jueves, 20 de mayo de 2010

La burla se extiende (Cap. 2.50).

El lector se desnuda -sólo de cintura para arriba, que ya no está en edad- en protesta porque le vayan a bajar el sueldo como funcionario mientras los responsables verdaderos de la crisis continúan con grandes beneficios económicos y con la capacidad especuladora intacta para hacer peligrar cualquier gobierno.

Tras aclarar que los duendes que castigaron a don Quijote y doña Rodríguez fueron la Duquesa y Altisidora, ofendidas por las palabras que aquélla pronunciara criticándolas y revelando sus secretos, Cervantes abre rápidamente el horizonte espacial de la narración. Es un capítulo muy acertado desde el punto de vista del lector: rompe la alternancia entre el palacio de los duques y la ínsula y los hechos que se desarrollaban en ellos; amplía la mirada y extiende los acontecimientos más allá del lugar en el que suceden; nos devuelve por un momento a la aldea de los protagonistas y vuelve a ponernos delante a personajes del entorno próximo de don Quijote y Sancho.

Además de romper con la monotonía, la embajada del paje -que es el mismo que hizo de Dulcinea encantada, así que tiene ya probada su maña en el fingimiento y la ironía- tiene otra función: añade un punto de crueldad a la burla de los Duques. En efecto, a estos no les basta con divertirse a costa de don Quijote y Sancho y deciden extender la mofa al mismo núcleo de la intimidad de Sancho. Ante la simplicidad y naturalidad de Teresa y Sanchica -las descripciones de ambas son magníficas-, que terminan tragándose la burla de tal manera que amplificarán su daño posterior, el paje, cumpliendo con celo extremado las instrucciones de los Duques, fabrica una fábula sin mentir pero con las suficientes pistas que un ojo inteligente puede seguir para desentrañar lo que pasa -de ahí las dudas del cura y el bachiller-: la forma de tratamiento que da a Sanchica y a Teresa no corresponde a la de la familia de un gobernador verdadero, como tampoco los regalos que le da la Duquesa son verdaderamente valiosos; las afirmaciones sobre la falsa sencillez de la Duquesa (plasmadas en la inteligente broma de las bellotas); la forma en la que habla del gobierno de Sancho, etc.

Se añade un elemento más en todo este capítulo, una ironía continua sobre las mujeres. En primer lugar, la indignación de la Duquesa y Altisidora; en segundo lugar, la actuación de Teresa y Sanchica que se olvidan de su propia realidad para soñar, en seguida, una vida que no les corresponde ni podrán alcanzar nunca (de ahí lo que están haciendo ambas cuando se nos presentan); la crueldad de la Duquesa que actúa, con una notable hipocresía, fingiendo llaneza para burlarse, etc. Es un capítulo protagonizado por mujeres, sin duda, lo que, por otra parte, da más variedad a la narración.

Veremos, el próximo jueves, qué nos depara el capítulo LI.

25 comentarios:

Cornelivs dijo...

La inicial frase de este capitulo 50 de la 2ª Parte se me quedó muy grabada desde que lei por primera vez el Quijote cuando era un mozalbete, me llamó muchisimo la atención: “Puntualísimo escudriñador de los átomos desta verdadera historia”. Insuperable Cervantes.

Aunque, si he de ser sincero, diré que la lectura de este capitulo me produce mucha pena, y ello por varias causas. Me explico.

Por un lado, por fin sabemos quienes fueron los encantadores que golpearon y maltrataron a doña Rodríguez y a D. Quijote: Altisidora y la propia duquesa. No hay ningun misterio. Envidia y vanidad. Ya vimos como ambas no quedaban muy bien paradas en el capitulo anterior, de modo que deseosas de venganza machacaron primero a la dueña, y después cebaron su enojo con D. Quijote, que no osaba moverse de la cama, por miedo a que “aquella fantasma” fuera a por él, y vemos que, para su desgracia, se confirmaron sus temores.

Y además, porque nos dice Cervantes que los duques se holgaron “no poco” con lo anterior, lo cual vuelve a confirmarnos (por si alguno tuviera duda a estas alturas) que estos aristócratas, genuinos bellacos redomados, siguen disfrutando de las desgracias ajenas. Prosiguen sus burlas, (que peligrosa que puede ser la ociosidad), porque el mismo paje que hizo de Dulcinea, va ahora a ver a su mujer y a su hija al pueblo de D. Quijote, llevándoles cartas de la duquesa.

Nunca he disimulado -lo sabéis- la profunda antipatía que me inspiran estos duques, aprendices de aristocratas de tres al cuarto. Como ya estan hartos de reirse de caballero y escudero, ahora van mas lejos, se conoce que no han tenido bastante: le toman el pelo a la familia del escudero., gente pobre, villanos de pueblo. Los duques se lo están pasando tan bien que quieren que la burla se sepa y conozca fuera de su castillo, que trascienda, llegando su malicia al extremo de que remiten una carta a una pobre labradora y a su hija, a quien envían además unos corales y el traje de Sancho del dia de la caza, como prueba material y palpable de que es verdad que un labrador se ha convertido en gobernador de una isla que no está en el mar, sino que se halla “rodeada de tierra” por todas partes. Que bandidos.

Aun hay mas. ¡La duquesa pide que le envíen bellotas...! Debajo de la capa de la “falsa humildad” se esconde una gran malicia. Mal está que se rían de Sancho y le hagan creer que Dulcinea está encantada, pero bueno, al fin y al cabo, quien a hierro mata a hierro muere y fue Sancho el propio encantador: ha tomado de su propia medicina. Pero reirse y mofarse ahora de dos pobres villanas infelices rebasa la copa de todas las iniquidades posibles. Juro por lo mas sagrado que si yo hubiera estado allí, hubiera sido capaz de rociar las bellotas con estricnina.

Por eso este capitulo me produce tanta tristeza: creo que es la burla más hiriente que los duques han llevado a cabo: reirse de gente humilde. La alegría de Teresa Panza y de su hija es espontánea, natural, sincera. Son felices. Veo su rostro de gozo sincero, y también la chispa de maldad que se esconde tras la mirada del correo.


Este, por cierto, indudablemente es alumno de la escuela de los duques. Tan bellaco y tan hipócrita como ellos, se arrodilla delante de Teresa Panza, una labradora sencilla, para reirse de ella, la llama “doña”, etc. El cura y el barbero, obviamente, no se lo creen; adivinan el tono burlesco del correo; lo sienten, lo notan todo; pero los presentes frenan su lengua. Están tan intrigados (dubitat Augustinus) que el cura se lleva al correo para preguntarle más despacio.


Ah, otra cosa. Estos duques no debían de ser muy ricos; mandan corales. ¿Por qué no le envían oro o brillantes? En fin, recordemos que los duques tenían a ricos propietarios que salían fiadores de sus trampas.

elena clásica dijo...

El aburrimiento de los mediocres, duques mezquinos, lo dice divinamente Cornelivs "genuinos bellacos redomados", hace que el mundo sea un poquito peor en su afán de extender su estupidez y mediocridad. Don Quijote y aquéllos que han sido tocados por su sueño, Sancho y ahora su familia también, hacen que el mundo sea un poquito mejor, en la ficción literaria y en la ficción de nuestro sueño de la vida.
Besazos.

silvi dijo...

Teresa Panza y su hija Sanchica hablan;luego de recibir noticias del gobernador de la ínsula Barataria.Lo que les espera con la fortuna concedida por los duques.
"Señor cura,eche cata por ahí si hay alguien que vaya a Madrid o a Toledo,para que me compre un verdugado redondo, hecho y derecho, y sea al uso y de los mejores que hubiere; que en verdad en verdad que tengo de honrar el gobierno de mi marido en cuanto yo pudiere, y aún que,si me enojo, me tengo de ir a esa corte y echar un coche como todas; que la que tiene marido gobernador muy bien le puede traer y sustentar.
Y ¡cómo, madre! dijo Sanchica. Pluguiese a D´s que fuese antes hoy que mañana,aunque dijesen los que me viesen ir sentada con mi señora madre en aquel coche:"¡Mirad la tal por cual, hija del harto de ajos, y cómo va sentada y tendida en el coche, como si fuera una papesa!" Pero pisen ellos los lodos y ándeme yo en mi coche levantados los pies del suelo.¡Mal año y mal mes para cuantos murmuradores hay en el mundo;y ándeme yo caliente y ríase la gente!¿Digo bien, madre mía?"

silvi dijo...

Jajaja... Estaba terminando de coordinar.Besitos. Silvi.

silvi dijo...

A decir verdad...me tilde,pensando en La Santa Inquisición ... lo llevaría a la cámara de tortura,por mostrar su torso desnudo...Te torturan hasta que dijeses "su verdad" y te exhortaran a decirla ...Solo un pensamiento en voz alta.Buena foto.Besitos.Silvi.

Cosmo dijo...

¡Venga! no me chaféis la alegría,ya tendremos tiempo de hablar de la desilusión,hoy quiero disfrutar de la alegría de mi tocaya Teresa y su hija Sanchica,mañana...¡ los duques dirán !

Merche Pallarés dijo...

¿Haciendo striptease, estamos?

Capítulo de mujeres como tu muy bien dices. Pero ¡aparece el asesino! Qué cerca está... Besotes coralinos, M.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Seguramente Cervantes no tiene bastante para criticar a la sociedad del momento siriviéndose del escarnio a Sancho y Quijote por parte de la nobleza...ahora imprimen mayor crueldad a sus intenciones cebándose en la familia de Sancho...y lo que queda...salud

Lola dijo...

Buena foto para la entrada, oye ¿tiene que ser el jueves? no puedes seguir antes.....

blogochentaburgos dijo...

Genial instantánea

deseo o DESEO dijo...

¿Te pasaron el cartel de la bella señorita que mostraba sus elegantes piernas, mientras conversaba con su amante?

Sigo en Burgos. el pròximo martes vuelvo a Escocia.

Paco Cuesta dijo...

Protagonistas las mujeres, vehículo utilizado -paje- un hombre. La condesa sabe lo que hace.

Myr dijo...

(Ay Miguelito, si que eres paseandero..... Muchos cariños y TE DESEO un feliz retorno).

Myr dijo...

PEDRO: he estado tan ocupada que no he tenido tiempo de leer el Capìtulo, asi que regreso y comento despuès.
Besos

PD La foto es muy sugerente, si señor... ¿te tapas con una bolsa de hielo?

marga dijo...

- Puntualisimo escudriñador de átomos- Vale lo mismo para insultar a un cotilla que para piropear a un reportero, definir a un relojero o ensalzar a un podador de bonsais.
- Que el señor nos libre de la unión de duquesas locas y amas cotillas.
- La familia Panza sorprendida en sus quehaceres domésticos (por cierto, saya cortada por vergonzoso lugar???) recibe las cartas y regalos que dan cuenta de su astrónomica ascensión social.
- ¿Que se puede hacer en tal ocasión? Homenajear al mensajero con un buén revuelto y airear la buenanueva.
- Los burladores burlados: ¿Quién puede extrañarse más de esta estrambótica situación? Los burlones amigos de DQ que no aciertan a comprender el rumbo que ha tomado la situación.

Asun dijo...

Desde luego que en estos capítulos las mujeres no salimos muy bien paradas, entre las críticas de la dueña, lo chivata de la otra dueña, la mala leche de la duquesa, Altisidora que no se queda a la zaga y la fantasía de las mujeres de la familia Panza nos deja Cervantes en buen lugar. No sé si nova a tener razón MERCHE cuando dice que es un poco misógino.

Por cierto, ¿qué te ha pasado, te han entrado los calores con tanta mujer en el capítulo?

Besos

señorita dijo...

Aquì estoy con la señorita en cuestiòn.

Aldabra dijo...

y llegó el verano, veo que por ahí por Burgos ya aprietan los caloresa.

biquiños,

Myr dijo...

Aquì estoy de regreso y con la tarea hecha. Me gustò particularmente la descripciòn de Teresa "hilando un copo de estopa, con una saya parda. Parecía, según era de corta, que se la habían cortado por vergonzoso lugar, con un corpezuelo asimismo pardo y una camisa de pechos. No era muy vieja, aunque mostraba pasar de los cuarenta, pero fuerte, tiesa, nervuda y avellanada" y como contrasta luego con su sueño de hasta llegar a ser Condesa.

Abejita de la Vega dijo...

Comienza el capítulo y jugamos, otra vez, con la muñeca rusa de los narradores de esta gran obra. El narrador, la voz textual anónima, nos dice lo que dice el cronista, el morisco Cide Hamete, al que califica de “puntualísimo escudriñador de los átomos de esta verdadera historia”. O sea, grandísimo cotilla.

Cide nos revela que la duquesa y Altisidora fueron las que vapulearon y pellizcaron a la Rodríguez y a Don Quijote, respectivamente. Algo que ya sospechábamos porque, fácilmente , se despiertan los demonios de la ira y la venganza en las mujeres, si se pone en entredicho su hermosura. Carros y carretas, suelen soportar las féminas, pero la belleza, ni tocarla.

¿Cómo va a sufrir la duquesa que esa deslenguada dueña destape el “Aranjuez de sus fuentes”, su recóndito secreto de belleza: esos desaguaderos que destilan sus malos humores. Y de mil amores, que no humores, le acompaña “Altisidorilla”, furiosa también , ésta por insinuaciones acerca de su mal aliento.

Y, ahora, sabemos de otra dueña que la ve levantarse del lecho, la sigue sigilosamente y va con el cuento a su señora: la Rodríguez, en estos momentos, se encuentra en el aposento del invitado, don Quijote. ¡Qué deber tan penoso para la pobre dueña anónima!

El primer impulso de la duquesa es acudir con inmediatez, mas las grandes señoras también están sometidas a su dueño y señor esposo, al que han de pedir licencia. Mendigas, campesinas, sirvientas, hidalgas, duquesas se igualan, no dan un paso sin permiso marital.

El duque, divertido, da consentimiento y ellas “con tiento y sosiego”, se colocan junto a la puerta del aposento y pegan la oreja. Cuando oyen lo de las fuentes, empujan de golpe la puerta, coléricas y vengativas.

¡Cómo disfruta el duque con el relato que le hace su media naranja! La duquesa se anima, hay que seguir con el pasatiempo quijotesco. Que venga aquel paje que hizo de Dulcinea. Va a enviarlo a casa de Teresa Panza, con dos cartas, una de su marido y otra suya. Una sarta de ricos corales, con una miaja de oro, será el presente que deslumbre a la villana.

El “discreto y agudo paje” parte de muy buena gana, hacia la aldea de Sancho, con esta misión que promete ser tan divertida y bien remunerada.

Y, de golpe y porrazo, el paje se encuentra en las afueras del pueblo. Hay un arroyo, donde lavan unas cuantas aldeanas. El mensajero pregunta si vive allí Teresa Panza, mujer de Sancho Panza, escudero de don Quijote de la Mancha.

Parece que mi ordenador vuelve a recibir alguna extraña visita.Nada me causa asombro, después de haber recibido a tantos personajes quijotescos, de segunda línea.

Veo la imagen de una mujer muy joven, no tiene nada que ver con la dueña Rodríguez. Sí, es casi una niña, va descalza y lleva los cabellos largos y enmarañados. Viste una saya corta y descolorida, las corvas al aire y no demasiado limpias, la camisa remendada y enorme.

Me hace señas, quiere comunicarse conmigo. ¡Habla! ¡Escuchémosla!

Saludo a vuesa merced. Sanchica me llaman, pa servir a Dios y a usté. Soy hija de Sancho Panza, escudero de ése que dice llamarse don Quijote de la Mancha...don Alonso Quijano, hidalgo natural de nuestra aldea. Vengo a visitarla a usté, pa contarle como fue lo de la vesita del paje, el del señor duque, el que dio gobierno a mi padre.

Me escapé del limbo de los personajes,me aburría. Allí hay pocas muchachas de mis años. Y las hay mu estirás, como ésa que se escapó de casa, con su hermano y la ropa cambiá.

Así que le cuento, señora que hace letras:
(Mañana cuento lo que me cuente Sanchica)
Un abrazo, Pedro. Buena foto.

Abejita de la Vega dijo...

Aquel día estaba lavando la ropa, en el arroyito que pasa cerca del pueblo, junto a mis amigas. Mientras trabajamos, hablamos de nuestras cosas y no nos damos cuenta de lo fría que está el agua o de lo que pesa la ropa mojada.

Cuando aparece aquel mensajero del duque, a caballo, lo miramos embobadas, qué ojos tentadores, qué talle tan garrido…

Cuando va y pregunta por Teresa Panza, mujer de Sancho Panza y escudero de don Quijote. Ay, diome un vuelco el corazón. Me levanto, con presteza y le aclaro que ésos son mi madre, mi padre y nuesamo.

El buen mozo me llama doncella y me pide que le lleve con mi madre, que trae una carta y un presente del mío padre. Suelto la ropa, la María la recoge y pa casa, que harta pena tiene mi madre. Tiempo ha que no sabe nada de padre. El de los ojuelos tentadores masegura que las nuevas son buenas, que son de las de dar gracias a Dios.

Salto, corro, brinco y ya estoy en la puerta de mi casa. Llamo a voces a mi madre, que salga, que viene un señor que trae cartas y cosas de padre. Está hilando un copo de estopa y sale a ver qué pasa. Lleva esa saya parda que tuvo que cortar porque se chamuscó, al arrimo de la lumbre. Guarda la saya nueva para ir a misa, los domingos. El corpezuelo pardo y la camisa de pechos no están tan mal…Ya es un poco vieja pero tiene fuerza para tirar del arado, en las largas ausencias de padre.

Me pregunta quién es el señor y el de a caballo se presenta como “un servidor de mi señora doña Teresa Panza”. Se arrodilla , le llama “vuestra merced” y le pide las manos como mujer no sé qué del señor Sancho Panza, gobernador de no sé cuántos.

Mi madre no quiere hacer nada de eso, que ella es una probe labradora y mujer de un escudero andante, que no gobernador. Y el mensajero responde que es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo y, como prueba, ahí tiene la carta y unas güeltas de corales que le pone al cuello. La carta es del señor gobernador, que es padre. La sarta es de la duquesa esa.

Pasmadas quedamos y yo digo que todo eso es cosa de nuestro amo don Quijote, que le habrá dado a mi padre el gobierno prometido. Nos contesta que así es, por don Quijote es Sancho gobernador de la ínfula Barataria, que así lo dice la carta.

Le pedimos que nos la lea, que no sabemos leer. Nos lee primero la de padre, no la entiendo, no sé que dice de azotes que le daban. Mi madre es mujer de un gobernador, eso está claro, y en coche ha de ir. Y envía un sayo verde para que me haga una saya, me gusta ese color.
(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Después, saca de su faltriquera la carta de la duquesa. Qué señora, la llama amiga Teresa, nada menos. La bondad y el ingenio de padre la movieron , no sé de dónde, y ella pidió a su marido le diese un gobierno de una ínsula, que tiene muchas.

Y la gobierna muy bien y está muy contenta, y el duque también. Da gracias al cielo que no es tan fácil pillar uno así. En que es difícil encontrar uno como Sancho Panza, estoy de acuerdo.

Y envía a su “querida mía” la sarta de corales, con los padrenuestros de oro. Da a entender esta mujer que el collar es poca cosa, que más adelante cuando se traten...Duquesa y gobernadora, a partir un piñón.

Y lo más importante de la carta es que habla de mí y que me apareje, me dice. Me ha de casar altamente, mas a mi lo altura del mancebo me da igual.

Y esta mi casamentera pide dos docenas de bellotas gordas, que le escriba largo y si hubiere menester de algo, no tiene más que boquear. Como pez fuera del agua, entiendo yo. Y se despide y firma, sin poner su nombre de pila. La duquesa y ya está. No hay muchas, creo yo.

Mi madre se derrite oyendo la carta. Y le sale fuera el desprecio que las hidalgas del pueblo muestran hacia las labriegas, como nosotras. Que aprendan de esta duquesa, que a mi madre trata como igual. Un celemín de bellotas le enviará, faltaría más.

Y me dice que atienda al de los mensajes y a su caballo. Y que saque de la caballeriza güevos, querrá decir el gallinero, está que no sabe lo que dice. Y que corte tocino, para prepararle un empedrado de huevos con torreznos. Es lo que piensa mi madre que come un príncipe. De los corales, quiero la mitad y con el finísimo paño haré un apaño. Viva mil o dos mil años el gobernador y viva el que tan buenos presentes me trae.

Desaparezco y dejo hablar a mi madre…

(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Nunca había visto a mi madre tan ilusionada. Ahora dice que todo esto se lo tenía profetizado su buen Sancho, el cual no parará hasta hacerla condesa. Y suelta una sarta de refranes más larga que la de los corales, los mismitos que soltaba mi padre: Que si te dan la vaquilla, corre con la soguilla. Y si te dan un gobierno cógele y, si es un condado, agárrale…Y sigo yo con ese de “viose el perro en bragas de cerro”.

Entonces, el cura saca en consecuencia que los Panzas nacemos con un costal de refranes. El paje asiente, su “señor gobernador” a cada paso los dice, aunque no vengan a cuento. Los duques tienen mucho gusto en oírlos, al parecer.

El bachiller insiste, si afirma ser verdad eso de los duques, el gobierno y demás. Porque para don Quijote piensa que todas cosas son por encantamiento. El Carrasco está por tocar al muchacho por ver si es de carne y hueso.

El mensajero responde, harto , que él es embajador verdadero y Sancho es gobernador efectivo. Que los duques se lo dieron y él lo hace valentísimamente, Y que lo jura por sus padres. ¡Qué gusto me da oír a este buen mozo! Es una pena que no me quiera llevar en las ancas de su rocín, hasta la ínsula ésa. Pero no, que las hijas de los gobernadores han de ir con carrozas, literas y sirvientes. Yo estoy dispuesta a ir en una pollina, pero mi madre dice que ahora toca ir de señora…

Hay cosas que no entiendo porque el bachiller suelta latinajos y el paje contesta con más latinajos.

El de las cartas se impacienta, tiene prisa, démosle de comer y dejémosle marchar. El cura le invita a comer, a su casa. Que vaya con él a “hacer penitencia”, que Teresa tiene voluntad pero no dispone de lo necesario para servir a tal huésped. Y él acepta, por la mejora. ¡Con lo que me hubiera gustado a mí verlo comer mi empedrado de torreznos! Ya estoy viendo al cura, cosiéndole a preguntas.
Como conoce al bachiller desde chico, no quiere que le escriba la carta de respuesta, que lo de la burla le viene de antiguo y de familia. Así que, con un bollo y dos huevos, paga a un monacillo que sabe escribir. Son dos cartas, una para padre y otra para la duquesa. No le quedan nada mal, sería una buena escribana.
Desaparezco.

Un abrazo para Pedro y todos los que pasáis por aquí

Caminante dijo...

Veo que Aldabra y Merche Pallarés ya mencionan lo mismo...

¿Practicando el desnudo "gratuito", el calor de Burgos o una tercera opción que la timidez ¿? me impide "pronunciar"?

Verás que yo... a lo mío:
Besos desde Madrid -con camiseta puesta- PAQUITA

BIPOLAR dijo...

Así nos vamos a quedar todos, en peloticas.

Qué interesante exposición, pues no se me había ocurrido pensar en el los distintos escenarios protagonizados por mujeres.

Choca el empleo del término "átomo" en este escrito, para la época sería una modernidad.

y Choca la minifalda de Teresa Panza. ¿En qué parte de la pierna está el límite vergonzoso al que se refiere Cervantes? ¿Sería el tobillo?