jueves, 2 de septiembre de 2010

Cierre de historias para iniciar el regreso a casa (Cap. 2.65)


No conozco ningún lector del Quijote que haya resistido la tentación de continuar con la lectura de este capítulo inmediatamente terminado el anterior para satisfacer la curiosidad de la indentidad que se oculta tras el misterioso Caballero de la Blanca Luna. Sansón Carrasco, finalmente, tras el primer fracaso -que, además, le picó en el orgullo y sumó a la justificación que en este capítulo expresa (la lástima por un vecino) cierta carga de venganza personal- consigue que el viejo hidalgo vuelva a casa. Él ha proseguido con su plan inicial: vencerlo desde dentro de su fantasía para obligarle a un retorno por un tiempo suficientemente largo que le proporcione sosiego y la posibilidad de recuperar la cordura.

Cervantes, que con el Quijote ha aprendido a jugar con las expectativas del receptor, lo sabía y por eso hace que don Antonio Moreno lo siga hasta el mesón en el que se hospeda: don Antonio Moreno somos nosotros, los lectores y, tras oír la historia en boca de Sansón Carrasco (quien aparece sólo lo estrictamente necesario para dar cuenta de todo y cerrar esta línea argumental de la segunda parte) se expresa como cualquiera de nosotros, lamentándose porque con la derrota de don Quijote se termina el placer de seguir las aventuras. Y como nosotros, aun guarda la esperanza de una nueva salida negándose a creer a don Quijote verdaderamente derrotado:

-¡Oh señor -dijo don Antonio-, Dios os perdone el agravio que habéis hecho a todo el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él! ¿No veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos? Pero yo imagino que toda la industria del señor bachiller no ha de ser parte para volver cuerdo a un hombre tan rematadamente loco; y si no fuese contra caridad, diría que nunca sane don Quijote, porque con su salud, no solamente perdemos sus gracias, sino las de Sancho Panza, su escudero, que cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía. Con todo esto, callaré, y no le diré nada, por ver si salgo verdadero en sospechar que no ha de tener efecto la diligencia hecha por el señor Carrasco.

Esta esperanza de don Antonio, de nosotros como lectores que vemos las pocas páginas que restan para terminar el libro, es alimentada por Cervantes cuando hace soñar aun a su personaje con una nueva salida tras el año de obligado retiro. Pero démonos cuenta: las palabras de don Quijote son respuesta a las de Sancho quien, por una parte, desea volver a casa pero, por otra, se lamenta de perder su prometido condado tras haber renunciado al gobierno de la ínsula: y así, vienen a volverse en humo mis esperanzas. No está ya don Quijote para soñar bajo el peso de su impulso inicial, sino sólo intenta no desengañar a su compañero.

Don Quijote ha sido derrotado y si alguna duda nos cabe, el resto del capítulo lo constata. La aventura pendiente -el rescate de don Gregorio de Argel y los planes para el futuro de Ricote y su hija que comentaremos el lunes- se soluciona sin que él intervenga para nada.

El capítulo se cierra en un breve párrafo final. Ya sabemos de la tendencia de Cervantes a no prolongar los finales de las aventuras con enojosas explicaciones. Con pocas palabras se inicia el significativo camino de regreso a casa: hay que desandar lo andado, pero ya sin grandes esperanzas futuras porque el camino es el conocido y no queda nada por descubrir.

Veremos cómo se inicia este regreso el próximo jueves, al comentar el capítulo LXVI.

23 comentarios:

pancho dijo...

DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.65
El capítulo viene marcado por el regreso triste a La Mancha de nuestros protagonistas, mezclado con el júbilo y alegría del reencuentro de los enamorados, para que no todo sea la creciente melancólica tristeza de DQ vencido y desarmado.

No faltan en el relato abundantes referencias espacio – temporales en un capítulo de los más dinámicos, pleno de desenlaces y soluciones poco creíbles, siempre a favor de obra, de los conflictos de Ricote y el renegado que la novela tenía por resolver. Aquí se desvela el misterio del Caballero de la Blanca Luna. Aprendemos a arreglar los papeles de los que, siendo tan españoles como los garantes de la pureza de origen, necesitan salvoconducto y recomendación para volver a establecerse en su tierra tras la ausencia.

Las playas de Barcelona son testigo de la convergencia de los relatos de la derrota de DQ y de la expulsión de los moriscos en una nueva mezcla inteligente de dos planos narrativos distintos: la ficción de DQ y la cruel realidad del momento. No deja de ser una ironía la referencia a don Bernardino de Velasco, uno de los máximos artífices de la expulsión.

Tres meses dura la persecución de Sansón Carrasco. Emprende el regreso desprovisto de su coraza de caballero andante tras la misión cumplida, pero indispensable para que DQ se sienta derrotado y no recurra al viejo truco infalible del encantamiento. Seis días la convalecencia de DQ del mal que le aparta un año de los caminos. Dos días después de la partida de don Antonio Moreno y don Gregorio, parten DQ y S.

En efecto, la curiosidad por descubrir quién era el caballero que les había desbaratado el juguete de diversión lleva a don Antonio a seguirle hasta un mesón de la ciudad. En una sala baja, se presenta como Sansón Carrasco, paisano de DQ y S y le confiesa que lleva tres meses vestido de DQ, persiguiendo al caballero para devolverle a casa por la lástima que le da y que “vuelva a cobrar su juicio un hombre que le tiene bonísimo, como le dejen las sandeces de la caballería”. Don Antonio promete no contarle a DQ la verdadera identidad del Caballero de la Blanca Luna aunque espera que el intento de poner cordura en el hidalgo fracase “porque con su salud, no solamente perdemos sus gracias, sino las de Sancho Panza”. Sansón Carrasco se despoja de su disfraz y aquel mismo día regresa a La Mancha.

pancho dijo...

DQ pasa seis días “marrido, triste, pensativo y mal acondicionado” dándole vueltas a su derrota, pero con la esperanza de que el tiempo de un año no se le haga largo y así poder satisfacer la ambición mermada de S que le consuela y aconseja “volvámonos a nuestra casa y dejémonos de andar buscando aventuras por tierras y lugares que no sabemos” a pesar de que él es el que más pierde con la vuelta: volver tan pobre como salió, sólo le queda la esperanza, cada vez más lejana e improbable , de un condado.

Don Antonio se regocija del regreso de don Gregorio más que DQ. El hidalgo no olvida el rechazo que obtuvo su ofrecimiento de ir a Berbería a liberar cristianos. Cae en una profunda tristeza al recordar que su realidad ya no le permite empuñar las armas al menos hasta después de un año. El optimismo del escudero vuelve a ser el apoyo más seguro para su amo, sumergido como está en una melancolía que se agranda por momentos.

El regreso del navío del renegado de Berbería con don Gregorio a bordo pone punto final a la historia de Ana Félix y su padre Ricote: representa el triunfo del amor que se sobrepone a los contratiempos y dificultades con estas bonitas palabras de silencio que marcan el reencuentro de dos enamorados: “El silencio fue allí el que habló por los dos amantes, y los ojos fueron las lenguas que descubrieron sus alegres y honestos pensamientos”.

Ricote paga el trabajo del renegado y remeros con generosidad. No tiene reparo en cambiar de chaqueta espiritual al calor de tanta abundancia morisca, como también se hizo cargo de los gastos de gestión requeridos por la mediación de don Antonio en la corte para la obtención de los papeles para él y su hija. Únicamente el fanatismo de don Bernardino de Velasco, uno de los impulsores de la expulsión, parece ser imposible de doblegar con dádivas.

Y llega la hora triste de las despedidas, esta vez sin lágrimas. Don Antonio coloca a cada uno en su sitio. Aloja a Ricote en casa del virrey. A Ana en la suya propia. Él y don Gregorio se ponen en marcha. Dejará al joven en La Mancha, camino de la corte, al tiempo que nos deja el capítulo con la imagen de los cuatro protagonistas desandando el camino. Vacía de quijotes dejan atrás Barcelona. DQ, abatido y desarmado a lomos de Rocinante. S andando. Su rucio cargado con la armadura y armamento de su amo. Imagen de desolación y derrota, pero con la esperanza no perdida de recuperación del tiempo perdido tras un año de parada.

Abejita de la Vega dijo...

Don Antonio, el guasón de don Antonio, está “que no se le cuece el pan”. No para hasta saber quién demonios ese otro “caballero andante”, el que ha vencido a don Quijote. Y ¿quién ha tenido la ocurrencia de dar continuación a su broma? ¡Le ha salido un competidor! ¿Será posible?

El uno va detrás del otro, con el inevitable cortejo de chiquillos, hasta llegar a un mesón, donde un escudero recibe al de la Luna, para desarmarlo. O mejor desarmarle, al estilo cervantino que prefiere el “le” al “lo”.

El de la Blanca Luna se da cuenta de la persecución y piensa que aquel caballero trata de conocer su identidad. No hay problema, tiene el discurso preparado.

Se presenta como bachiller Sansón Carrasco, paisano de don Quijote, de cuya “locura y sandez” tienen lástima todos los que le conocen. Él piensa que en la aldea, en el reposo con los suyos, está el remedio a sus males. Y si le sigue es para obligarle a volver a su tierra.

Cuenta que le sale al camino como “Caballero de los Espejos”, hace ya tres meses, con intención de pelear con él, sin hacerle pupa, pactando que el vencido obedeciese al vencedor. Una vez vencido,el de los Espejos le pediría que volviese a su lugar y no saliese en un año; mas la suerte se tuerce y es don Quijote quien vence, en aquella ocasión, haciéndole caer del caballo.

Molido y corrido, vuelve a su pueblo el de los Espejos; mas no se le quitan las ganas de regresar y rendir a don Quijote. Y así lo hace, como don Antonio ha visto, en la playa de Barcelona.

Suplica el de la Luna que no le descubra ni diga nada a don Quijote, para que pueda recobrar el juicio y librarse de sandeces caballerescas.

Para don Antonio, don Quijote sólo es un “gracioso loco” y reprocha a Carrasco su deseo de des-locarle, puesto que interesa más loco que cuerdo. Además, no se esfuerce, que no va a poder con un loco tan loco. Y se queda con ganas de decir la mayor burrada: que no sane nunca porque nos perdemos sus gracias... y las de Sancho que son tan grandiosas que curan la "depre" . Y después de haber largado todo , dice que se calla.

Carrasco tiene fe en el éxito de su empresa, se despide de don Antonio y sus ofrecimientos y vuelve a su patria.

Corre Moreno a contar esto al virrey, que no recibe ningún gusto de la noticia. ¡Nos quitan el juguete!

Don Quijote está seis días en el lecho , tristísimo, dando vueltas a su derrota. Sancho, a su cabecera, le consuela e intenta hacerle ver el lado bueno de su fracaso. Sin costillas rotas y sin necesidad de médico, que su enfermedad es del alma, especialidad no incluida en la medicina del XVII. Y tras desgranar un par de refranes, le anima a dejarse de aventuras y volver a casa.

Pero, de golpe y porrazo, al sensato escudero vuelve a la locura y se lamenta de sus esperanzas vueltas en humo. Ya no va a poder ser conde si don Quijote abandona la caballería y desperdicia la ocasión de ser rey.¡Rey! ¿Cree Sancho Panza ese grandísimo disparate? ¿O está tratando de localizar la tecla que, pulsándola, saque a su señor de ese pozo en que está metido?

Efectivamente, la ocurrencia de Sancho consigue espabilar a su decaído señor, que le manda callar y le asegura que, a la vuelta de un año, volverá y no les faltará ni reinado ni condado.

El escudero, que no soporta ver así a don Alonso, respira momentáneamente aliviado. Dios lo oiga... y encaja el refrán ese de “más vale buena esperanza que ruin posesión”.

En esto están, cuando entra don Antonio anunciando la llegada de don Gregorio y el renegado...


(Sigue)

Lola dijo...

Pedro cuando me encuentro con estos comentarios anteriores me siento un poco analfabeta. Me gusta seguir leyendo pero no ser capaz de comentar me hace sentir un poco fuera de juego. Un saludo

Myriam dijo...

"Desandar lo andado, volver a casa".... Se acerca el final y no me gusta.

Asun dijo...

Querido Pedro, he de decirte que ha sido hasta el día de hoy que no conocías a nadie que haya resistido la tentación de seguir leyendo, porque yo me mantuve firme.

No es que no me picara la curiosidad, sino que, afortunada o desgraciadamente (creo que más bien desgraciadamente), tengo un sentido de cumplimiento de la NORMA y del DEBER demasiado desarrollado, y si a mi me dicen que hay que leer sólo un capítulo por semana, lo cumplo a rajatabla. Sólo me he permitido saltarme la norma al principio cuando me subí al carro y quería daros alcance.

También es verdad que algunos de los participantes desvelaron el secreto bien en los comentarios o en sus entradas, y eso ayudó, claro.

Volviendo a nuestros protagonistas: da pena pensar que para ellos la aventura ha llegado a su fin y para nosotros también se va acercando.

Besos

Jan Puerta dijo...

Apreciados amigos, la respuesta a la pregunta que formulé la semana pasada en referencia a la imagen que acompañaba la entrada, he de deciros que la correcta es la C. Le pregunté directamente si había leído El Quijote. Su gesto fue explicito y vino acompañado de un comentario muy curioso... "Lo tengo en casa pero nunca he terminado el prologo"
.- Sáltelo y vaya directo a los capítulos. Siempre hay tiempo para el prologo.
Su dedo índice creo recordar que siguió diciéndome no.
Un abrazo

Mas parece el inicio de algo que no el final de lo que está por venir. Lástima que ya sepamos demasiado de lo que viene. Lástima.

Merche Pallarés dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Merche Pallarés dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Merche Pallarés dijo...

A mi ya me está dando una pena... Besotes tristones, M.

Merche Pallarés dijo...

El comentario suprimido es el mio porque se grabó dos veces. M.

marga dijo...

- NO podemos decir que Sansón Carrasco no sea un personaje pertinaz, fracasado el primer intento por llevar a DQ a casa, ésta vez a logrado vencerle.
- La pena expresada por D. Antonio es la misma que la nuestra
- El estado de DQ también mueve a lástima, triste y desconsolado.
- Hasta Sancho está mohíno en este capítulo que ve esfumarse sus sueños
- Todo huele a final, cagüeeennn

Paco Cuesta dijo...

Vestido de camino, con sus armas sobre el rucio, la vuelta ha de ser triste por necesidad.

Cornelivs dijo...

No, no ha sido un sueño, Y ojalá lo hubiera sido. Pero no: D. Quijote ha sido real y verdaderamente vencido en la playa de Barcelona, y creo que el lector se queda frotandose los ojos, incrédulo ante esta derrota, que sucede cuando menos lo esperabamos. ¡N’est pas possible! Parece una broma del destino, y buscamos alguna explicación: quizás Arcalaus, Merlín, Frestón o algun otro encantador haya hecho otra vez de las suyas: pero no. D. Quijote ha sido vencido, esta vez sí, y ha de regresar a su casa.

Nada es eterno, y todo se acabó: D. Quijote no podrá volver a levantar espada, la cual ha de cambiar por la “rueca”, como el mismo reconoce en un deje de amargura profunda.

Y por fin nos enteramos de quien es, en verdad, el caballero de la Blanca Luna, aunque ya nos lo barruntábamos. Cuando leí por primera vez el Quijote (yo era un niño de doce años) me deprimí enormemente leyendo el episodio de su derrota; pero luego, al saber en el capitulo siguiente (el 65, el que comentamos esta semana) quien era el caballero de la Blanca Luna (Sanson Carrasco), lloré, pero de ira, de rabia, de indignación contenidas; no comprendía como el bachiller podia enfrentarse a D. Quijote. ¿Qué motivos tenía? Interrumpí la labor de mecanografiar la novela casi un mes, me quedé en el capitulo anterior a éste, aunque luego la reanudé, y finalmente la culminé, lo recuerdo perfectamente. Pero es como si el Quijote hubiera perdido sabor para mí, casi perdí mi interés por leerla, y termine de mecanografiarla -lo confieso- casi como un autómata.

¿Volver a su pueblo durante un año entero? Si; el odioso bachiller, “socarrón”, “de nariz chata”, "boca grande", “carirredondo”, de “maliciosa” condición, “perpetuo trástulo y regocijador de los patios de las escuelas salmanticenses” y “amigo de donaires y de burlas” (las palabras entrecomilladas son del propio Cervantes, recordémoslo, al cual deduzco que no debia de caerle muy bien dicho personaje, parece obvio) vence sin misericordia a D. Quijote y nos priva, a todos, lectores de ayer, hoy y de siempre, del gozo de sus aventuras. Y no me fiaba (y ahora, con mis 45 años, menos aún) de sus intenciones: creo que volvió a enfrentarse con D. Quijote por simple venganza, no con la buena intención con la que, falsamente, le habla a D. Antonio Moreno (tengamos memoria y recordemos las palabras del bachiller cuando era el caballero de los Espejos y fue vencido: “…y no me llevará ahora a buscarle el deseo de que cobre su juicio, sino el de la venganza, que el dolor grande de mis costillas no me deja hacer más piadosos discursos”).

Cornelivs dijo...

y II.

Otra cuestión es el por qué Cervantes elige al bachiller como causante de la ruina final de nuestro querido hidalgo: quizás para que las generaciones futuras le tuviesen la misma antipatia (o parte de ella) que, estoy seguro, Cervantes ya sentia hacia Carrasco, el cual pasara a la historia como el gilipollas de turno y graciosillo ocurrente, cuya odiosa socarronería acabó con el sueño de D. Quijote. La madre que lo parió. Bueno, contente un poco y frena tu ira, Cornelivs, pues, al fin y al cabo: ¿no es Carrasco una representación de la realidad? ¿No es la vida algo burlesco y socarrón, que nos despierta de nuestros sueños a golpes de realidad?

Pero hay otra cosa mas: las palabras que D. Antonio Moreno dirige a Carrasco cuando éste revela su identidad y los motivos de su actuar. Estas palabras me hacen aplaudir a D. Antonio Moreno, y me lo confirman como hombre bueno, cuya intención era divertimento sano a costa de D. Quijote, pero con un limite de nobleza. Y me explico. Fijémonos en la enorme diferencia que existe en el comportamiento que con D. Quijote guarda D. Antonio Moreno -de quien Cervantes no dice que fuese noble ni nada por el estilo- y los duques. ¡Que enorme diferencia con la perversa e incalificable burla continua de los odiosos duques hacia D. Quijote! A estos duques tan majaderos no le importaban un pimiento la salud fisica ni psiquica del hidalgo manchego; no tenian en cuenta que detrás de D. Quijote vivia Alonso Quijano, un ser humano, y no le mostraron respeto ni conmiseración alguna, lo unico que querian era divertirse a toda costa de él, pasara lo que pasase, querian tener un bufón gratis todo el tiempo que les fuese posible. Menos mal que por fin nos libramos de ellos. (¿O no?)

Veamos ahora lo que dice D. Antonio Moreno.

-¡Oh, señor —dijo don Antonio—, Dios os perdone el agravio que habéis hecho a todo el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él! ¿No veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos? Pero yo imagino que toda la industria del señor bachiller no ha de ser parte para volver cuerdo a un hombre tan rematadamente loco; y, si no fuese contra caridad, diría que nunca sane don Quijote, porque con su salud no solamente perdemos sus gracias, sino las de Sancho Panza su escudero, que cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía. Con todo esto, callaré y no le diré nada, por ver si salgo verdadero en sospechar que no ha de tener efecto la diligencia hecha por el señor Carrasco.

Estas palabras me dan a entender que D. Antonio Moreno muestra mucha mas nobleza: se divierte enormemente con D. Quijote, pero no parece divertirse de él, sino con él, e intenta demostrar hacia el mismo una nota de humanidad y hasta de cariño. Yo creo percibirlo así: D. Antonio Moreno no dice que se ria de D. Quijote, sino del “gusto que da con sus desvarios”, es decir, con su comportamiento y con sus acciones; y muestra disgusto, por la partida del hidalgo, pero al mismo tiempo caridad hacia D. Quijote.

Paso por alto el suceso de Ricote con Ana Felix.

São dijo...

E para quê prolongar os finais?

Abrazos, Pedro mio.

Abejita de la Vega dijo...

Entra jubiloso, pidiendo albricias al señor don Quijote, por la buena noticia, como antes se hacía. Está en la playa, informa. ¡No es poca la velocidad de aquel barquito! Y, acelerado, rectifica: nooo, ya está en la casa del visorrey y enseguida se presentará aquí. ¡La diversión sigue! Esto empezaba a decaer…

Don Quijote se alegra y está a punto de decir que le hubiera gustado fuera al revés y tuviera él que ir a Berbería, para dar libertad a don Gregorio y a todos los cristianos cautivos allí. Pero, enseguida, cae en la cuenta de su triste situación. Miserable, vencido, derribado, un año desarmado…Puede usar la rueca, cosa de mujeres, mas no la espada.

Sancho le dice que deje esas lamentaciones, que así es la vida: caerse y levantarse. No podía faltar un buen refrán:”viva la gallina, aunque con su pepita”. Nada de desmayos, levántese que ya viene por ahí don Gregorio con el renegado. Aunque le sacan de Argel con ropas femeninas, en el barco las cambia por unas de hombre. Se ponga lo que se ponga es hermoso sobremanera y su edad no pasa de los dieciocho, edad de ser codiciado…uy, qué peligro.

Ricote y su hija salen a recibirle. Mientras el padre lloriquea, la hija contiene sus sentimientos, qué frialdad. Gregorio y Ana Félix, dos bellezas juntas que ni siquiera se abrazan. Habla el silencio, los ojos leen en los honestísimos pensamientos del otro.

Cuenta el renegado cómo se las apañó para sacar a don Gregorio. Cuenta brevemente don Gregorio los apuros que pasó con aquellas mujeres maduritas con quien vivió, vestidito de mujer. Tal vez, el muchacho calle algo. Es tan discreto este mayorazgo.

Ricote paga generosamente al renegado y a los del remo. El renegado tiene que reconciliarse con la Iglesia, a base de penitencia y arrepentimiento público. Como si el pobre hombre no hubiera hecho suficientes méritos…¡Pobre renegado sin nombre!

El visorrey y don Antonio estudian de qué modo se podrían quedar, en España, Ana Félix y Ricote. Tan cristiana la hija y tan bien intencionado el padre. Don Antonio se ofrece para ir a la corte, la conoce bien y da a entender que, con favores y dádivas, se sortean las dificultades.

La respuesta de Ricote no puede ser más impropia de un morisco expulsado. Este discurso de una víctima dando la razón a sus verdugos es tan impensable que sólo se me ocurre pensar en eso de “al revés lo digo para que me entiendas”.

Ricote replica que con don Bernardino de Velasco, conde de Salazar, a quien encargó el Rey la expulsión, no valen favores ni dádivas. El buen hombre mezcla misericordia con justicia, pero como la mayor parte de la nación morisca está tan contaminada y podrida, tiene que usar el hierro al rojo vivo en lugar del bálsamo bebé. Y, con prudencia, sagacidad, diligencia y miedos, ha llevado el peso de esta gran labor. Y no se ha dejado deslumbrar con las trampas moriscas, él siempre alerta por si alguno se le escapa. No quede por ahí alguna raíz que luego se convierta en frutos venenosos, en esta limpísima España. ¿Tremendas palabras las de Ricote!

Como broche final proclama la “Heroica resolución del gran Filipo Tercero” y la prudencia de don Bernardino. ¡Tremendo decoro del personaje!

Don Antonio hará las diligencias y el cielo verá. Don Gregorio irá con sus padres, Ana en su casa o en un monasterio y Ricote en la del visorrey. Ya está y el visorrey de acuerdo. Así se hará.

Llega el día de la partida. Don Antonio se va a la corte y don Gregorio a su lugar, despidiéndose de su Ana con mucho sentimiento de ambos. Dos días después, parten don Quijote y Sancho. Don Quijote sin armas y vestido de camino. Sancho tiene que ir a pie porque el rucio lleva la chatarra.

Un abrazo para todos de María Ángeles Merino

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Coincido contigo hasta en mi entrada, que colocaré mañana. Todo lo que comienza acaba, y Cervantes casi ha cumplido su cometido: la crítica mordaz a las novelas de caballerías, un final de aventura sin el triunfo del Caballero. Saludos.

Aldabra dijo...

después de haber leído esta mañana tres capítulos juntos ya llegué al 65 que es el que me toca próximamente.

a ver si sigo leyendo más como dices tú.

biquiños,

Antonio Aguilera dijo...

Perdón, Pedro por mi tardanza.

Capítulo 2.65

Capítulo en el que Sansón Carrasco se quita la máscara de caballero de la Blanca Luna. Se nos informa sobre los seis días que estuvo don Quijote convaleciente guardando cama; y del resultado de la liberación de don Gregorio.

Estaba don Antonio Moreno ansioso por descubrir la identidad del caballero de la Blanca Luna, por ello le siguió por las calles de Barcelona acompañado de una tropa de muchachotes; hasta que, el del albo astro, no tuvo más remedio que comunicarles que bajo aquella máscara se ocultaba el bachiller Sansón Carrasco, Vecino del “lugar” (de cuyo nombre nadie se acuerda) o aldea de don Quijote; y que, por la gran lástima que le tenía (él el que más), al haber perdido el juicio “un hombre que le tenía bonísimo”, hacía tres meses que salió en su busca para, después de negociar las condiciones para su vuelta, retarle, vencerle y retornarle a su “lugar” de La Mancha (que tendrá premio el que su nombre “averigüaye”) durante, al menos, un año; tiempo suficiente para que el hidalgo recobrase el juicio.

No estaba de acuerdo don Antonio con los principios “altruistas” que movían al bachiller, pues con ellos infringiría un gran perjuicio a la humanidad:

"-¡Oh señor -dijo don Antonio-, Dios os perdone el agravio que habéis hecho a todo el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él! ¿No veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos? (...)
“Porque con su salud no solamente perdemos sus gracias, sino las de Sancho Panza, su escudero, que cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía”.

Tuvo don Quijote que descansar durante seis días en cama (por llevarle la contraria al que “trabajó” durante seis días y al séptimo descansó) los cuales estuvo triste, pensativo y ojeroso. Se esforzaba Sancho en consolarle, haciéndole ver que quien más perdía con aquella derrota era él, no pudiendo ya aspirar a ser conde.

A su vez, don Quijote animaba a Sancho, diciéndole que su reclusión y retirada no habían de pasar de un año, después del cual -sentenció- “Volveré a mis honrados ejercicios”. No ha de extrañarnos este aserto de don Quijote, pues ha muchos capítulos que nos dijo: “Caballero andante soy y caballero andante he de morir”

En esta conversación estaban caballero y escudero, cuando entró don Antonio a darles la buena nueva de la liberación y llegada del renegado y don Gregorio. Salió Ricote y su hija Ana Félix a recibirlos. Ella no abrazó a su amado don Gregorio porque, según el verdadero autor de esta historia, “donde hay mucho amor no suele haber demasiada desenvoltura” (mírame, pero no me toques). “El silencio fue allí el que habló por los dos amantes, y los ojos fueron las lenguas que descubrieron sus alegres y honestos pensamientos” (Regla de oro para el buen funcionamiento de la pareja, que deberíamos aplicarnos las comunes de las mortales parejas: “María, el silencio éste con el que me estás obsequiando durante media hora es maravilloso, no lo rompas aún”. Creo que fue de Carlos Fuentes de quien escuché que, sólo en compañía de un par de amigos muy íntimos, se podía permitir el lujo de intercalar unos largos silencios durante una conversación , a veces de más de diez minutos).

Acaba el capítulo con la promesa hecha por don Antonio a Ricote, hija y yerno, de llevar su caso a la corte para que lo revisaran y anularan su expulsión, ya que ellos, aunque de ascendencia morisca, ahora eran más cristianos que el primero y más “güenos quel pan”. Difícil misión la que se proponía don Antonio, sobretodo leyendo la descripción que de don Bernardino de Velasco, conde de Salazar, a quién dio su Majestad poderes para la expulsión de los moriscos, hace Cervantes de quien dice que con él “no valen ruegos, no promesas, no dádivas, no lástimas”.

Antonio Aguilera dijo...
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Señor De la Vega dijo...

Menos mal, que se acerca el final, pensaría Cervantes, porque entre otras razones, necesitaba publicarlo para desfacer entuertos, cobrar unos buenos sueldos y así terminar su obra más perfecta e importante, es decir la próxima (Persiles y Segismunda). Otra cosa será cuando llegue el último capítulo, donde seguramente revisará cien veces hasta el más mínimo sentido en sus palabras, para que no le coma el desconsuelo futuro de no haber dicho lo que debía ser dicho, pero a esta altura de la novela, aún en Barcelona, todavía anda necesitado de introducir contenido y depriesa, en su gafas testamentales cervantinas, antes de llegar hacia lo que sí será el fin.

Sobre la derrota, tanto en el capítulo anterior como en éste, repito con ahínco que no hay tal derrota, de hecho toma el derrotero de su pueblo, que solo en esa acepción Cervantes usa el término en su obra, sí existe vencimiento de Don Quijote como otras veces a lo largo de obra, pero nada más, muchas acepciones tenía esa palabra en su momento y tiene ahora, supongo que bastantes inspiradas en esta misma obra.
Merece un estudio de Cervantistas o sobrados de tiempo.

Tampoco le aniquilan, término justamente usado por el Caballero durante sus aventuras, pero no será este el caso, al contrario en unos días está recuperado y dispuesto a vivir nuevas aventuras como Don Quijote (aunque con la promesa de no usar su poderío), nuevos diálogos estupendos con su elevadísimo escudero Sancho y así, este capítulo es solo el final de otra etapa en sus salidas, una etapa más (que sabemos final como lectores frente a unas pocas páginas que quedan, pero no por lo leído) y de vuelta a su hacienda donde él derrota a su casa con más dignidad que lo que significó ir forzoso "dentro de una jaula sobre un carro de bueyes, como quien trae o lleva algún león o algún tigre, de lugar en lugar, para ganar con él dejando que le vean".

No volverá humillado esta vez Don Quijote, sino como un caballero a la espera, pues en la espera reside el seguir siéndolo (y no perdió ni armas ni caballo, aunque se muestren agotados por el tiempo), así está claro que regresa como un hombre de palabra (honor no le falta), sí, vencido pero con fama por escrito, vencido sí, pero con su Dulcinea y además engrandecido, vencedor de su nombre, nótese que todos se refieren a Don Alonso de Quijano por su nombre de loco Don Quijote (incluso cuando no viene al caso), así que todos lo ven y reconocen como él se ve, dispuesto a seguir siendo Quijote y así lo certifica Don Antonio Moreno, y ya veremos el modo en que tiene oportunidad de demostrarlo mientras regresan.
Suyo, Z+-----

BIPOLAR dijo...

Pescar la amargura en las palabras de Pedro Ojeda (otros lo denominarán realismo, incluso el autor de las mismas)

"vencerlo desde dentro de su fantasía"

"ya sin grandes esperanzas futuras porque el camino es el conocido y no queda nada por descubrir"

Rescatar el amor que veneraba Cervantes:

"donde hay mucho amor no suele haber demasiada desenvoltura"

"El silencio fue allí el que habló por los amantes, y los ojos fueron las lenguas que descubrieron sus alegres y honestos pensamientos"

Y de mi querido Sancho Bruto:

"más vale buena esperanza que ruin posesión"

Y de mí misma:
Nada más. Cervantes es el tren de aterrizaje de cualquier aeroplano.
Y A MÍ ME GUSTA "BOLAR"