jueves, 4 de junio de 2009

A golpes de indignación y mecenazgo (Prólogo y Dedicatoria de la Segunda parte).


Diez años después de que se publicara la Primera parte, entrega Cervantes a la imprenta el manuscrito de la Segunda. Entre aquélla y ésta han pasado dos cosas de gran trascendencia para la materia narrativa del Quijote: la enorme popularidad de la obra y la impresión en 1614, cuando Cervantes tenía redactada una buena parte de la continuación, del Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote escrito por alguien que firmaba como el Licenciado Alonso Fernández de Avellaneda y del que hablaremos en su momento.

Ambas cuestiones son introducidas en la continuación cervantina, lo que contribuye a que un elemento que ya estaba desde el germen de la obra sea uno de los que más se desarrollen en la Segunda parte y contribuya a darle el aspecto de modernidad que tiene: la novela como metanovela, el relato de la construcción de una historia delante de los ojos del lector. Este aspecto es uno de los que más ha atrapado a cualquier lector del Quijote, que en muchas ocasiones tiene la sensación de descubrir el argumento a la vez que el narrador.

En efecto, si ya desde su inicio -desde el Prólogo de la primera parte- se aludía al proceso de construcción de una novela (recuérdese que el personaje Cervantes de ese Prólogo no sabía cómo dar a fin a la historia y necesitó la ayuda de su amigo; que, más adelante, se le acaba el manuscrito que copia y que sólo el feliz hallazgo de un texto en árabe le permite continuar; que el mismo don Quijote alude en varias ocasiones a cómo serán escritas sus hazañas, etc.), estas dos circunstancias ocurridas desde 1605 y que Cervantes decide introducir en la novela empujan claramente el Quijote en esta dirección. Es uno de los mejores legados cervantinos.

Es difícil ponerse en la piel de Cervantes cuando tuvo conocimiento de la obra de Avellaneda y más difícil aun pedirle serenidad y que respondiera con desdén o silenciara a quien se apropió de su obra. Podemos comprender su indignación, que cubre por entero el Prólogo y la Dedicatoria de la Segunda parte: a través de la elipsis, del decir que no se va a hacer lo que se hace, del recurso a dos cuentos de locos, de la respuesta indignada a la cuestión de la vejez y la herida en la mano, vemos a Cervantes conteniéndose pero perdiendo la serenidad de ánimo que le habían llevado a hacer uno de los Prólogos más acertados de la literatura universal, el de la Primera parte. Sin embargo, es un paso más en la construcción de su propio personaje, que ya inició en 1604. Por otra parte, la decisión de introducir tanto aquí como más adelante, ya en el argumento de la obra, las referencias a la obra falsa tiene como consecuencia que Avellaneda haya sido conocido hasta hoy cuando lo más seguro es que no pasara de mera referencia para eruditos de no haberlo hecho.

En el Prólogo y en la Dedicatoria, lo que no es indignación es adulación. Como tantos otros escritores de su época, Cervantes debió buscar un mecenas que le asegurara tanto unos ingresos como la publicación de las obras. Desde hacía unos años, había encontrado este mecenazgo en una de las figuras más importantes de la España de entonces, el Conde de Lemos, al que dedicó gran parte de su producción impresa. El Conde de Lemos, también Virrey de Nápoles protegía a Góngora o los hermanos Argensola, entre otros. De hecho, parece suficientemente demostrado que tanto Góngora como Cervantes aspiraron a marchar con el Conde de Lemos a Nápoles, integrando su Corte literaria, lo que nunca llegó a producirse.

El mecenazgo tiene dos caras: una amable, que permite sobrevivir a los artistas, que ven asegurado su día a día en épocas en las que no había una profesionalización de la literatura como se produce hoy, con lo que se sienten protegidos ante el azar económico o los caprichos de otros nobles o las persecuciones de la autoridad civil y eclesiástica; otra no tan hermosa, puesto que ponen sus escritos -o sus pinturas, esculturas o música- al servicio del Mecenas, alabándolo, engrandeciendo su personaje y linaje e incluso realizando encargos en la Corte que hoy no veríamos muy honestos. Hay miles de obras escritas sólo con el objetivo de cumplir un encargo de quien paga.

Es difícil concretar, en la relación de Cervantes con el Conde de Lemos qué hay de sinceridad y qué de servicio al Mecenas, pero sin duda el viejo soldado se sentía seguro bajo su protección y le estaba agradecido tal y como requerían las normas sociales del momento.

El próximo jueves nos metemos en harina, con el comentario del capítulo I.

39 comentarios:

pancho dijo...

Se dirige en este prólogo a sus lectores, con una variable: el desocupado lector del comienzo del prólogo de la primera parte se torna en lector ilustre o tal vez plebeyo, siendo consciente el autor de que estos últimos son más oyentes que leyentes. Utiliza al lector para que haga de portavoz y le cuente al escondido del sobrenombre todo lo que a continuación se cuenta.

Comienza muy comedido C su discurso contra el advenedizo continuador de su novela. Hace un amago de castigarlo con el látigo de la indiferencia, siguiendo el viejo dicho: “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Sin embargo, no puede tolerar que lo tilde de viejo y manco. Avellaneda debía conocerle perfectamente, le ataca donde más le duele, en aquello que más orgulloso estaba. Había sido capaz de dar esquinazo al tío de la guadaña. Ello le permite ahora defenderse atacando. Algo que la mayoría de sus coetáneos no pueden permitirse, ya las malvas hicieron su trabajo, por eso escribe: “No se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.” les deja un recado con mucha intención a los que, atropellando, no respetan las jerarquías, a los que quieren ser cocinero antes que fraile.

Me da la impresión de que a C le molesta más el hecho de que sea una persona anónima la que escribe la segunda parte del Q que el hecho del plagio. Aparte del misterio que encierra, hace volar la imaginación, como lo ha hecho hasta ahora con millones de lectores que ha tenido la obra en estos cuatrocientos años. Al fin y al cabo nos da a entender que ese seudónimo Avellaneda no busca reconocimiento. Cuestión que ha provocado ríos de tinta, ayudada, sin duda por la muerte de C sólo seis meses después de escribir el prólogo.

Nos anuncia el autor un DQ “dilatado” más profundo y extenso que en la primera parte y llegado a su final, para que a nadie se le ocurra otra vez “levantarle nuevos testimonios” pues “lo poco agrada, lo mucho empalaga”.

Aunque parezca que se le olvida, termina el prólogo al lector anunciándonos el Persiles y la segunda parte de La Galatea.

Como el Duque de Béjar no le debió de hacer mucho caso después de la dedicatoria del 1605, cambia ahora de destinatario noble rebajando la categoría nobiliaria a Conde. En la dedicatoria al Conde de Lemos hace alusión a una anterior donde además de dedicarle las “ocho comedias” se compromete a la próxima salida de DQ, compromiso que ahora cumple de manera un tanto precipitada porque “es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago y la nausea que ha causado otro don Quijote […]”

Por primera vez hace referencia a su estado económico, rayano a la indigencia, sin posibilidad de recuperación debido a su avanzada edad y achacosa salud. Así lo señala: “No estoy ya en salud para ponerme en tal largo viaje […] estoy muy sin dineros”.

Antes del prólogo propiamente dicho hay una tasa que le ponen al libro. Resulta que el papel y los naipes eran una importante fuente de ingresos para la corona. Interesante saber que el impuesto lo ponían por pliegos de impresión: “Tamaño básico de papel del cual se parte para tomar las medidas o cortes menores. El tamaño del pliego es diferente en Europa y en América; en nuestro medio es de 70 x 100cm generalmente”. La cantidad que se tenía que pagar en tasas correspondía al salario de dos semanas de un maestro artesano. Lo cual suponía un precio prohibitivo para las clases populares.

En una aprobación posterior del Licenciado Márquez Torres, capellán del Cardenal Arzobispo de Toledo hace una descripción muy esclarecedora del autor: “viejo soldado, hidalgo y pobre” en respuesta a unos franceses que se interesaron por C. a lo que uno de ellos exclamó ¿ A tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público? Otro de ellos añadió “Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo el pobre, haga rico a todo el mundo.”

MAMEN... dijo...

Lo que uno se da cuenta es que está de plena actualidad, aunque haya pasado mucho tiempo desde que escribió el Quijote;)

TE DEJO UN GRAN BESOO GUAPOO¡¡¡

María dijo...

Hola, Pedro:

Perdona que te comente algo, pero como soy espontánea no me puedo callar, estás muy guapo en la foto ¿eh?

Interesante post has escrito sobre la obra de "El Quijote", que a pesar, del transcurso del tiempo, sigue ahí al pie del candelero.

Un beso, Pedro.

Gabiprog dijo...

Estas cosas del licenciado y del mecenas en otros lugares ya hubieran hecho veinte peliculas sobre el tema.
He disfrutado de la informacion.

Selma dijo...

Leyendo el Privilegio que por mandamiento del rey escribe pedro de Contreras me sorprendió el hecho de un límite de tiempo, 10 años,para imprimir y vender el libro.. eso y la frase que resalta Pancho en la Aprobación atribuída a uno de los caballeros
“Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo el pobre, haga rico a todo el mundo.” Lisonja es , pero ...no alimenta..
Ahora una pregunta Pedro, un poco apartada o no del Post de hoy..

¿En la literatura de cordel, podían encontrarse Pliegos de obras de Cervantes?
Perdona mi ignorancia..

Muy feliz del inicio de esta segunda locura...Y tu cara picarona demuestra que tú también estas contento.. ¿Me equivoco?

Un beso nómada.. por las rutas donde nos llevas..

Carla dijo...

Muy buena información. Muy interesante lo que nos cuentas!

lys dijo...

"Dile también que de la amenaza que me hace, que me ha de quitar la ganancia con su libro, no se me da un ardite, que acomodándome al entremés famoso de la Perendenga... y pasa a prodigar alabanzas a su señor mecenas. ¿Pero qué es la Perendenga?.

Es una delicia leer el capítulo y luego leer como lo razonáis Manuel y tu.

Gracias, un saludo

REIKIJAI dijo...

Nuevo corte de cabello… barba… de dos días… Realmente lo hace interesante… Jajajajja. Bueno... sigamos con lo nuestro… Pedro. Te dejo esta frase, que la tome de unos apuntes, de un amigo, sobre el tema. Besitos. Silvi.
“Es como dice Platón, (República, libro II) la bestia más filosófica del mundo. Si lo habéis visto, habréis notado con qué devoción lo coge, con qué cuidado lo guarda, qué fervor usa para llevarlo, la prudencia con la que lo sostiene, la afección con la que lo quiebra y la diligencia con que lo masca. ¿Qué le conduce a hacer esto? ¿Cuál es la esperanza que anima su estudio? ¿Qué bien pretende alcanzar de ello? Nada más que poder extraer un poco de médula. Verdad que este poco tuétano es más delicioso que todo lo demás, porque la médula ósea es el alimento elaborado a la perfección por la Naturaleza, como dice Galeno, (III fac. Natura y XI, de Usu Parti)...”

Jan Puerta dijo...

Apreciado Pedro…
Pocas veces un prologo da para tanto. Pocas veces después de su lectura uno tiene que tomar conciencia del legado que esconde entre sus palabras.
Hay prólogos que tienen la virtud de hacernos entrar en el libro de la mejor manera posible. Creándonos el ambiente necesario para incitar nuestra curiosidad. Innata, por cierto.
Pero hay otros prólogos que mejor seria no leerlos ya que nos alejan vertiginosamente de la obra. Afortunadamente, este lo escribió el propio Cervantes.
Un abrazo

São dijo...

Desconhecia esse intervalo de uma ´decada entre a primeira e a segunda parte.

Abrazos, meu amigo.

Myr dijo...

Feliz inicio de la Segunda Parte!!!

Ya los alcanzaré.

Abrazos a ti y al grupo.

Merche Pallarés dijo...

¡Estoy furiosa! Había escrito mi comentario en Word para copiarlo aquí y ¡¡se me ha borrado todo y eso que lo había guardado!! No puedo recuperarlo. De ahora en adelante lo escribiré en el e-mail, si no te importa.

No puedo escribirlo de nuevo porque seguro que se me borra a mitad del camino. Sólo diré que, efectivamente, Cervantes en el Prólogo arremete contra Avellaneda poniéndole verde (no es para menos).

Despues de sortear la TASA, la FE DE ERRATAS, la APROBACIÓN 1ª, la APROBACION 2ª, la APROBACIÓN 3ª donde "...no hallo en él cosa indigna de un cristiano celo ni que disuene de la decencia debida a buen ejemplo ni virtudes morales..." (se ve que en esa época no leían entre líneas...) Tambien ayuda el hecho de que nuestro Quijo ha tenido mucho éxito en España, Francia, Italia y Flandes (todo un best-seller), le otorgan la aprobación.

Sigo a continuación para que no se borre.

Merche Pallarés dijo...

Luego llegamos al PRIVILEGIO donde le dan licencia "por tiempo y espacio de diez años" prohibiéndole venderla por su cuenta bajo multa de cincuenta mil maravedís.

Volviendo al PRÓLOGO, critica al que se "engendró en Tordesillas y nació en Tarragona" (¿qué malo tiene ésto?). Compara a Avellaneda con un asno que "con su pan se lo coma y allá se lo haya" aunque no se siente agraviado porque "...bien sé lo que son tentaciones del demonio y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros y tantos dineros cuanta fama". Luego cuenta dos historias horrible sobre perros. A uno le inflan como un globo y al otro le aplastan con una "losa de mármol" menos al podenco cuyo dueño "envió al loco hecho una alheña"

Sigo

Merche Pallarés dijo...

El loco ya no soltó más el canto debido a que todos los canes "fuesen alanos o gozques, decía que eran podencos" entonces arremete de nuevo contra Avellaneda diciéndole "a este historiador, que no se atreverá a soltar mas la presa de su ingenio en libros que, en siendo malos, son más duros que las peñas".

Llegamos a la DEDICATORIA AL CONDE DE LEMOS. Bueno, bueno aquí le hace la ola a su mecenas. Tambien nos enteramos que "el grande emperador de China" pidiéndole, mas bien, suplicándole que le enviase un ejemplar de DON QUIJOTE porque quería fundar un colegio "donde se leyese la lengua castellana". De paso le pedía que Cervan fuera el rector del mismo. Éste pregunta al emisario "si había para mi alguna ayuda de costa. Respondiéndome que ni por pensamiento" (pobre Cervan, vivió pobre y murió pobre, claro que "para hacer rico al resto del mundo"). Cervan le dice que nanay de la China y que ya se puede volver por donde vino "a las diez o a las veinte o a las que venís despachado...".

Despues de huntarle mucha mantequilla y de hacerle la pelota a su Conde de Lemos se despide besándole las manos y los pies como "criado de Vuestra Excelencia".

La semana que viene seguiremos con el primer capítulo. Besotes, M.
P.D. Se ve que te has cortado el pelo...

Hernando dijo...

Pienso que Cervantes se sentía muy seguro de su segunda parte, que iba a tener el mismo o más éxito que la primera. Y ese tal Avellaneda no era más que un aprendiz de escritor, que en ningún momento le iba hacer sombra, es más creo que le dió más publicidad a Cervantes.

Alatriste dijo...

Hay dos cosas que me han llamado la atención:

Por un lado vemos el buen estar que los dos capellanes del arzobispo de Toledo tienen con la obra; creo que aquí vemos clara indicación de que la Iglesia estaba muy interesada en que los objetivos que buscaba Cervantes con el Quijote se cumplieran.

Por otro, el entretenido prólogo al lector con esas historias referidas a los perros y al loco. Sin duda Cervantes consideraba a Avellaneda un loco por intentar continuar su obra.

Un saludo Pedro.

Anónimo dijo...

Hola Pedro y compañía,
Soy Óscar Muñoz, amigo de A. Aguilera y coeditor del Espolón, me voy a sumar a la lectura semanal del Quijote y, si me acompaña el tiempo y el ingenio, haré ocasionalmente algún comentario; un saludo

PRÓLOGO A LA SEGUNDA PARTE DEL QUIJOTE
Cervantes no pierde aquí los papeles, no se despeina. Despacha con sabias reflexiones al autor del Quijote apócrifo, este último, propenso a las descalificaciones personales, viendo ocasión de ofensa donde Cervantes sólo encuentra motivo de orgullo, (véase por ejemplo el asunto de su zocata).
Una de sus sentencias: “La abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen...”, en cierta manera viene a decir lo mismo que el “lo bueno, si breve, dos veces bueno¨, que dijera su contemporáneo Baltasar Gracián.
El prólogo se ve animado con un par de historias en las que los protagonistas son lo perros, animales a los que Antonio y yo bien conocemos por motivos laborales y por afición, que es mi caso. Al citar expresamente a podencos y alanos, ya nos indica la solera de estas dos razas autóctonas, que han sobrevivido hasta nuestros días.

Cornelivs dijo...

El prologo a la segunda parte, mi querido amigo, me lo he leido y releido mil veces.

Es una joya; es un texto que me ha impresionado e impactado profundamente. Créeme.

Parece que lo estoy viendo alli: triste, solo, viejo, enfermo, sabe que se muere y se dispone a obsequiar al mundo con su ultima y mejor obra maestra: la Segunda parte del Quijote, en la cual D. Alonso Quijano fallecerá, para que nadie lo vuelva a levantar, como su propio autor indica.

Un abrazo.

Señor De la Vega dijo...

Seré en parte Abogado del Diablo, término establecido justamente en tiempos del Quijote, y que sí lo pensamos (evidentemente como yo lo pienso) hay de ello mucho en la primera y segunda parte.

Y para que no sea santificado Cervantes por gusto, sino por santo, como lector dispongo que lo bueno no es todo, ni lo extraño tan malo. Y que al contrario de lo que pareciese, ni fue novela única, ni navegó en los mares solo, sino que hay en el horizonte carabela con quien compararlo y que al menos a Cervantes no le pareció ni desdeñable ni deshonrosa.

Ya en las dos entradas anteriores vengo pronunciándome sobre la interacción con el Quijote de Avellaneda, y de lo que yo imaginaba que ocurrió en 10 años sin continuarlo, todo ello enfundado en piel de nuestro manco, algo que en los comentarios hechos por mí en la Acequia, siempre hice, asumir a sabiendas de imposible vestirme de Cervantes.

Estando de acuerdo como estoy en los últimos comentarios y entradas con nuestro director de lectura, Señor Ojeda y siendo él, excepto en sus principios, la mismísima esencia de la diplomacia, quería yo ver si en su último título sobre el prólogo de la II parte, se pasaba o se quedaba corto, pues él nos dice: "A golpes de indignación y mecenazgo".

Quería imaginarme (ya que ejerzo por año y medio de anónimo enmascarado como Zorro) ser yo mismo el anónimo Avellaneda, y para ello he decidido seguir al paso la lectura de prólogo y capítulos de las dos Segundas Partes, y tengo la impresión que segundas dobles partes, serán doblemente buenas.

Sobre el título concluyo, si hacemos el esfuerzo hipertextual de reducir los prólogos escritos por Cervantes y Avellaneda, a magistrales comentarios en "La Acequia de Don Pedro", que sin temor a equivocarme, después de la lectura, ganan a nuestro Don Miguel por goleada, y por lo tanto para mí, El Señor Ojeda se quedó corto, y yo siendo sincero, enunciaría: "A golpes de servilismo e impotencia".

No nos equivoquemos, porque apenas hemos empezado la lectura, y si Cervantes no da la talla en su prólogo, no es solo por que tuviese un mal día, sino porque el de Avellaneda es excelente y ha buscado las debilidades del hombre, que no del que escribiera. Porque si desmereciese la obra, de tontos sería tan siquiera esforzarse en comentarla, contra ni más continuarla, y será por esto, a mi parecer Avellaneda, el referente crítico de Unamuno, crítica que yo resumiría como: Gigante el Quijote y Molino Cervantes.

Z+----- continúa... zzzzzzzz

Aldabra dijo...

Veo que ya entramos en materia y que lo haces con mucha fuerza, así debe ser porque tenemos largas jornadas por delante.

Me leeré el Prólogo con atención teniendo en cuenta todo lo que nos has contado tan interesante.

Quiero sumarme a algún otro comentario que hace notar lo simpático que estás en esta foto. Creo que ya te estás relajando a medida que se acercan las vacaciones, espero que así sea.

biquiños,

Señor De la Vega dijo...

....es la continuación zzzzzzz

Insistiré sinceramente, como lector, después de leídos los dos prólogos, que el que apetece leer con diferencia es el capítulo I del Quijote Apócrifo.

¿Dónde quedó el prólogo de la I parte maravilloso (como resalta Ojeda) de nuestro Don Miguel? Tan bueno es, que al se refiere Avellaneda, buscando mecenazgo en los lectores pues aprovecha del desdén con que Cervantes los trata para él alabarlos como activo, quedándole tan solo en su respuesta y con exagerada servidumbre a Don Miguel de Cervantes el mecenazgo de su Conde [de Lemos] utilizado en extremo y con motivos.

Por lo que recuerdo y sé, ya que algunos hemos leído con anterioridad pero sin tanta fruición esta segunda parte, El Quijote realizará una crítica mordaz a la alta nobleza y justamente será su principal personaje el que en uno de los discursos más conocidos y gloriosos, contradecirá cada una de las alabanzas del baboso besamanos de Cervantes al mecenas que le cobija.
Y en cuanto a los lectores, que a mí me parezca, si en la primera parte los lectores habían sido casi otro personaje, en esta, sin ser peloteados, serán protagonistas como nunca pudo imaginar Avellaneda ni escritor nunca antes.

Si fuese verdad como dice el Señor Ojeda, que este prólogo es parte de la construcción de Cervantes de su propio personaje, (él tendrá más datos que nos irá revelando).
A mí, como mínimo me parece una estrategia militar y arriesgada, es decir utilizar lo mejor de mi contrario, fusionando su libro con el mío, para conseguir que los lectores del apócrifo en todo momento se vean recompensados en su lectura y no fuese otra segunda parte, sino una segunda-tercera entretejida, y creo que lo hace donde puede hacerlo o todavía no estuviese escrito. Y cuando lo fusiona, es con exquisitez y fundamento. Empezando por el prólogo, pues resulta que en lugar de quitar razones al enemigo se las esté dando, y en lugar de ignorarlo le ofreciera exagerado protagonismo. ¿Tan seguro está de la superioridad del texto que comienza?

¿O será que convierte deliberadamente al Quijote de Avellaneda, en otro referente más de los libros de caballerías? en igual modo maquiavélico usado en su primera parte con el Amadís de Gaula (salvando diferencias), siendo con esta estrategia, engullidos sin piedad y fagocitados por el Quijote cervantino.
Quedarán y esto es histórico, para siempre en las tripas del Hidalgo Loco (para los lectores) y apenas como cuerpos de estudio independientes para eruditos forenses.

Porque lo importante, no era un duelo con el mismo fin (parodiar a los libros de caballerías) sino el enfrentamiento de dos estilos de escritura y del poso que resulta después de lo narrado, uno ágil de palabra, divertido, fantasioso, pícaro atrevido, al gusto de su época y el utilizado en el Quijote cervantino, sarcástico, irónico pero profundo, reflexivo, crítico, realista, biográfico, onírico, interactivo, constructivo, brillante en sus lenguajes, innovador y arriesgado, al gusto de su autor y con el tiempo al gusto de la literatura.

En fin, en el calentamiento, arrasó Avellaneda y Cervantes tan solo se puso el ungüento del 'feo-blas' para unirse el brazo y recobrar talentos, dejándole el soneto a un joven con 'talante'.

Por cierto, señor Don Pedro Ojeda Escudero, ya que se honra de tenerme comentando, para mí es un honor ser fagocitado en su ilustre Acequia, no porque mis comentarios sobre El Quijote u otros, no dieran en extensión para construir blog 'ad hoc', sino porque al igual que Avellaneda con Cervantes, eso me permitirá ser recordado (desde su vientre, esperando que Blogger no tire de la cadena) ;-)
Suyo, Z+-----

Anónimo dijo...

Buenos días:

Seguiré la segunda parte de nuestro Ingenioso hidalgo D. Quijote. Lo haré a mi manera, así que no prometo; pero espero disfrutar de su lectura y de los comentarios que de ella se deriven, tanto como en su primera parte.

Saludos. Gelu

P.D.: Después de tantos días de vidrios abandonados, y de la carta de ajuste, el ver tan animado al profesor Ojeda, ha sido un auténtico placer.

Merche Pallarés dijo...

SR. DE LA VEGA ¿no será vuesa merced la reencarnación de nuestro Cervan o del mismísimo Avellaneda? Es que conoce los entresijos de ambas tan bien que ya empiezo a dudar de si vuesa merced no nos estará escribiendo desde el más allá... Por cierto ¿no sería el misterioso Avellaneda, Lope de Vega? Es que como le digo a TUCCI, se tenían tanta inquina... Besotes, M.

Fernando Portillo dijo...

Curioso autorretrato el tuyo de hoy, en el que, tras el malicioso gesto, se te descubre tu secreta afición (que te ennoblece) por las aventuras de Sherlock Holmes. Creo que haré el intento de subirme al carro de la lectura quijotesca en esta segunda parte, bien que con billete de tercera y con voto de silencio, como aquellos frailes que viajaban en el tren con la capucha calada y la vista fija en su breviario.

Señor De la Vega dijo...

Merche Pallarés, si fuera ninguno de ellos sino el Quijote, yo juro por los Dioses, que usted sería en mi mente Dulcinea y en mis brazos Maritornes.

Soy lector alumno y no erudito, para responder esas preguntas.
Por otro lado, como bien quiso Cervantes para su obra, en lugar de desenmascararlo prefirió anónimo dejarlo.
Y si él lo hizo, yo siendo Máscara y Zorro, aunque lo supiese, por lealtad, trataría de ocultarlo.
Además, nada se ganaría con encontrarlo y si lo hiciesen, seguro que está muerto.

De Lope al menos, tiene el inteligente sarcasmo y quizás la prosa a ojos de este lego, pero aún con admiración y envidia del soneto, no me parece a la altura del Monstruo de la Vega. ;-)

A sus pies y en besos quedo, Z+-----

Merche Pallarés dijo...

SR. DE LA VEGA veo que me idealiza como Dulcinea, pero cuando la cosa va al grano me considera la salvaje/primaria Maritornes. No sé cómo tomármelo. Bueno, me lo tomaré como un cumplido ¡que más da! Con tal de darle placer sea platónicamente o realmente...

Pues eso de dejarle en anónimo, no me gusta nada. ¡Me muero de curiosidad! ¡Tenemos que desentrañar al Avellaneda! Al igual que al que escribió El Lazarillo... Esto de los "anónimos" no me gusta nada. ¡Cómo les costaba dar la cara, pardiez! A sus pies, M.

Antonio Aguilera dijo...

Lo que sì es cierto, y coincido con lo que dice Tucci por sus lares, es que debemos agradecer al tal Avellaneda su publicaciòn. De esta forma Cervantes se diò prisa y acabò raudo y veloz su segunda parte; por los visto cinco meses antes de "cascar la cebolleta"(o doblar la uña).

He visto que mi amigo y compañero de penurias laborales, Óscar Múñoz, hace su aparición aquí más arriba. Se ha decidido a acompañarnos en nuestra lectura semanal. Pero está algo "asustaillo" todavía, pese a ser un gran letraherido (recuerdo cómo en mis primeras semanas yo me encontraba algo mohíno. Con el paso del tiempo voy mostrando toda mi perversidad jaja).

Montaremos conjuntamente, de momento, en mi revulsivo blog.

Saludos

Señor De la Vega dijo...

Tiene razón Señora Pallarés, fui injusto y más después de ver sus fotos.
Lo correcto habría sido corresponder diciendo:
Que si fuese yo Quijote, usted en mi mente Dulcinea sería, a mis ojos Dorotea, en mis brazos Maritornes y en sabiéndola discreta, mi respeto a Doña Merche.

Muy curiosa es usted, pero eso ya se sabía, aún después de conocer lo que conoce, de más conocimiento no se cansa y aún le honra su franca humildad y simpatía.
Besos y suyo, Z+-----

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Me imagino lo que sentiría Cervantes al ver aparecer una segunda parte de su obbra y que no era la suya; máxime cunado seguramente se vería bastante mayor y con las facultades mermadas.

Seguramente que conocería al autor, ya que ambos se dicen lindeces en sus prólogos... lo que no entiendo es como el de Avellaneda no larga quien era ¿porque, no habría derechos de autor?... y si Cervantes lo conocía... me imagino que no quería darle mayor gloria que lo que por causas ajenas había conseguido... en fin seguiremos en la palestra indagando y aprendiendo. Un saludo

T.M. dijo...

Gracias Pedro, eres muy amable.
Seguiré leyéndote.
Besos.

Juan Luis G. dijo...

Hola Pedro.

Creo que si Cervantes hubiera intuido la trascendencia que iba a tener su obra, creo que no se hubiera cabreado tanto con la de Avellaneda. Pero el éxito es tan imprevisible como otras tantas cosas en esta vida...

Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Alonso Fernández de Avellaneda contestaría a Cervantes con algo semejante a esto:
¡Válame Dios con este Cervantes! Dice que en el prólogo no ha de hallar el lector vituperios. Y diciendo que no lo dice, lo cierto es que me llama “asno, mentecato y atrevido”. Si se llega a decidir a reñirme y vituperarme…

La verdad es que no pude resistir la tentación y coger la pluma. Mi amigo Lope me animó a sacar a don Quijote de su aldea, mira qué aburrido está el buen hidalgo, todo el día contemplando como trajinan el ama y a la sobrina, mientras su lanza se cubre de orín. Sácale de allí y obtendrás más fama que el viejo Cervantes. ¿No niega él mismo su autoría? ¿No dice que fue ese Cide Hamete quien escribió el Quijote desde el capítulo IX en adelante?

Dice que con mi pan me lo coma, con pan candeal y alguna tajada de corderito lechal y con frutas de sartén ¡Faltaría más!

Se me fue la mano llamándole viejo, algo que no está en nuestra mano detener. Tiene razón, los años suelen mejorar el entendimiento, siempre que no se cumplan demasiados…y ya se está acercando a los setenta. Es afortunado, un viejo soldado que no ha visto su vida segada por el morbo gálico, las cuartanas o unas calenturas pestilentes.

Y, en cuanto a lo de manco, qué orgullo el motivado por sus heridas o por su gloriosa manquedad, originada en “en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”. ¡Para lo que sirvió la batalla de Lepanto! Sólo tres años después, en 1574, Túnez y la Goleta cayeron en poder de los turcos.

Lo califiqué de envidioso y él confiesa poseer sólo envidia santa; mas seguidamente dice de cierto sacerdote, del cual no sólo admira el ingenio y las obras sino también “la ocupación continua y virtuosa”. Como todos saben que del “Fénix de los Ingenios” se trata, todos entienden la burla, que mi buen amigo Lope pecador es, y muy conocidos sus pecados, y calificarlo de virtuoso…

Le manifesté mi opinión acerca de sus novelas, más satíricas que ejemplares, a mi juicio. Son buenas pero censuran sin servir de ejemplo…Y él, apuntándose una alabanza, volvió el sentido de la palabra “satíricas”, yendo a su significado primero de “variadas”. Y, en cuanto, a lo de ejemplares, él sabrá lo que quiso decir con ese título.
Continuará
Un abrazo para todos

Merche Pallarés dijo...

SR. DE LA VEGA gracias por sus bellas palabras. A sus pies, M.

BIPOLAR dijo...

Me entristece este país en el que las cosas no cambian. Pobre y enfermo y muerto en vida. Muerto, encumbrado y vanagloriado.

Por añadir algo diferente a lo que comenta el resto. Me hicieron gracia los cuentos, que me recuerdan a los chistes de locos, que son para cuerdos. Y no hay forma más sutil de llamarle a otro "incapaz e idiota" sin que se entere,y haciendo una gracia.

Es bastante comprensible su indignación.

Abejita de la Vega dijo...

¡Y dice que se contiene!¡Y que debo tener una gran aflición pues escondo mi nombre y mi patria. Afligido no me hallo, mas tuve mis razones para mentir; ni Alonso, ni Avellaneda ni tordesillano…traidor jamás. Todos conocemos a nuestro Alonso tan seco y avellanado.

¡Tentación! La puerta se quedó abierta, el libro terminaba "con esperanza de la tercera salida de don Quijote". Cuando tuve ante mis ojos ese verso extraído del “Orlando furioso”, el que dice: "Quizá otro cantará con mejor plectro”, pensé que me señalaba a mí. ¡Fama y dinero!

¿Qué me quiere decir con los cuentecitos de perros y locos? ¿Mi labor sólo ha sido hinchar una obra ya escrita? ¿He dejado caer una losa sobre su libro? ¿Me está amenazando?

En cuanto a las ganancias, si hay para los dos, miel sobre hojuelas. Me place que el teatro y la perendenga saquen de la pobreza a Cervantes, junto con el de la triste Figura. Y los dos príncipes que, por su bondad le favorecen, el conde de Lemos y el ilustrísimo de Toledo, don Bernardo de Sandoval y Rojas. ¡Sin adulación y sin aplauso! ¡Favorecido por los altos y nobles espíritus!

Veamos la dedicatoria que escribe para el de Lemos. A juzgar por sus palabras, se ha visto obligado a encaminar, a toda prisa, a su don Quijote, para aliviarse de las nauseas que mi don Quijote le ha producido. ¡A mí me causa hámago leer el cuento ése del emperador de la China! Lo confiesa, está enfermo y “muy sin dineros”; aunque el conde le sustente y le ampare. No lo dudo, no, amigo Cervantes, que ciertamente conoces mi nombre…

En cuatro meses tendrá lo de Persiles y Segismunda, y besa las manos, los pies , lo que haya que besar. ..Criado de Vuestra Excelencia, así concluyes la dedicatoria, Miguel. Dices bien…

Firmado por ése que tú conoces tan bien, amigo de ése que tanto envidias.

Un abrazo para Pedro y los acequianos

Clara dijo...

Como sabeis, os seguiré en la lectura de la segunda parte y continuaré disfrutando de vuestros comentarios.

Un abrazo a todos.

impersonem dijo...

En el comienzo de esta segunda parte veo que fue autorizada su edición con burocracia abundante y elogios sospechosos atendiendo a quien los hace.

En la dedicatoria al Conde de Lemos veo un Cervantes muy sumiso y servir a ese mecenazgo. No sé si eso influyó mucho o poco en la obra.

En el prólogo veo a un Cervantes muy dolido con el autor del "Quijote apócrifo" y que, aunque dice no querer entrar con él en una controversia de riñas y vituperios, entra y sale en el argumento de la respuesta al prólogo de Avellaneda una y otra vez...cuando parece que va a parar...vuelve a retomar el argumento y así y así hasta el final.

Abrazos.

Kety dijo...

En esta vida, uno no puede hacer planes, pues lo que se planea por la noche, es posible que se trunque por la mañana. Y digo esto amigo Pedro, porque esta vez estaba dispuesta a participar como humilde comentarista del Quijote.

Leí el prólogo -genial-. Con que sutileza advierte al lector que no tiene intención de vengarse de aquel que continuamente arremete contra él y se oculta tras un seudónimo y publica la segunda parte del Quijote.
No es necesario decir su nombre, pero conociendo la inquina que se tenían, que arremetió con sus novelas ejemplares, su manquedad, se metió a religioso… todos pensamos en el mismo.
Hay párrafos geniales: “Pues en verdad que no te he de dar este contento, que puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos el mío ha de padecer excepción esta regla”.

Cervantes se apoya en la figura del loco pues a través de él transmite con ironía y acierto lo que quiere transmitir. “…entre los perros que descargó la carga fue de un bonetero…” “En efecto, todos cuantos perros topaba aunque fuesen alanos o gozques, decía que eran podencos”
Con la iglesia hemos topado.

Como es de ser bien nacido, ser agradecido, Cervantes no se olvida de mencionar a aquellos que han hecho posible su publicación y distribución de su libro.
Como debe ser.

Un abrazo

Asun dijo...

Bueno, pues después de leido el prólogo y la dedicatoria, doy inicio a la lectura de la segunda parte.

Besos