jueves, 3 de junio de 2010

Siempre hay alguien que necesita creer (Cap. 2.52)


En este capítulo hay tres cosas: la reiteración del anuncio de que don Quijote quiere volver a salir al camino; la continuación de la historia de doña Rodríguez y su hija; la lectura de las cartas de Teresa. Otro más de los capítulos que hay en el Quijote en los que se juega con la variedad temática para despertar la curiosidad del lector por seguir conociendo la evolución del argumento.

En efecto, el narrador nos anuncia la intención de don Quijote de marchar a Zaragoza, como era su deseo. El lector que se enfrenta con esta afirmación en su primera lectura y no conoce nada de la continuación de la novela no puede más que mostrarse inquieto: si don Quijote se marcha de la casa de los Duques ahora, deberá irse sin Sancho. Cervantes sabe que en la mente del lector ya están unidos ambos personajes y que la simple notocia de que la separación actual se prolongue le deja inquieto y no dudará en explotar este sentimiento de incertidumbre.

Pero no sucederá inmediatamente esta partida, ya sabemos cómo le gusta a Cervantes demorar las soluciones para crear expectativas. Cuando don Quijote quiere pedir licencia para marcharse, se continúa el asunto de doña Rodríguez, que Cervantes ha dilatado para que soprenda ahora al lector. Por otra parte, aunque ya sabemos de la personalidad de esta dueña -observemos que Cervantes matiza inteligentemente que su hija no piensa igual que ella (ese mal talante)- y oímos su diálogo nocturno con don Quijote, los lectores no podríamos esperar que se atreviera a ir junto a su hija, ambas enlutadas, a manifestar su descontento por la actuación de su señor y acogerse a la protección de tan singular caballero andante. Éste no se ofende por ello, sino que ve la posibilidad de prolongar la diversión con un argumento que no ha fabricado y no duda en aceptar el reto en nombre del labrador rico que burló a la hija de doña Rodríguez.

El caso es que, con este asunto, nos enfrentamos a una verdadera situación caballeresca de las que había leído don Quijote en sus libros. Extravagante o no don Quijote, loco o cuerdo, resulta el único lugar al que puede arrimarse una madre a la que el sistema jerárquico de la sociedad del momento no da acogida en su demanda. Pensemos en lo justificado de la petición de la dueña, por muy simple que ésta sea, y en la displicencia del Duque, quien debería haber resuelto el caso pero no lo ha hecho. Observemos, por lo tanto, cómo Cervantes nos ha introducido en la narración, entre bromas y veras, una realidad jurídico-social del momento de una manera en la que hay matices muy críticos. Veremos cómo lo resuelve.

El tercer motivo del capítulo gira sobre la lectura de las cartas de Teresa a la Duquesa y a su marido. Sorprenderá al lector moderno que se lea en público esta última carta sin el cosentimiento de la persona a la que va dirigida, pero en aquel momento los derechos individuales no existían: basta con el permiso que concede el amo de Sancho. Estas cartas cierran la prolongación de la burla en el pueblo, terminan de caracterizar la personalidad de Teresa y completan el costumbrismo social del Quijote.

Veremos cómo continúa todo este enredo el próximo jueves, con la lectura del capítulo LIII.

23 comentarios:

pancho dijo...

DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.52
Dejamos legislando a S en su ínsula, poniendo orden en su territorio con medidas administrativas, interviniendo en los mercados y en el precio de los zapatos. Volvemos al castillo donde descansa DQ , ya sanado de los arañazos, a la hora de comer. El Hidalgo holgón ya muestra deseos de abandonar a sus anfitriones. Llegamos justo a tiempo de ver la llegada del paje a lomos de su brioso corcel con las dos cartas escritas por Teresa; una para su marido y la otra para la duquesa. Cervantes utiliza las misivas como elemento de enlace de los tres emplazamientos en los que transcurre la acción, tratando de dar una nueva perspectiva al relato: visión de la realidad por el pueblo llano en temas en los que hay mezcla de costumbres diferentes, vuelo de la imaginación y vuelta a la realidad mostrenca de la escasez y dureza de la vida en el campo que tanto depende de la bonanza climática que alterna periodos de abundancia con otros de escasez. También el tema de la honra a ojos del pueblo se trata en las cartas.
El autor utiliza el capítulo para dejarnos una muestra de los niveles y registros distintos de la lengua de la época entre sus líneas, que van de la pomposidad de una lengua que dejó de usarse, a las expresiones populares usadas por Teresa, pegada a la preocupación cotidiana del interés por el precio de una docena de huevos a día de hoy, buscando la manera de ahorrar unos céntimos que permitan llegar a fin de mes, pasando por la gravedad de DQ en la respuesta a la dueña Rodríguez.
Antes de que DQ manifieste a los duques su deseo de abandonar el castillo, se presentan la hija y la dueña Rodríguez que se le humilla: “se le echó a los pies tendida de largo a largo, la boca cosida con los pies de don Quijote”, para que lave el honor de su hija ultrajada por un labrador rico. DQ accede aunque ello implique contravenir las Leyes de Caballeríay rebajarse a la condición de villano. El duque recoge el guante diciendo que no es necesario echarse a los caminos , el organizará en no más de seis días el duelo en casa, aún no ha llegado el momento de la partida.
La dueña traslada la petición con expresiones pomposas, preñadas de arcaísmos y lenguaje retórico: “querría que, antes que os escurriésedes por esos caminos, desafiásedes a este rústico indómito, y le hiciésedes que se casase con mi hija, en cumplimiento de la palabra que le dio de ser su esposo, antes y primero que yogase con ella” La respuesta de DQ es grave, sin arcaísmos que nunca Cervantes es amigo de repetir esquemas gastados.
Aparece el paje que tan buen papel había hecho en el pueblo, fruto de ello son las dos cartas de Teresa, se retira dejándolas a la duquesa para que las lean.

pancho dijo...

En la primera, da gracias a la duquesa por la carta, el regalo y el nombramiento de S como gobernador. Agradece doblemente los regalos porque su nobleza quiebra las reticencias iniciales del cura, el barbero, el bachiller y de todos por ver difícil que un porro como S pueda gobernar más allá de su atajo de cabras. Aprovecha la coyuntura para pedir dinero y emprender la marcha a la corte en coche, que es costoso. A continuación pasa de la ensoñación a la realidad de la escasez de la cosecha de bellotas y a la despedida, en la que la artificiosidad del lenguaje formal le hacen decir: “No se le olvide a vuestra pomposidad de escribirme” al no estar acostumbrada a la formalidad que concede las frases hechas del intercambio epistolar.
Con el permiso de DQ, abren la segunda misiva dirigida a S. El tono de la carta es reflejo de la confianza que suele desprender la correspondencia familiar: “A Sanchica, tu hija, se le fueron las aguas sin sentirlo, de puro contento”. La ambición de Teresa cuando ve a su marido arrendador y alcabalero y su intención de presentarse en la corte en coche. Le cuenta que sus amigos de la aldea no se creen lo de su ínsula: “todo es embeleco, o cosas de encantamento”. Pasa a darle las noticias del pueblo: hay un recién llegado al pueblo que es pintor que no pinta y toma la azada para ganarse la vida. No podía pasar el tema de la honra, contada con los ojos del pueblo llano en el caso de la “Minguilla”, nieta de Mingo Silvato que ha demandado al hijo de Pedro Lobo por meterse cura después de dejarla con el bombo a cuestas. Los yelos de una primavera seca arruinaron la cosecha de vino y bellotas . Como a “burro flaco todo se le vuelven pulgas”, el paso de una compañía de soldados mermó en tres las mozas del pueblo que les acompañaron. No tiene que preocuparse de Sanchica, que es trabajadora y ahorradora, está a la espera de que la fortuna de un padre gobernador la libere del trabajo en casa.
La despedida tiene su aquel: “Dios te me guarde más años que a mí o tantos, porque no querría dejarte sin mí en este mundo.” Quiere que S le sobreviva pero tampoco desea que él se quede sin ella en el mundo.
Con la aceptación del medio celemín de bellotas y un queso mejor que los de Tronchón, de la provincia de Teruel, nos ponemos rumbo a la ínsula para ser testigos de primera mano del final del gobierno de S.

Abejita de la Vega dijo...

El narrador, la voz textual anónima, nos cuenta lo que el cronista Cide Hamete nos dice . Al parecer, una vez que don Quijote curó de los arañazos gatunos, la vida del castillo, tan regalada, le parece impropia de un caballero andante. Ha de pedir licencia a los duques, porque desea acudir a las fiestas de Zaragoza, para ganar el codiciado arnés reservado al vencedor, en las justas. Aquel día, sentado a la mesa de los duques, iba a poner en obra su intención, mas irrumpen dos mujeres enlutadas, como dos frascos de tinta.

¿Qué le pasa a este ordenador? Ventana emergente. Vaya, otra visita, a ver qué personaje secundario aparece ahora. Es una vieja conocida, con sus albas tocas y su negro hábito monjil. No, no se enfade por lo de vieja, doña Rodríguez, un placer verla de nuevo. Hable, hable, soy toda oídos.

Saludo a vuestra merced y leo el título del capítulo. Su autor estuvo acertado al llamarme “segunda dueña Dolorida o Angustiada” porque así es. Y mi hija, mi pobre niña, no lo está menos. ¡Ay, que desgracia la nuestra!¡Lo de Trifaldi fueron tortas y pan pintado! Le cuento:

Entro en la sala y me arrojo a los pies del caballero andante, mi tabla de salvación. Tendida, le beso repetidamente los pies. Suspiro, gimo, lloro. Todos están confusos. Los duques, tal vez, piensan que los criados han preparado una nueva burla,como ya tienen costumbre…

Me presento tan cubierta que nadie conoce mi identidad. Mas don Quijote,con presteza me levanta del suelo y hace que me descubra. Mi pobre niña, ay, la pobre imprudente que yació con aquel mal hombre, ay, también alza su espeso velo.

Admirados quedan los que me conocen y más mis señores, los duques. Saben que soy mujer pobre y discreta. Muy lista no soy, tonta tampoco. La desesperación me lleva hasta aquí.

Me vuelvo hacia sus excelencias y les pido licencia para departir con el andante caballero. Es mi única esperanza, ha de deshacer este tuerto. Mi señor, el duque, me la concede. Enderezo la voz y me dirijo a don Quijote, tal y como, pienso yo, se ha de hablar a un valeroso caballero andante. Lecturas caballerescas no me faltan, sé hablar en arcaico.

¡Esa sinrazón y alevosía que un mal labrador tiene fecha a mi fija.! Prometiome enderezar el tuerto que le tiene fecho. ¡Cuántas efes! Agora me llega la noticia que quiere partir deste castillo, en busca de las buenas venturas que Dios le depare.
Antes de que se me escurra, como una anguila, ha de desafiar al rústico indómito y forzarle a cumplir con la promesa que a mi hija fizo, antes de yogar con ella. Y ya se sabe que una vez de haber yogado, nada de lo prometido. No rima, pero vuestra merced me entiende.

Y con el duque no puedo contar, que es pedir peras al olmo. Y así lo digo delante de las ducales narices. Espero no ser castigada por mi atrevimiento.

(Sigue)

Myriam dijo...

Para este sábado está programada la segunda parte de mi entrada que analiza la carta de Teresa.

Saludos a todos.

María dijo...

Interesante escrito sobre "El Quijote" y con la fotografía me hiciste sonreir.

Un beso.

Lola dijo...

Me gusta la lectura y mas con la compañía de la foto jejejejeje

Merche Pallarés dijo...

Otra cosa que me encanta de Cervan es el uso del lenguaje, el riquísimo léxico que utiliza, como cuando dice que Quijo se "descalzó" un guante. Too much.
¡Qué gracioso estás en la foto! Besotes quijotescos, M.

Montserrat Sala dijo...

buenos dias profe: Poco a poco vamos conociendo todos sus rasgos físicos, su entorno y sobretodo sus gafas. Es de agradecer, conocerle y poder dirigirle unas palabras a una cara, a una persona. Mucho mejor que un dibujo o estampa cualquiera. Saludos!

aniki dijo...

Muy simpática, la foto. ¿De verdad, eres tú?.

Besosssss.

Asun dijo...

Es que al pobre Quijote, con tanta interrupción, ni siquiera a la hora de pedir permiso para marcharse le respetan en la novela, pero él como en la petición de doña Rodriguez ve la posibilidad de ejercer de caballero, que es lo que más desea en este mundo, acepta de buen grado la interrupción.

Besos

Cornelivs dijo...

Te ruego mil disculpas, amigo Pedro, pero esta semana me resulta imposible comentar el capitulo.

No tengo tiempo para nada.

Un abrazo...!

Silvi (reikijai) dijo...

Pedro ... Estoy con el tiempo contado ...(el 8; los melly cumplen 20) ... cocinando, congelando y frisando, pintores dando los últimos retoques y libros,los leo.Besitos.Silvi.

Alatriste dijo...

Me llamó la atención el asunto de la carta, y como comente el el blog de Tucci, aquí don Quijote creo que peca de curioso, de haberse negado a abrir la carta los duques la hubieran entregado a Sancho sin leerla.

Con respecto a la demanda de doña Rodriguez coincido en tu análisis, y es más, todavía en el siglo XIX se daban situaciones parecidas; Mujeres que si perdían la honra con quien no debían se convertían en parias, incapaces de encontrar un marido. Un ejemplo parecido salvando ciertos matices podemos encontrarlo en la película Orgullo y prejuicio.

Saludos

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote responde, con gravedad y prosopopeya caballeresca. Se dirige a mí como “buena dueña” y, con exquisita cortesía, me exhorta a templar o enjugar mis lágrimas y a ahorrar suspiros; que él toma a su cargo el remedio de mi hija… fija, a la cual hubiera estado mejor no creer promesas de enamorados, lo que le digo yo.

Y, con licencia del duque su señor, está dispuesto a partir en busca del desalmado, para hallarle y matarle si no cumple. Es su oficio…

El duque, satisfecho, menos mal, da todas las facilidades. No hay que buscarlo, ni pedir licencia para desafiarle; que él le da por desafiado, se lo hará saber y acudirá al castillo, donde dispondrá de campo franco para combatir.

Don Quijote renuncia transitoriamente a su hidalguía para poder combatir con el dañador y le reta, en ausencia, en razón del mal que hizo con la doncella que ya no lo es, mi pobre niña. Cumplirá o morirá.

Luego cumple con el ritual retador: arroja un guante y el duque lo alza, aceptando el desafío, en nombre de su vasallo. Será dentro de seis días, en la plaza del castillo y con las armas acostumbradas de los caballeros: lanza, escudo y arnés.

Para la debida ejecución del desafío, he de poner el derecho de mi justicia en manos de don Quijote. Así lo hago de buen talante, pero mi hija disimula mal su disgusto y su vergüenza, aunque acepta. Eso de que se airee su desliz…

Nos retiramos y la duquesa da la orden de que no nos traten como a criadas sino como a señoras aventureras que vienen a pedir justicia. Nos alojan en un cuarto aparte y nos han de servir como a forasteras. Espantadas y enojadas están mis compañeras. Las oigo murmurar, dicen algo de la sandez y desenvoltura de la Rodríguez y su malandante hija. Son unas víboras…

Desaparezco.

(Sigue el comentario, aunque se vaya la Rodríguez)

Antonio Aguilera dijo...

¡Cuídao con losojos que se te saldrán de sus órbitas!!.
De chico me decían que no jugara con la vista que me quedaría vizco.
Si no vizco, sí hipermiótrope-astigmático-estrabismático.

Mañana me pongo a la faena.

Pedro Carcedo dijo...

Amigo Pedro :

Solamente quiero decirte que sigo aquí. Quizás, entre otras cosas, por la curiosidad y el placer de leerte.

Con un poco de suerte podríamos vernos, en octubre, en la UBU.

Un abrazo tocayo.

Kety dijo...

Asidua lectora
Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

LA HISTORIA DE UNA IRREPARABLE PÉRDIDA.

Una vez ya curado don Quijote de los “aruños” que le ocasionó el “misifú” indómito (que acariciara su cara y degustara la textura de su nariz), empezó nuestro valeroso caballero a escuchar los gritos que la voz de su conciencia le proferían, y que le ordenaban dejar aquella vida ociosa, contraria a los cánones de la Andante Caballería.

No pasaron muchos segundos, cuando el grito de la conciencia de don Quijote fue sustituido por otro grito menos etéreo que con forma de llantos y gemidos expiraba una enlutada dama. Dama acompañada de otra más joven, asimismo émula de Gregorio Samsa (vamos…, vestida también de negra cucaracha…, o luto). La mayor, que era la madre de la más joven, se enamoró repentinamente del calzado de don Quijote (si por señal de enamoramiento entendemos acercar los labios y la boca a algún sitio, aunque sea a un pollo frito), según se tiró de bruces sobre las piernas del hidalgo: “y la una dellas, llegándose a don Quijote, se le echó a los pies tendida de largo a largo, la boca cosida con los pies de don Quijote, y daba unos gemidos tan tristes, tan profundos y tan dolorosos, que puso en confusión a todos los que la oían y miraban”.

Resultó ser la dueña doña Rodríguez (en adelante: la Rodri) pidiendo clemencia y justicia a don Quijote para su mancillada aunque díscola hija: la cual perdió su más “íntimo y preciado tesoro” a causa de las promesas, las cuales resultaron ser falsas, de matrimonio que un rico labrador le había hecho. Y como ya no era posible resarcir a la “niña” de dicho hurto (porque esto son elementos para un solo uso), tornando a su lugar lo que un día hubo, a las bravas pedía la Rodri a don Quijote, obligase al heredero terrateniente a apechugar con la palabra prometida a la moza.

De todas formas, parece ser que la niña no se hizo mucho de rogar y ofreció “el trofeo” sin que el “maromo” tuviera que esforzarse mucho en el cortejo. Son varias las ocasiones en que vemos cómo pincela Cervantes la frágil idiosincrasia de la chica:

1.- Apresuramiento en consumir el bocado:
a) “desafiásedes a este rústico indómito, y le hiciésedes que se casase con mi hija, en cumplimiento de la palabra que le dio de ser su esposo, antes y primero que yogase con ella”
b) “le desafío y repto, en razón de que hizo mal en defraudar a esta pobre, que fue doncella y ya por su culpa no lo es”

2.- Presunta ingenuidad de la joven: “tomo a mi cargo el remedio de vuestra hija, a la cual le hubiera estado mejor no haber sido tan fácil en creer promesas de enamorados”.

3.- Vicio adquirido, no heredado de madre: “Pero, ante todas cosas, es menester que esta buena dueña y esta mala doncella pongan el derecho de su justicia en manos del señor don Quijote;”

4.- Caminar junto a malas compañías:” y así, les dieron cuarto aparte y las sirvieron como a forasteras, no sin espanto de las demás criadas, que no sabían en qué había de parar la sandez y desenvoltura de doña Rodríguez y de su malandante hija."

Si después de todo, por poco si es al que chico al que hubiera que indemnizar.

Revulsiva Nota:

Todo el capítulo está de rechupete. Me hubiese gustado destacar algunos conceptos de la carta de Teresa a Sancho (con la venia de don Quijote), como la puesta al día (vía “cotilleo”: deporte nacional, esto por lo que se ve es eterno) de la vida social del pueblo.

Abejita de la Vega dijo...

Estamos en que, “para acabar de regocijar la fiesta y dar buen fin a la comida”, entra aquel paje, el portador de cartas y de presentes, que visitó a Teresa Panza, en su aldea. Los duques lo reciben con gran contento, deseosos de que les cuente lo sucedido.¡Cómo se van a reír!

El mensajero prefiere que lean, para sí, dos cartas que pone en manos de la duquesa. Una dice: “Carta para mi señora la duquesa tal, de no sé dónde”. La otra reza: “A mi marido Sancho Panza, gobernador de la ínsula Barataria, que Dios prospere más años que a mí”. La duquesa lee ávidamente la suya, ve que la puede leer en voz alta, es lo que está deseando. La lee.

Mucho contento dio, a Teresa, la carta de su grandeza. Los presentes, la sarta de corales y el rasgado vestido de caza de Sancho, han sido de su agrado. Mucho gusto le ha dado el que su señoría haya hecho gobernador a su marido. Nadie se lo cree allí, piensan que un porro así sólo gobernaría a unas cabras. El cura, el barbero y el bachiller Sansón Carrasco lo creen menos aún. Que digan lo que quieran. Ella misma lo dudaría, si no tuviera en sus manos los corales y el sayo. ¡Qué finura! ¡Qué lana tan bien bataneada!

Y, de pronto, empieza a soñar sus sueños de ascenso social. Dice que está determinada a irse a la corte a lucirse en coche, para que rabien los envidiosos. Y suplica a su excelencia que mande a su marido que le envíe algún dinerillo porque los gastos, en la corte, son grandes; que el pan vale a real y la libra de carne a treinta maravedíes. ¿Cómo sabe eso una aldeana?

Se lo dice a sus amigas y vecinas, que no se aguanta sin cascarlo. Y éstas le siguen la broma, que si Teresa y Sanchica van tan “orondas y pomposas”, luciéndose por la corte, va a ser más famosa la gobernadora que el gobernador.

Siente que este año no se hayan cogido bellotas. Pero se las ha apañado para enviar medio celemín de ellas, recogidas una a una en el monte, algo pequeñicas, pero es lo que hay.

La duquesa lee aquello de “vuestra pomposidad” que Teresa le dedica. Que no se le olvide escribirla, que ella responderá con cuidado, avisará de su salud y de todo lo que se acostumbra poner en las cartas. Queda rogando a Dios que guarde a su grandeza. Que Dios también la guarde a ella, que no va a ser menos. Sancha, su hija, también besa sus manos. ¡Y su hijo varón también! Me sorprende porque de Sanchico se acuerdan poco, tanto el padre como la madre.

Y, antes de firmar como su criada Teresa Panza, nos asegura que tiene más deseo de verla que de escribirla.

Grande fue el gusto de todos, pero nadie se regocija tanto como esta odiosa duquesa, Imaginando divertidísimo su contenido, no se la cuece el pan. Pide parecer a don Quijote…si sería bien abrir la carta destinada al gobernador. El caballero andante la abre , para darles gusto, faltaría más. A nadie parece importarle que Sancho Panza no esté. El que manda, manda.
(Sigue)

Cosmo dijo...

Tengo una duda,¿las personas que leían los capítulos eran conscientes de las críticas sociales? A veces mientras nos divertimos leyendo algo no acabamos de percibir el fondo o la intención del autor.Abrazos

Abejita de la Vega dijo...

Las dos cartas de Teresa Panza coinciden, parcialmente, en su contenido, aunque la primera es mucho más comedida. Una le da mucho contento, otra le hace volverse loca de contento. A la duquesa no le comunica que pensó” allí caer muerta de puro gozo”, ni el pis de Sanchica contenta, ni su impresión inicial de que todo era un sueño. Mientras la primera carta expresa la incredulidad de “los del lugar “ante un pastor de cabras, en la segunda es ella misma la incrédula.

Y si vive más, Teresa piensa ver ascender a su marido. Y lo que le parece la cima del ascenso social es verlo de arrendador o alcabalero, los oficios que desempeñó, tan dificultosamente, el mismo Cervantes. Cómo se ríe de sí mismo, cuando añade: “que son oficios que, aunque lleva el diablo a quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y manejan dineros”.

Que lo sepa este porro de marido. La señora duquesa ya está avisada, Teresa quiere ir a la corte y en coche.

El cura, el barbero y el bachiller no pueden creer lo de gobernador. Incluso se incorpora un desconocido sacristán al grupo incrédulo de fuerzas vivas del pueblo. Tal vez por el refrán que dice “el cura, el sacristán, el barbero y su vecino, todos muelen en un molino; ¡y qué buena harina harán! “. Cosas de tu amo don Quijote, encantamientos. Y el bachiller Sansón que ha de ir a buscar a los dos, para sacarles de los cascos esas locuras.

Teresa se ríe, mira la sarta y piensa en cómo metamorfosear el sayo desgarrado en vestido, para su Sanchica ¿Os acordáis de Sancho colgando en la rama, enganchado a su traje de caza verde? En cuanto a las bellotas, le hubiera gustado que fueran de oro, todo es poco para su “pomposidad”. Pero tú, marido, envíame unas sartas de perlas, si las hay en la ínsula esa.

Y a continuación, la crónica de cotilleos aldeanos. La del pintor de mala mano, que se casa con la Berrueca hija y cambia el pincel por la azada. La demanda de Minguilla al clérigo que le dio palabra de casamiento. Los soldados que se llevaron a tres mozas del pueblo, pero volverán y no faltará quien no haga ascos y las tome como mujeres. Y las escaseces, ni vinagre ni aceitunas.

Y lo apañada que es Sanchica, hace puntas de randas y gana ocho maravedís limpios. Los guarda en una alcancía para su ajuar. Aunque ahora que es hija de gobernador, se lo dará su padre y no tendrá que afanarse meneando los bolillos.

La fuente que secó, el rayo en la picota, nada trascendente escapa a su carta. Espera respuesta a la carta y a lo de la corte. Que Dios te guarde, a ella también y se despide.

Cartas muy reídas por el coro de burladores. Para rematar la diversión, el correo trae la de Sancho que, al leerla, puso en duda la sandez del gobernador. ¡Qué desilusión!

La duquesa coge al paje por su cuenta, para que le cuente extensamente lo que sucedió en el lugar de Sancho, sin obviar un detalle. Recibe las bellotitas y un queso que Teresa considera como mejor que los famosos de Tronchón, que debían gustar mucho a Cervantes.

Dejamos a la duquesa, no sabiendo qué hacer con el queso en la mano. Nos anuncian que veremos el fin del gobierno insulano.

Un abrazo para todos de María Ángeles Merino.

Paco Cuesta dijo...

La verdad es que se nota un cierto alivio al comprobar (pese a la encerrona) que don Quijote no continúa la aventura sin Sancho.

BIPOLAR dijo...

Desde luego sí que ofende la impunidad con la que se "burla" todos los derechos de la clase baja. Eran arrollados sin miramientos por la nobleza.

Me cae mal Teresa Panza, no por bruta, sino por maliciosa. Es una aprovechada que no da un cebollino por su marido y para colmo se abanica con aires de grandeza.