte en dos bellos sonetos que rezuman numanticismo hispano en la contumaz defensa, pues la valentía de los soldados cercados, convierte la derrota en victoria cuando: “primero que el valor faltó la vida.”

Después de este lamento triste y patriótico de Pedro Aguilar; intento de hacer más llevadera la derrota y muerte de muchos compatriotas, loando su heroico derramamiento de sangre – relatado por alguien que es testigo desde el lado atacante – se nos introduce en el paisaje desolador después de la batalla. Nos muestra la robustez de la muralla vieja al intento baldío de voladura, mientras que la nueva se vino a tierra con facilidad. A cada paso parece que el autor nos quiere enseñar algo: las viejas creencias y tradiciones bien enraizadas, permanecen; mientras que las nuevas vuelan por los aires con facilidad. Todas las creencias y valores se invierten cuando se carece del más elemental derecho del ser humano: la libertad.

Sorprende la normalidad con la que el cautivo nos habla de la esclavitud, como si fuera un eslabón más, completamente asumido, de la escala social de la época. Incluso nos cuenta que los amos intentaban hacer negocio con los esclavos; es decir, compraban barato para vender caro. Al morir su primer amo, “Uchalí El Tiñoso” renegado calabrés, pasa a manos de otro renegado de Venecia, “Azán Agá, que llegó a rey de Argel. En su cárcel privada conoció a un joven mozo veinteañero, Saavedra, que tuvo una cautividad privilegiada. A pesar de sus tres intentos de fuga jamás fue castigado por ello, cuando se nos dice que los demás podrían ser ahorcados, empalados o desorejados si no tenían éxito en el intento. Esto ha dado lugar a muchas elucubraciones sobre las razones de tanta impunidad, orientándose algunos por motivos de favoritismo de carácter amatorio. Que cada uno piense lo que quiera, pues habría que encontrarse en las mismas circunstancias de cautividad para ver qué escala de valores se aceptan como válidas. A mí me parece demasiado evidente la relación, cuando acaba de relatarnos que hay quien recibe discriminación positiva en cautividad a cambio de favores: no tenía ninguna necesidad de levantar la liebre ni atizar la hoguera de la inquisición.

Junto a una descripción muy gráfica y minuciosa de los baños de Argel y el estilo de vida de los que allí se hospedaban en contra de su voluntad, retrata a los turcos y árabes con una serie de calificativos que los han adornado desde entonces, desde este otro lado del Mediterráneo. Estereotipos que se acentúan cuando habla de los renegados, sobre todo si son italianos, que hasta el mismo diablo estaría celoso de tanta atribución maléfica.

En la trama de la liberación del cautivo cobra una gran importancia el valor del dinero como elemento todopoderoso que puede comprarlo todo, hasta la libertad de las personas. No le queda más remedio al cautivo que confiar en otro renegado; esta vez C lo coloca procedente de Murcia (todavía no tenían el trasvase). Sin embargo, les es de gran utilidad puesto que , les traduce al español las cartas de Zoraida donde ésta les pide ayuda para ir a tierras cristianas. También les ruega que tengan prudencia si no quieren verla en un pozo cubierta de piedras. Completo el murciano, escribe al árabe la respuesta del cautivo donde le manifiesta, que él no pondrá ningún remilgo a casarse con ella, una vez llegados a tierras cristianas pues, “los cristianos cumplen lo que prometen mejor que los moros.” Promesa que hizo en veces sucesivas, siempre con “el lienzo tan preñado, que un felicísimo parto prometía.”

Termina el capítulo con la historia a punto para el desenlace, sin dejarnos ni una pista sobre el éxito o fracaso del plan de huída tan bien urdido. Veremos la próxima semana si los recelos con los renegados, repetidos en la narración, tienen o no fundamento. pancho

Merche Pallarés dijo...

Al comentario que he escrito en tu e-mail, se me olvidó añadir que me pregunto cuántos "Cervantes" quizá sí fueron empalados... Besotes, M.

Goathemala dijo...

No se me ocurre mejor comentario que leer ese capítulo ahora mismo en el enlace que has puesto para aprovechar lo que he leído en tu entrada.

Saludos.

Goathemala dijo...

Vuelvo tras leerlo. No hay manera de leer a Cervantes sin que nos influya.

Gracias.

Francisco O. Campillo dijo...

Efectivamente, yo también creo que Cervantes aprovecha para "reclamarse" a si mismo en este capítulo. No le faltaban motivos y no olvidemos que la "honra" tenía una acepción diferente a la de nuestros días y era uno de los principales valores sociales.
No fueron pocos los que tomaron la pluma para contar "su historia" en aquellos tiempos y en aquellas españas.
A veces, me gusta pensar que hoy hubiesen sido blogueros; de los mejores, sin duda.

Seguimos aprendiendo contigo, Pedro. Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

Copio aquí el comentario perdido:

Decía que me gustó aprender que "El Fratín"--Giacomo Paleazzo--fué el constructor del fuerte de La Goleta porque el tambien construyó parte de las murallas de Ibiza.
En este capítulo hay mucho trajín de cañas, caña va y caña viene con un lienzo "en el cual vi un nudo, y dentro de él venían diez cianiis..." que sólo estaban destinados para nuestro cautivo. Éste con la ayuda de un renegado "natural de Murcia, que se había dado por grande amigo mio, y puesto prendas entre los dos que le obligaban a guardar el secreto que le encargase" decide poner tierra por medio, ir a la península, construirse un falucho para volver a rescatar a la bella Zoraida María (nombre de culebrón si jamás hubiere alguno...). En una ocasión tardó cuatro dias en asomarse Zoraida con su caña pero luego "pareció con el lienzo tan preñado, que un felicísimo parto prometía."

Y, siguiendo con mis pesquisas homosexuales, me llamó la atención cuando habla de su amo "Uchalí Fartax", "que quiere decir en lengua turquesca "el renegado tiñoso", porque lo era..." había un renegado veneciano "que, siendo grumete de una nave, le cautivó el Uchali,y le quiso tanto, que fue uno de los más regalados garzones suyos...".

A ver qué pasa en el capítulo XLI. Besotes, M.

REIKIJAI dijo...

Pedro… este capitulo… me trae muchos recuerdos,de los origines de mi familia;al leerlo me envuelve una gran tristeza.Lo había olvidado con los años, siento lo mismo que cuando era una jovencita…Gracias.Te dejo Un Beso. Silvi.

Cornelivs dijo...

Siempre te digo lo mismo, amigo Pedro, pero es que es asi.

Muy bueno tu analisis.

Maestro incomparable de la narrativa, Cervantes nos tiene suspensos a todos. Precioso este capitulo.

Saludos.

Merche Pallarés dijo...

Tambien quisiera avisar a TUCCI que he ido a su maravilloso post y he escrito un comentario ¡que tampoco se ha publicado! No acepta mi contraseña..., no hay manera. A veces me pregunto qué gremlins están agazapados en esto del internete... Besotes, M.

SAUVIGNONA dijo...

hola pedr...bueo ya del quijote me fui del hilo...pero queria hacerte una consulta...
como busco en el google los poemas del mio cid...asi como poemas....cuando lo lei en el colegio la professora ya nos dio el librito que decia poema primero...pomea segundo...y ahora cuando lo busco por google me aparece millones de descripciones sobre el cid....
me darias una manito?
gracias pedro!
y besines!
:)

fernando dijo...

estos relatos dentro de la obra son obras de arte. Un abrazo.

aecagh dijo...

Qué sincretismo lleno de buena fe se desprende en este capítulo. No hay ningún problema en la convivencia de sus creencias con Lela Marién por parte de Zoraida. Incluso también, por respeto o quién sabe, de los propios cautivos.

Selma dijo...

No lo puedo remediar y me fuí en busca de Zoraída... Y me la imaginé... Bella, sensual...

Es que despues de leer tu Entrada y comentarios, ya sabes...

Una ya no sabe por donde tirar... Y la curiosidad ha podido conmigo...

Besos con perlas.. muchas,Pedro.

Jan Puerta dijo...

Para mi, amigo Pedro, en el Quijote existe un antes y un después. Sin duda el haberme incorporado a estos análisis me han hecho ver entre líneas detalles que me habían pasado desapercibidos.
Gracias
Un abrazo

Merche Pallarés dijo...

Voy al blog de TUCCI, a ver si despues de mi siesta, tengo suerte en publicar mi comentario... Besotes, M.

María dijo...

Cautivados nos dejas con todos tus posts, bonitas lecciones de "El Quijote", yo diría más bien... bellas obras de arte, es que no tengo otras palabras, Pedro.

Un beso.

pablo miguel simón dijo...

En este capítulo Cervantes riza el juego de espejos en que se asienta el aparato de lo verosímil introduciendo su propia imagen. Es un recurso muy novedoso que después ha resultado muy repetido, de Velázquez a Hitchcock, significando casi siempre el ego de autor en plenitud. Creo que cervantes juega a dos cosas: introduce por un lado la idea de que lo que cuenta se basa en hechos vividos por él, consiguiendo crédito sin fianza en lo narrado, pero a la vez su personaje adquiere la necesaria ficción como para que no resulte enteramente una reseña biográfica. La clave nos la da al usar Saavedra y no Cervantes en esa aparición. De nuevo la ambigüedad, el guiño, el espejo, el alejamiento consciente del autor y el narrador enfatizado ahora en las nuevas distancias con el personaje. Para gozar.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

FERNANDO: espero que la lectura haya sido provechosa. Habrás visto, en la imagen, que yo me puse a leer algo tuyo...

MANUEL: Cervantes debió ser un hombre muy inteligente, como demuestra el tejido de su obra.
Dio mucho a su patria, que no le devolvió casi nada.
Saludos.

IMPERSONEM: gracias por seguir la lectura. Saludos.

ABEJITA: me encanta lo de nuestra señora de la caña. Leeré el comentario.

MERCHE: no entiendo bien lo que pasa y cómo solucionarlo.

PANCHO: me gusta que te hayas fijado en la normalidad del relato. En efecto, el cautivo narra sin alardes los momentos más duros del cautiverio. No se me ocurre más explicación que la intención de Cervantes de no abrumar con tremendismo una historia que pronto derivará hacia el sentimiento.
No, en Murcia aun no tenían el trasvase... ni se le esperaba. Sobre todo porque tampoco había campos de golf insostenibles y urbanizaciones turísticas abrumadoras.
Veremos dónde nos llevan los renegsdos.

MERCHE: sabemos que el empalamiento era una forma de tortura y muerte muy habitual en esas zonas. Horrible. Besos.

GOATHEMALA: en efecto.

FRANCISCO: pero qué mal se le pagó, qué mal. Hubieran tenido un blog, sin duda. Un abrazo.

MERCHE: el Mediterráneo era más pequeño entonces que ahora, aunque no nos lo parezca.
En efecto, algo de culebrón tiene la historia.
Sí, en estos pasajes hay claras alusiones sexuales de forma libre, porque se habla de esos lugares orientales y allí no hay que ocultarlo. Besos.

REIKIJAI: no sé si son recuerdos buenos o malos. A veces hay cosas que no se olvidan.

CORNELIVS: gracias por tus palabras. Cervantes era un maestro del suspense.

MERCHE: a veces todo se nos pone difícil. Besos.

SAUVIGNONA:
La división del Cantar del Cid en tres partes se debe a múltiples factores: la forma de recitado, la composición del texto...
Tienes dos lugares en los que puedes leer el Cid:
-en http://www.cervantesvirtual.com/bib_obra/Cid/ tienes mucha información sobre la obra y el texto en edición paleográfica y crítica.
-en
http://mgarci.aas.duke.edu/celestina/MIO-CID/
tienes una buena edición tanto paleográfica como en español moderno, que te será muy útil
Espero que te sirva.
Besos.

FERNANDO: pequejas joyas, en efecto. un abrazo.

AECAGH: veremos un capítulo, en la Segunda parte, que es todo un elogio a la conviencia.

SELMA: lo es, sin duda. Démonos cuenta de todas las bellas mujeres que se han juntao en la venta...
Mil y un besos, querida Selma.

JAN: no podías hacerme mejor elogio. Un abrazo.

MERCHE: espero que así haya sido. Besos.

MARÍA: muchas gracias, mi intención es que os sean útiles. Un beso.

PABLO: en efecto, ya sabes que ese juego lo descubrieron precisamente los barrocos y Cervantes es un maestro en su uso. Como dcies, al usar su segundo atribuye nos lleva más hacia el guiño. Para gozar, en efecto. (Recibí la propuesta y la acepté).

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Antonio Aguilera dijo...

Pedro:
Tengo escrito mi comentario al cap.38, y como mi espíritu de fracasado no me abandona, HEMOS ESTADO TODA LA TARDE SIN INTERNET, Ojito y yo.
Él se marchó con el texto para mandártelo mañana por la manana, e intentará crear la imagen. De todas formas tardará en crearla, pues la idea que le dí es laboriosa de hacer el collage.
En todo caso montamos por la mañana y la imagen ya se pondrá después, aunque sea el lunes.

Olvidaba decirte, y tú te lo habrás preguntado, que estoy en un ciber rodeado de chiquillería jugando a las batallitas, y al futbolín otros endemoniados.

Hasta mañana si la Internet quiere, amén.

Estrella del mar dijo...

UN POQUITO DE RELAX

YA LLEGA EL DIA D E SAN VALENTIN..y les regalo esto..




Playa



Tiemblo en las llamas dulces
de este enero
y en tus locos brazos
con bronces de mar .
Me atraviesa un río de fuego
y la orilla de mi piel se enciende.
Paisaje de la creación
sin frutos prohibidos .
Brotan azucenas blancas
de mi pecho
perfumando en el escote .
y en la arena inventas
un camino de rocíos,
perlas de besos que flotan
en el aire que respiro.
Abres tus manos y me entregas
el misterio íntimo que me estremece
y voy hundiéndome en la playa
como suspiro de gaviota
en el rojo atardecer
que huele a algas .











.

Merche Pallarés dijo...

¡LOGRÉ publicar mi comentario en el blog de TUCCI! ¡Ay! a DEO GRATIAS... Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

La abejita se ha retrasado esta vez por un virus impertinente.

Nuestra Señora de la Caña
El capítulo comienza con los sonetos, en memoria de La Goleta y sus caídos, de Pedro de Aguilar, un cristiano que en el fuerte se perdió, no del todo perdido porque nos informan de que está “bueno y rico, casado y con tres hijos”. Nos los recita ese misterioso “caballero”, casi nos confunde, “camarada” con antifaz del señorito Fernando y hermano del de Aguilar. Estáis ante una lectora del Quijote que lee los poemas del Quijote de pasada., sólo lo justo para seguir el argumento, la cáscara que se quita para comer la fruta. Prometo leerlos con más detenimiento. Este soneto suena a aquello, más reciente, de “caídos por Dios y por España”.Obrastes, levantastes , ejercitastes, colorastes...nos dan en el oído estos pretéritos. Las almas santas y dichosas de tres mil soldados volaron al cielo y ganaron la fama. Santa, la vida de la soldadesca de los Tercios Viejos…válgame Dios.

Tras los patrióticos sonetos, el cautivo narra sus aventuras desde La Goleta a Constantinopla y de Constantinopla a Argel , con sus amos: el renegado y tiñoso Uchalí , que trataba bien a sus tres mil cautivos y Azán Agá,, heredero y garzón amante de Uchalí, que diariamente .ahorcaba, desorejaba, empalaba…lo normal en estos casos.“Sólo libró bien con él” un tal Saavedra, el mismo Cervantes , tal vez amante del jefe. Ante la perspectiva de ser desorejado o empalado…lo que sea, vamos.
Esperando su rescate, vive en su “baño” y, qué casualidad, el patio linda con la casa de un rico moro que tiene una bella hija, nuestra Zoraida-María, la mora cristiana.Un tópico más otro tópico. Ésta arroja, cual pescadora, su caña cuando el cautivo está jugando a la comba con sus compañeros, sirviéndose de las cadenas. La caña lleva un lienzo atado con unas monedas.. La morita ya ha echado el ojo a su favorito, no depositará su mensaje hasta que el cautivo de nuestro cuento se coloque debajo. Se arriesga a que su padre la arroje a un pozo y lo cubra con piedras; pero es tan grande su deseo de vivir en tierra de cristianos para ver a la Virgen María... Vemos asomar una blanca mano y los cautivos en señal de agradecimiento hacen zalemas moriscas. Otro día arrojará una pequeña cruz hecha de cañas ¿será una cristiana renegada? Ya se sabe que los moros las prefieren a las de su nación…patriótico comentario No, que es la hija de Agi Morato, alcalde que fue de La Pata, como diría una esquela del ABC.
Los cianíes de poco valor son sustituidos por “cuarenta escudos de oro españoles y un papel escrito en arábigo”.Gracias a un traductor murciano, sabe que su admiradora es
una mora con deseos de convertirse, gracias a las enseñanzas de una esclava cristiana que le enseñó su religión ¿Por qué haría una esclava algo tan peligroso? Y, además, una vez muerta, se le ha aparecido, dos veces, para aconsejarla que se fuera a tierra de cristianos a ver a Lela Marién, la Virgen María que tanto la quiere. No esperábamos encontrar apariciones sobrenaturales en el Quijote, pero don Miguel quiere que en su obra haya de todo y para todos. Zoraida podría ser la fundadora de una nueva advocación mariana: Nuestra Señora de la Caña y su humilde sierva la esclava convertidora.
El cautivo responde a las misivas, en su nombre y en el de sus compañeros del baño, ofreciéndose a llevar a cabo sus planes de huida. Los escudos aumentan para pagar el rescate y la huida de todos , no vale rescatar sólo a uno que luego "adiós muy buenas". Después huirán con Zoraida, en una barca. Toda una mujer de carácter que amenaza:” mira que has de ser mi marido, porque si no, yo pediré a Marién que te castigue”.
El próximo capítulo se presenta muy, muy denso…preparaos.
Un saludo a Pedro y a los paseantes.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ANTONIO: leído ya y comentado. No te preocupes, aquí sabemos esperar. Saludos.

ESTRELLA DEL MAR: gracias por estos momentos de poesía.

MERCHE: me alegro. Besos.

ABEJITA: cuídate, que un virus en abeja debe ser malo...
Me gusta mucho, te vuelvo a decir, lo de Nuestra Señora de la Caña, que resumen muy bien lo que pasa en este capítulo, desde el atractivo del misterio hasta la cuetión religiosa.
No me asustes a la gente con la densidad del próximo capítulo...
Saludos.

Merche Pallarés dijo...

Aún no ha llegado el SR.DE LA VEGA... estoy al loro... Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Gracias, Pedro. Pongo tus comentarios en la entrada correspondiente. Ahí te explico que los virus no pueden con la abejita...
Besos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MERCHE: esperemos. Besos.

ABEJITA: me alegro de saberlo. Besos.

BIPOLAR dijo...

Honestamente, estos capítulos de tintes históricos tienen una estructura narrativa diferente, adusta en los hechos y maleable en los cuentos intercalados. Me da la sensación que es una aglutinación de pensamientos, como el que quiere contar una serie de sucesos para que no se pierda ripio a la concurrencia y resultan apelotonados. Me resultan dos autores distintos.

Para mí inverosímil lo de la mora, la caña y la Virgen. Muy fantasioso para la época.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

BIPOLAR: pues aunque te cueste creerlo, era del gusto de la época: tanto la intercalación de historias con distinto estilo, como lo de la mora. Lo primero, porque buena parte del ser escritor del momento consistía en el concepto de "ingenio". Lo segundo, porque era parte del imaginario colectivo: igual que la aparición de imágenes de la Virgen en cuevas o flotando, milagrosamente, en el agua. Es decir, ambas cosas encajan perfectamente en el siglo XVII: eran populares y Cervantes lo sabía.

Merche Pallarés dijo...

Vine a ver si había aparecido el SR. DE LA VEGA y veo que aún no, pero me ha gustado mucho el comentario de BIPO y tu contestación. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MERCHE: aun no. No creo que tarde.

Merche Pallarés dijo...

He vuelto hoy y el SR.DE LA VEGA sigue desaparecido... Por favor avisame cuando aparezca. Besotes, M.

Señor De la Vega dijo...

¿Tiene alguna ventaja comentar el penúltimo? mi señor Ojeda, ¿aparte de releer introducción y los buenos comentarios?.
Pues yo diría que volver a disfrutar con más gusto, una joya de capítulo para cualquier historiador y psicólogo de nuestra era, porque sería introducir una sonda de brutal belleza y precisión robada al tiempo en las letras de Cervantes.
Ya indiqué en su entrada sobre la libertad de prensa, que bien podían ser estas, una de las mejores primeras crónicas periodísticas, si sabemos mirarla sin la paja quijotesca.
Habla el cautivo de la moralidad, más allá de religiones, de la percepción del enemigo visto a través de la descripción de los modos turcos, que a pesar de ser el dominador de aquel su mundo o por eso mismo, sufre el vilipendio más profundo de una leyenda negra, como la sufrida por España, en idéntica época.
Baste comparar lo que hoy, como poco, llamativo resulta al entender el cura, que en el África negra micomicana, a sus nobles y reyes, el gentilicio daban (Princesa micomicona, extraído del Reino) como en España se estilaba, mientras que los turcos solían preferir apellidos más desagradables, usando sin vergüenza sus faltas, como el dado a Uchalí Fartax (El tiñoso), algo que se entendía sin duda por su relación con los motes y por esa visión peyorativa, la comparativa aclara. Además de otras enculadas menciones para obtener prebendas.
Insiste en exonerar al renegado, algo que le honra, pues en la Berbería, se sobrevivía con mucha precariedad y sin igual pleitesía a reino o religiones, aunque igual se aparentase y el cuento nos explique como siempre lo contrario de lo contrario. Léase, la rabia que acumulan los que eran olvidados, empezando por un cantar en sonetos, que otro galeote fue quien rima, sin mencionar en tan gloriosos versos, más nación que la dura arena y el mar apátrida.
Los fortines desde Ceuta a Orán, si fueron enclaves de inicial avance a una reconquista que no acabó en Granada, fueron después exclusivos puntos de defensa frente a la amenaza de corsarios y piratas. Las situación de estos fuertes en tierra berberisca, era tan precaria y tan malamente administrada, que volverse soldado de fortuna era común empresa para evitar el hambre, la miseria y la mortal contienda.
Nos habla el cautivo, del rescate y de los amos, y del buen y malo trato que sufrían, con detalle que fotografía y sin embargo, duele más al decir que dolía, que al imaginarnos un empalado vivo, algo que por suerte ni podemos.
Al mencionar a un tal Saavedra, como excepción de los que salvaron vida, añade algo que para un maquiavélico interprete, solo con traición se cuece, aunque no descarto que fuese el tal soldado, un guapo y atractivo mozo asexuado. (Aunque no lo veo).
¿Por qué, sí tantas cosas hizo el tal Saavedra para escapar, de todas se libraba sin ser tocado un pelo, si tan solo era soldado con mísero rescate? ¿cuál el secreto?... las primeras respuestas se completan, si pensamos en un inteligente traidor de los suyos, pues sus compañeros todos morían o torturados caían, quizás un renegado secreto y/o delator judío, tal vez, un inteligente monstruo que controlaba al carcelero; de hecho solo buena prensa que sepamos, tiene Saavedra del Capitán Cautivo, que resulta ser personaje escrito por Saavedra... Podríamos llegar a pensar, que alguien que escribe un libro tan complejo como El Quijote y de tantos modos entendidos, solo pudo jugar a salvarse jugando con palabras, ya que ni brazo para recoger leña como alternativa atañe a un manco.

Introduce el cuento, cuando más nos interesa saber de la vida de Cervantes, a la morita con la caña, que aparece con experiencia en la captura, pues elegir elige y desde altura, al mejor cautivo en una pesca de atún en almadraba a lo Barbate o lo Zahara.

La historia apoyada en las leyendas de moras cristianas y cristianas moras, pues tiene su gracia, pero para mí solo es celofán de cruces y marías, a lo que será la historia de amor más verdadera que el libro de Don Quijote cuenta.
Y si es verdadera, es porque cuando en este capítulo se inicia, no puede ser menos historia de amor y más supervivencia, como era por aquel entonces la vida misma.
Ella interesada en llegar a cristiana tierra, ofrecida a un extraño en matrimonio de conveniencia (pues igual daba, una vez cubierto el objetivo, ocho que ochenta). Bien promocionada, en dote y belleza, poco más desea un cautivo, que hallar libertario camino a casa, dote y hacienda, belleza en cocina y joven mora a su necesidad de macho.
No hay en el relato de esta historia Cautivo-Zoraida, amor platónico, no hay Quijote con Dulcinea, ni flechazo de locura de Cardenio por Luscinda, ni dudas de Anselmo, ni robo de virtudes por un Don Juan Fernando.
Tan solo inicial conveniencia, que se ira desmoronando hasta quedar en simple palabra dada entre moro y cristiana, y un humano amor crecido en el contacto y la vivencia. Pero ya se demostrará con hechos escritos lo que sugiero, en próximos capítulos.
Mención merece el detalle explícito del rescate, que en tantas explicaciones se entiende los muchos que vio realizar Cervantes en su cautivo encierro y las cosas que calla cuando lo explica, aunque cuenta sin pelos en la lengua, que en los baños y fuera, nadie se fiaba de nadie.
También el tira y afloja de lealtades y riesgos entre Zoraida y el Cautivo, dejando muy claro el que relata a los presentes, que ella ya intuía en él, el caballero amante que después sería y el buen género de hombre sobre el que depositó su vida. Todo ello para sobreentender, para los que tanto cuento rosa y caballería, descreían y descreemos, que el único verdadero pacto entre los cautivos y renegado + renegada, eran los escudos y el justo deseo de libertad de todos.
Perdón por la tardanza señor Ojeda y señora Merche, que de tantos almendros que me encuentro a la rivera de esta acequia, no hay ni uno que no me reclame a disfrutar de buena siesta, y en sabiendo que es el relajo buena parte de esta obra,me 'adormento' sabiendo que este cuento al menos me esperó cuatrocientos años y quizás me despierto en otros cuatrocientos, aprovechando un 'relativo' encanto.
Pues leyendo quedo, mi capítulo próximo, Z+-----

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

SR. DE LA VEGA: Cuántas cosas apreciables en este comentario suyo. Como indica Cervantes, igual que los españoles hablaban mal de los moros, estos lo hacían de los turcos... ley natural en el que un pueblo se pega con el de al lado en vez de llevarse bien. Qué especie la nuestra.
Qué buen giro a lo dicho por los críticos: quizá don Miguel no tuviera tan heroico comportamiento en el cautiverio como se asegura en los documentos y en sus propias obras (al fin de cuentas, unos y otros de la misma mano o poco menos) o quizá se conviertiera en agente doble. Nunca sabremos tantas cosas de Cervantes -de esa etapa y de otras muchas de su vida, que se pierden en misterios entre tanta pasión por dejar reflejado todo en la administración de la época-.
Siempre hay que encubrir de forma idílica los intereses. Además, como es novela, es más agradable leer una historia de amor y de ortodoxia relgiosa en el que todos acaban redimidos por la Virgen, que pensar en el vil metal como motor de las acciones. Ya sabe.
No sé si 400, pero La Acequia aguarda siempre sus palabras.
Saludos.

Señor De la Vega dijo...

Mi señor Ojeda,
Hoy en el siglo XXI, hemos tenido la posibilidad de leer y escuchar, POR DESGRACIA, innumerables relatos de campos de concentración, ya sean los acaecidos durante las guerras mundiales, dictaduras soviéticas o múltiples conflictos mundiales que no han dejado de generar por años y años, situaciones tan espeluznantes como inenarrables.
De los supervivientes de estas experiencias, podemos abstraer algunas enseñanzas, una de ellas es, que no hay límite para sufrimiento humano, porque no hay límite para la crueldad aplicada hacia nosotros mismos.
Otra es, que esto ocurre, porque el hombre y la mujer, se niegan a rendirse a la muerte, a costa de superar límites de supervivencia imposibles, erosionando con ello no solo el cuerpo sino la mente, a los que resisten.
Cuando el encierro termina y regresan al mundo de las libertades y el cariño, el shock no es reconocer tanto los abusos a los que fueron sometidos, sino enfrentarse a su propia dignidad como personas, perdida en gran parte, en la lucha por la supervivencia que mantuvieron. Muchos cuentan, cuando se dan cuenta, que preferirían estar muertos, con sincero lamento.
No pueden y no quieren regurgitarla, porque se sienten culpables, y en muchos casos desató aspectos tan negativos o diabólicos, que jamás hubiesen pensando que ni por asomo ellos tuviesen y claramente prefieren enterrarlos en el silencio (aunque los sueñen cada noche) o bien recrean unos hechos paralelos y distintos a los que sufrieron, para poder vivir con ello.
El verdugo, puede que a los ojos de la víctima, no fuese tan malvado, de hecho los torturadores o carceleros, manejan esas debilidades y percepción a su favor y muchos mantienen limpias las manos, dejando que lo más ruin sea el propio prisionero contra el mismo o los mismos prisioneros.

Por eso hoy, podemos imaginar que no era lo mismo enfrentarse a la precariedad como soldado (relativamente libre, voluntaria y con nacional orgullo), que resistir 1900 días encerrado en cautividad. Es fácil, a pesar de los siglos, imaginar que la supervivencia de algunos, en dichas condiciones, arrastrarían a la mala vida o muerte de otros prisioneros. Lo que debió gestionar Cervantes de su propia dignidad como hombre cautivo, que no como soldado, nunca lo sabremos. Aunque en cada línea de su obra, sin quererlo, nos hable de ello.
Para un académico o crítico reconocido de Cervantes, sería muy difícil sugerir que Cervantes fue un traidor a los suyos o un sucio confidente, sin ninguna prueba. Ni en el siglo XX ni en el XVII, hubiese tenido sentido calumniar sin base, a un escritor de la categoría de Cervantes y con unos textos tan genuínamente moralizantes como los que él ofrece.
Y aunque la posibilidad exista, de una etapa perversa, lo que hubiese sido un crimen contra sus compañeros cautivos durante unos años de su vida, se convirtió en la base moral e íntima de la descarnada mirada que Cervantes imprimió a toda su obra literaria. Sin esa experiencia de cautividad, fuese como fuese, dudo muchísimo que el autor nos hubiese legado no solo una fotografía fidedigna de su mundo, vista por su lente de angular tremendo, sino además, unos originales negativos de la misma y su radiografía profunda.
Así, gracias a la experiencia de un hombre sufrido, con genio creador y literario, sus escritos dejaron de ser un ejercicio de letras, para ser un cuenco de humanas contradicciones, que se corresponden con cualquier época y con cualquier persona que entienda leyendo, que no todo se entiende leyendo y menos al hombre.
Pues como siempre agradecido, Z+-----

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

SEÑOR DE LA VEGA: es tan grande y tan sabio su comentario, que no necesita que lo subraye ni lo matice. Gracias por el honor de escribir estas palabras en mi blog.
Saludos.

Merche Pallarés dijo...

¡Geniales los análisis de mi admirado y querido SR. DE LA VEGA! y de tus contestaciones. Me alegro de que lo haya mencionado/linkeado en el comentario de hoy. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MERCHE: es todo un placer teneros a todos por aquí. Besos.

Juan Luis G. dijo...

Pasamos de la emoción de la batalla, al misterio de unos mensajes; una gran historia sin duda.

Supongo que Cervantes reivindicaría el heroísmo de los soldados, quizá no siempre reconocido, y se nombraría para certificar la veracidad del relato.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

JUAN LUIS: no sólo con esa intención: no deja de ser levantar acta de sí mismo para que no le olviden. Un abrazo.

Asun dijo...

Me ha encantado este capítulo que es toda un lección de historia contada desde alguien que la ha vivido en primera persona.
Jamás imaginé que la lectura del Quijote conllevara tanto aprendizaje. Y luego además aderezado con tus explicaciones y los comentarios de los lectores es todo un lujo.

Cada día estoy más contenta de haberme embarcado en esta aventura.

Un beso

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ASUN: me alegro. Todos aprendemos, sin duda. Yo lo hago en cada relectura.