miércoles, 11 de diciembre de 2013

El paseante descubre la Catedral de Burgos


Y estaba allí y no la veía. De tanto ceño y urgencia la ciudad se me había hecho laberinto oscuro y frio. El horizonte era la punta de mis zapatos. No sé cuántas esquinas he doblado en estos tiempos sin encontrar el camino. De pronto, las cosas han ido más lentas y hubo una intuición de luz y altura. Fue pasar de la sombra a la luz más deslumbradora. Como si todo se hubiera preparado para que este día -gozoso y preciso- surgiera delante como si nunca hubiera estado allí o como si alguien, con la ternura de quien te conoce y quiere, la hubiera restaurado solo para ese momento en el que el sol, al doblar aquella esquina, abría la penumbra de las calles y consiguiera marcar la salida del laberinto y que te reconciliaras con ella.

17 comentarios:

Spaghetti dijo...

La Catedral de Burgos y las Américas, siempre estuvieron ahí, pero tuvo que llegar alguien a descubrirlas para transmitir su belleza.

Edurne dijo...

Descubrir y descubrirnos.
Nosotros que también estamos en el mismo centro de ese laberinto que es la vida.
Esquinas que se apartan a nuestros pasos, y horizontes que despegan de las puntas de nuestros zapatos...
Los gozos y las sombras, huy, eran las luces y las sombras, qué más da, si es todo lo mismo: a la noche le sigue siempre el día.

Buen paseo, caminante!
Buen camino, paseante!

Besos
;)

mojadopapel dijo...

Esa misma sensación tuve en Colonia al ir paseando por una calle comercial y encontrarme de pronto,sin avisar, ante esa maravilla gótica...eso sí, sin ceño y sin niebla.
¡Quita ese ceño que te va a salir una arruga profunda!

santiagopuelche dijo...

hermosa foto , es como un espejismo ese edificio al fondo tan luminoso

abrazos Pedro

María dijo...

Descubrir la ciudad y sus encantos, encontrarse con la Catedral, y beber de su belleza, y arte, olvidándose del frío del día y las sombras de la noche.

Preciosa fotografía, Pedro.

Un beso.

XuanRata dijo...

Conozco ese momento en que las esquinas se desdoblan.
Esa fachada de resplandor puro al fondo y tu gesto de invitación valen más que todas las postales de la catedral de Burgos juntas.
Un abrazo.

Natàlia Tàrraco dijo...

Asombrosa sorpresa a la vuelta de la esquina.

Abejita de la Vega dijo...

Viví una infancia a la sombra de la Catedral, demasiada familiaridad. Llegué a jugar al escondite entre sus capillas. Por eso, me gustaría descubrirla como tú, con ojos de fuera. El rayo de luz hizo su labor.

Gracias por las palabras que le dedicas, un bello homenaje. Y la foto de un buen fotógrafo.

Recuerdo cuando Esquivias me la convirtió en ser vivo, se quejaba y se enfadaba. Y uno de los personajes la calificaba de gabacha. Y aquel día tuve que abrigarme e ir a la catedral, fue también un descubrimiento.

Besos

Tomás Martinez Fernandez dijo...

Ante los mármoles Elgin por primera vez

Mi espíritu es muy débil: la condición mortal
Me abruma con su peso de sueño no querido
Y toda imaginada profundidad o cima
De angustia de los dioses me dice: "Has de morir"
Como un águila enferma que mira hacia los cielos.
Lujo reconfortante es lamentar, aún,
Que yo no tenga el viento de nubes que guardar
Fresco cuando aparece el ojo de la aurora.
Esas glorias mentales, apenas concebidas,
Llevan al corazón indescriptible pugna;
Y aquellas maravillas, un voluble dolor
Que funde la grandeza helena con la burda
Quiebra del tiempo antiguo, con un mar ondulante,
Con un sol, una sombra de lo inmenso.

Myriam dijo...

Cierto, siempre hay una salida del laberinto. Pero he de reconocer que eso de mirar la punta de tus zapatos tiene sus ventajas, sobretodo cuando las calles están rotas y ofrecen buenos huecos donde meter el pie con el consecuente ¡Cata Plum, PLof, Plaf! para los que solemos ir papando moscas.

Besos radiantes y catedralícios.

Pamisola dijo...

Bello descubrimiento, aunque sea tarde. Suele pasar.

Besos.

virgi dijo...

La luz que tanto deseamos y nunca sabremos en qué momento nos alumbrará.
Besos

Luis Antonio dijo...

Cuand no se tiene más horizonte que "la punta de los zapatos" o del propio ombligo... nos pasan muchas cosas desapercibidas.

DORCA´S LIBRARY dijo...

A veces me ha sucedido que he pasado muchas veces por un sitio, sin verlo. Hasta que un día he despertado y me he dado cuenta de un bello rincón, de un trozo de jardín, de una preciosa fachada. Cosas que estaban ahí desde hacía un montón de tiempo, y ni me había percatado. Hay tanta belleza a nuestro alrededor. Sólo tenemos que levantar la mirada, olvidarnos de nosotros mismos y disfrutar.
Ultimamente me da por mirar hacia arriba, buscando la parte más alta de los edificios. Así he descubierto áticos que parecían estar camuflados entre el humo de las calefacciones. Cuando descubro uno, me pongo a imaginar historias...
Saludos.

PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, apreciado profesor Ojeda:

Hay situaciones y urgencias que nos impiden que levantemos la mirada del empedrado, cuando un pequeño giro bastaría para que la luz nos inundase.
Qué belleza la Catedral.
Leo el poema de John Keats
que ha dejado Tomás Martínez y añado:

A quien en la ciudad estuvo largo tiempo confinado

A quien en la ciudad estuvo largo tiempo
Confinado, le es dulce contemplar la serena
Y abierta faz del cielo, exhalar su plegaria
Hacia la gran sonrisa del azul.
¿Quién más feliz entonces si, con el alma alegre,
Se hunde fatigado en la blanda yacija
De la hierba ondulante y lee una acabada,
Una gentil historia de amor y languidez?
Si, atardecido, vuelve al hogar, ya en su oído
La voz de Filomela, y acechando sus ojos
La fúlgida carrera de una pequeña nube,
Lamenta el deslizarse del presuroso día,
Desvanecido como la lágrima de un ángel
Que cae por el éter claro, calladamente.

Saludos.

Paco Cuesta dijo...

En mi caso es Ella la que me descubre, soy otro distinto tras pasar por sus claustros.
Me alegro

dafd dijo...

Parece un sueño en ese laberinto de sombras. El sueño de unos hombres que la imaginaron antes de verla erigida. El proceso de creación es similar al de caminar sin un hilo de Ariadna por oscuros meandros hasta que, de pronto, la luz.