miércoles, 18 de junio de 2014

La risa del Espacio Europeo de Educación Superior en la Universidad española

Al inicio de la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior en la Universidad española escribí aquí una serie de entradas (para los que quieran comprobar mi opinión, véanse las correspondientes a 2008 y 2009 de la etiqueta "Universidad" en este blog) en las que mostraba mi esperanza de que fuera aquella la ocasión de corregir los síntomas de evidente decadencia que mostraba el sistema universitario español incluso en aquellos tiempos de bonanza económica.

También mostraba mis temores de que los cambios se realizaran por el peor de los caminos posibles porque ya desde el inicio percibía un carácter de improvisación y una gran diferencia entre la teoría y la práctica. La crisis económica y la toma de decisiones políticas de las dos últimas legislaturas han echado por tierra una reforma adecuada.

En estos momentos, la Universidad española se encuentra nadando entre dos aguas. Ni se ha desprendido del todo del sistema anterior ni ha llegado del todo al nuevo, arrastra vicios y maneras superables de la antigua Universidad -mala planificación de las plantillas y de los estudios, reinos de taifas, poderes locales, estructuras administrativas y de órganos de gestión obsoletas y en ocasiones sin competencias efectivas pero que generan burocracia y gastos económicos- y no ha podido o sabido desarrollar las ventajas de lo nuevo -mayor flexibilidad, dotación de infraestructuras, implicación con su entorno socioeconómico, etc.

Un ejemplo concreto es lo que sucede con la reducción de los programas de ayudas al estudiante universitario. El Espacio Europeo de Educación Superior en un momento en el que el neoliberalismo se ha convertido en el ideario único de nuestros gobernantes nos lleva a terrenos peligrosos en cuanto a la igualdad social, por ejemplo. Pero eso no estaba en el núcleo del EEES sino en su desarrollo y aplicación. Y deberíamos tenerlo en cuenta cuando depositamos nuestro voto cada cuatro años.

Otro ejemplo es lo que sucede con el apoyo a la investigación universitaria, una de las primeras víctimas de la crisis económica. Nuestros investigadores, formados en el sistema público español, se han ido a cientos a investigar fuera de España en estos últimos años o han abandonado la investigación para siempre. Esto tampoco estaba en el EEES -todo lo contrario- sino que ha sido causado por decisiones políticas concretas.

Formalmente se han cubierto las expectativas, como se presume en cuanto hay ocasión -no cabía otra posibilidad, estábamos obligados por normas europeas- y ya no tenemos un sistema de licenciaturas y diplomaturas sino uno de grados y postgrados, una programación basada -aparentemente- en competencias y evaluación continua. Seguimos expidiendo títulos a buen ritmo y sin demasiada autocrítica.

Pero han surgido los primeros problemas donde no debiera haberlos: en su coherencia con el sistema de títulos europeos que venía a igualar y homologar de una vez por todas y en la validez para acreditar profesionalmente. Como si nadie lo hubiera estudiado antes de comenzar la reforma.

España optó por un peculiar formato de titulaciones y adoptamos el sistema de grados de cuatro años más máster. No escondamos las razones, no se hizo por la calidad de la enseñanza sino por:

1º.- Dar cabida en las nuevas titulaciones a una plantilla de profesorado poco planificada, mirando más hacia el número de profesores de cada área y centro sin pensar en la reestructuración de todo el sistema universitario español en cuanto al profesorado funcionario. En todas las Universidades españolas hay profesores con muy pocos créditos de docencia en el mismo edificio que otros que están sobrecargados de clases. Los profesores de un grado en una Universidad están con su capacidad docente completa mientras que en la Universidad vecina los de ese mismo grado apenas llegan a la mitad de los que les corresponde. Por la sencilla razón de que cada grado se construyó con la plantilla que había en un momento determinado. Allí en donde se había crecido desordenadamente en los años anteriores, el profesorado vive cómodamente instalado en un número de clases inferior a su vecino. Hay áreas en algunas Universidades españolas en las que ni jubilándose la mitad del profesorado se necesitaría contratar a nadie para cubrir la docencia y hay otras que tienen que contratar todos los años profesorado asociado precario.

2º.- Pensar equivocadamente -al venir de las antiguas Licenciaturas de cinco años- que no había forma de introducir toda la materia tradicional en menos tiempo. Fue fruto de la comodidad de no buscar soluciones a este reto y de respetar las áreas de conocimiento fuertes en cada centro.

Ahora el Ministerio anuncia que permitirá grados de tres años, como sucede en casi toda Europa. No solo por los problemas mencionados anteriormente sino también por la presión de las Universidades privadas que quieren competir, especialmente en los títulos virtuales, con sus iguales europeas y aumentar sus ganancias con los precios de cada máster. Aunque no se impedirá la permanencia de los de cuatro, estos ya no tendrán viabilidad en el momento en que un grado similar se imparta en menos tiempo en la Universidad vecina...

La presión de la realidad hará que antes o después los estudios de grado sean de tres años y los de postgrado de dos. Es decir, cinco años. Igual que las antiguas licenciaturas, que se estructuraban en un primer ciclo y un segundo ciclo. Esto es lo que se llama un giro de... 360º para llegar al punto de partida pero con matices sustanciales: es mucho más caro el nuevo sistema y como dependerá de los máster de cada centro su calidad y posición en el listado de titulaciones, en breve ya no valdrá lo mismo estudiar en una u otra Universidad a la hora de que se valore un currículum. El sistema al que hemos llegado ha destruido definitivamente la igualdad de peso y valor de un título universitario en España como sucedía hasta hace poco. Dentro de poco -y esto deberá estudiarlo bien un estudiante al matricularse- no le van a preguntar solo qué ha estudiado, sino dónde ha estudiado.

Lo que se avecina es, definitivamente, un territorio nuevo. Dicen los entusiastas -hay verdaderos fanáticos- que es lo que necesita la Universidad española para ser competitiva a nivel mundial. Y hablan de picos y valles sin darse cuenta de que una sociedad necesita un nivel medio para tener cohesión, fortaleza y justicia social y de que la tendencia observada llevará a nuestras Universidades públicas a los valles más que a los picos. Para algunas ramas de conocimiento será también funesto porque se medirán los títulos por su rentabilidad y conexión con el mundo empresarial. Permítaseme dudar de su entusiasmo: en ese sistema, las universidades públicas necesitan otras cosas que por aquí no asoman para poder competir con éxito.

Por ejemplo, una ley de mecenazgo verdadera, una cultura social y empresarial de apoyo a la Universidad aliada con una normativa que la refuerce, un apoyo de la administración a la investigación universitaria y, sobre todo, mejores gestores en el seno de cada Universidad que no se limiten a reglamentar lo dado por el ministerio y que se atrevan a romper los reductos endogámicos, los grupos de apoyo político -en las elecciones a los rectorados españoles cada vez pesan más los apoyos de las agrupaciones políticas fomentadas por partidos tradicionales o por las mismas administraciones autonómicas-, la mediocridad de los pequeños reinos de taifas y a reformar la estructura mal dimensionada de la universidad pública española en campus, plantillas, estudios, centros y departamentos (estos últimos se han convertido en órganos colegiados inútiles y caros que se limitan a gestiones rutinarias y que parecen tener la única función real de pagar complementos económicos al Director y al Secretario) y, especialmente, que fomenten la vinculación con el entorno socio-económico.

Si no acompasamos los cambios estructurales con todas estas reformas, estaremos en un mundo muy competitivo con pésimas posibilidades de supervivencia para la Universidad pública española, cada vez menos eficaz frente a las privadas. Ni siquiera nuestros precios son ya competitivos. Una risa, vamos, si no fuera tan triste.

8 comentarios:

LA ZARZAMORA dijo...

Es un desastre y un caos lo que está ocurriendo sin contar el descrédito.
Aquí por ejemplo las Universidades han perdido a sus estudiantes a favor de las clases Preparatorias y la Universidad privada.
La burocracia, lo administrativo, las dependencias territoriales le están ganando el pulso a los contenidos y a la calidad de la enseñanza.
Razón llevas en cada palabra.

Y esto no irá a mejor...

Besos, Pedro.

Myriam dijo...

¡Qué triste!

Abejita de la Vega dijo...

Pedro, tuve la mala de suerte de no poder vivir un verdadero ambiente universitario porque la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de E.G.B que yo viví era cuartelaria. Cuando me jubile...

Me han dicho que hay buenos profesores en la UBU.

El de Literatura...

Abejita de la Vega dijo...

Y yo que no me creo que en esas universidades privadas hagan maravillas...

impersonem dijo...

Por lo visto, también lo que pasa en la Universidad es un reflejo de lo que pasa en la política... todo es política... y ésta se organiza y desarrolla según determinados intereses particulares y no sociales (de estructura social adecuada)

Y quienes tienen pasta pues todo más fácil...

Tampoco entiendo por qué lo público no puede gestionarse correctamente...

De todas formas, no me gustan los sistemas competitivos... no se basan en una organización ponderada sino en una lucha voraz y en un continuado conflicto de intereses...

El poder condicionado mueve sus hilos en este terreno.

Abrazo.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Te he leído, Pedro. Gracias y un abrazo.

Paco Cuesta dijo...

Parece que es imposible "sentar" a los verdaderos protagonistas de la enseñanza y sacar una conclusión válida. ¿Que se puede hacer?

dafd dijo...

Un hilo de Ariadna, tu anotación.