domingo, 17 de diciembre de 2017

La ciudad despertaba al domingo


Hoy ha helado. Por el valle del Esgueva, río arriba. El campo amaneció blanco y frío, adormecido y nuevo. Salía el sol cuando abandonaba la ciudad, solo. Avivé la marcha para calentar el cuerpo y pensaba, qué pensaba yo, qué pensaba. En Renedo tomé un café para reponerme, leí el periódico. Una larga mesa con cazadores que terminaban una botella de orujo hablaban de sus cosas a voces. De regreso, tiré por el camino de sirga del canal del Duero siguiendo el rumor del agua hasta la cañada de Fuente amarga. Qué pensaba yo, qué pensaba. Me quité los guantes y me calenté las manos y el rostro con el vaho. La ciudad despertaba a este domingo de final de otoño.

sábado, 16 de diciembre de 2017

de un sutil azul muy elegante


Ayer estaba triste color de ocre, hoy tengo la tristeza de un sutil azul muy elegante. No sé si he mejorado.

viernes, 15 de diciembre de 2017

si todo es tan hermoso con el tiempo


Toco la superfice, el delicado
nácar, el rostro frágil, me pregunto
si todo es tan hermoso con el tiempo,
la tristeza también, como una pátina.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

martes, 12 de diciembre de 2017

La España abandonada


Sergio del Molino ha escrito un excelente libro, La España vacía, que hay que leer fijándose en el subtítulo: Viaje por un país que nunca fue. Aunque a mí me parece mejor definición la de la España abandonada. Que cada uno busque los culpables.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Hacia la nada


Estos días de otoño
cuando la luz se agota
y desvela la vida
su condición de viaje
hacia la nada.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

viernes, 8 de diciembre de 2017

Si el otoño, tu cuerpo


Si el otoño, tu cuerpo
cercano
y tímido,
tu sonrisa bebiendo
del caño de la fuente,
Piquitos,
la ciudad alargada,
el valle hacia la sierra
de la Peña de Francia.
El camino desciende
hasta Santa Marina,
entre robles desnudos.

Te sigo
lentamente, observando
el misterio del bosque
resuelto
por ti,
tan fácil,
como si siempre fueras.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

jueves, 7 de diciembre de 2017

De la épica a la realidad en La sirena de Gibraltar y noticias de nuestras lecturas y anuncio de la próxima.


Una de las cosas más difíciles cuando se comenta una novela negra o cualquiera de las que contienen un misterio es analizarla sin desvelar el desenlace. No sé si podré cumplirlo del todo en esta entrada, lo que advierto para aquellos que lean una historia solo por el argumento. Aquí he dado ya otras razones para leer La sirena de Gibraltar: está inusualmente bien escrita (lo que no suele ser muy habitual en este tipo de libros), de forma verosímil, con un protagonista que es un descubrimiento y que se ajusta con precisión a un nuevo tipo de aventurero español, con personajes secundarios que completan una gama que va desde lo costumbrista hasta la modernidad, que mantiene bien la tensión y está estructurada con acierto. Sin embargo, no puedo dejar de comentar, sin dar demasiados detalles por la razón dicha, una de las claves más acertadas de la novela.

Algunos novelistas que practican este género incurren en un error: pensar que las cosas grandes que nos amenazan a todos son épicas y tienen una dimensión de grandeza conspiranoica. La realidad nos desengaña, como vemos en cualquiera de los informativos que tratan de corrupción, crímenes y delincuencia. Hasta los mayores delincuentes son seres como nosotros. Cuando un político corrupto deja de ser intocable observamos en él las miserias más humanas y la prensa nos regala sus fotografías en actitudes cotidianas o participando en horteras fiestas de pijama o en orgías en calzoncillos. La épica es cosa de distancia y arte, no de la realidad. Por eso, algunas novelas del género negro nos parecen falsas o pretenciosas. Si algunas de las que toman este camino se salvan es porque son decididamente literarias, con todas las consecuencias.

Leandro Pérez no incurre en ese error tan habitual, sino que maneja sabiamente las claves de la realidad. Inicialmente, el caso de La sirena de Gibraltar parece enraizarse en las grandes palabras que nos han ocupado en la época de la corrupción política y económica que gobernó España -si es que esto es pasado- y las investigaciones llevan al protagonista por ese lado. Alfred Hitchcock fue un maestro en el manejo de ese suspense que comenzaba con una amenaza para el mundo que conocemos y terminaba en una interesante trama de pasiones humanas, muy humanas. Es lo mismo que hace Leandro Pérez con éxito. Son las pasiones más humanas las que explican La sirena de Gibraltar, como todas las cosas que nos ocurren en el mundo por mucha épica que luego le pongamos. De ahí que esta novela nos lleve con el MacGuffin hitchcocktiano hasta la raíz de nuestros comportamientos, que explica por qué puede aparecer una joven muerta en el Manzanares y por qué ninguno de nosotros estamos libres de parecernos a cualquiera de los personajes de la trama.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino ha publicado la segunda parte de su crónica del viaje a Valladolid realizado por el club de lectura con motivo del homenaje a José Zorrilla por el bicentenario de su nacimiento. Aquí la parte correspondiente a la exposición del Archivo municipal, una detallada descripción del recorrido que puede hacerse por la muestra. Y aquí, la tercera, en la que recoge la sesión académica en la que comentamos el drama Don Juan Tenorio. Y la cuarta, con la visita a la Casa Museo Zorrilla... con fantasma y todo, para no perdérsela.

De la cárcel al convento nos lleva Pancho siguiendo el rastro de don Juan en una entrada que termina y bien terminada con Bambino.  En la siguiente comenta el cuarto acto, pura acción... hasta Elton John (nos lleva hasta aquí seducidos como doña Inés). Con todo el acierto ve como dramatización del tiempo la segunda parte del drama. Y hacia el final llega con una magistral manera de percibir la actitud de don Juan ante lo que le sucede.

Anuncio de la próxima lectura



Laura Castañón es una de las escritoras que repiten en este Club de lectura. Ya nos acompañó con su anterior novela, Dejar las cosas en su día, incluso se reunió con los lectores en febrero de 2014. Ahora regresa con La noche que no paró de llover (Planeta, 2017), que nos ocupará todo el mes de diciembre. En enero tendremos un encuentro con la autora en Burgos para comentar la novela.


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Noticias de la nieve



Al fin la nieve.
Y la infancia nos cuenta,
al oído, relatos
de lobos
y de manadas de hombres.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

sábado, 25 de noviembre de 2017

¿Qué será cuando amanezca y la casa continúe en la noche?


¿Qué será cuando amanezca
y la casa continúe
en la noche,
cuando los sonidos lleguen
apagados y violetas?

¿Qué haces
tan confuso,
en silencio
y descalzo
en mitad de la escalera
si ya te has muerto?

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

viernes, 24 de noviembre de 2017

¿Qué relato seré?


¿Qué relato seré cuando me cuentes,
cuando sea ceniza
y me apuñes
para aventarme?

© Pedro Ojeda Escudero, 2017

jueves, 23 de noviembre de 2017

Que ya no valemos para nada o cómo Juan Torca comprende la realidad, homenaje del Club de lectura a José Zorrilla y noticias de nuestras lecturas.


Juan Torca, el protagonista de La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez es un hombre maduro que está a un paso de dejar de serlo. Todavía puede correr por el Retiro como entrenamiento físico, se encuentra en una forma aceptable y resulta atractivo para las mujeres. Pero es un hombre que ya ha dejado de ser joven y que no tiene la agilidad ni la energía de unos años antes. Sucede lo mismo en todos los aspectos psicológicos, morales y de juicio sobre el mundo. Tanto él como su grupo de camaradas pertenece a un tiempo que ya comienza a no ser el presente. Nunca fueron protagonistas de la historia, tampoco. Todos ellos son secundarios que a veces estuvieron en los grandes campos de acción que relatan los libros históricos pero que tuvieron que protegerse en grupo más como camaradas que como héroes. Esta perspectiva es frecuente en la novela negra (solo hay que recordar a Pepe Carvalho) y Leandro Pérez sabe explotarla con inteligencia y eficacia como recurso. A diferencia de Rodrigo, su hijo policía, honesto y cumplidor, Juan Torca ve el mundo como quien sabe que tiene poco arreglo en general y cada uno debe actuar como puede en las circunstancias que le rodean. Como dice Jandro resumiendo las razones para que su amigo se encuentre recuperándose en la cama tras haber sido herido y perder a la mujer a la que custodiaba: Que a Juan le cayeron tres tiros y que se llevaron a la chica. Que ya no valemos para nada.

Este es un aspecto de la novela que me interesa mucho. Este cruce de tiempos y de mundos que se expresa incluso en la necesidad de correr cuatro o cinco días a la semana (Correr no era sólo correr. (...) Olvidarse, a veces, de uno mismo. Y, en otras ocasiones, en cambio, viajar al pasado y revivir desde los sucesos más nimios hasta los más extraordinarios.), explica en buena manera los relatos publicados de Torca. La sirena de Gibraltar -como antes Las cuatro torres (2014)- nos sitúan ante un mundo que cambia y que debemos comprender. Torca ya no es joven pero puede ayudarnos porque conoce la verdadera forma de actuar de quienes controlan de verdad la vida de la gente. Viene de un pasado reciente -no necesariamente mejor- y puede comprender que debajo de todas las novedades rigen las grandes pasiones de siempre. Se encuentra con personas honestas y criminales -en potencia o no- en un tiempo que ya comienza a no ser el suyo y su carga de experiencia ante las actitudes humanas le ayudan a resolver sus casos pero también a aceptar que nunca se alcanza ni la felicidad completa ni una sociedad perfecta. Lo importante, en todo caso, es darse cuenta y comenzar a actuar en consecuencia con el resto de moralidad que a uno le quede tras el paso del tiempo.

(El jueves de la semana que viene terminamos con la serie de comentarios sobre La sirena de Gibraltar.)


Homenaje del Club de lectura a José Zorrilla 
con motivo de su bicentenario


El pasado sábado, día 18 de noviembre, los miembros del Club de lectura que pudieron acercarse, nos vimos en Valladolid con motivo de homenajear la memoria de José Zorrilla cuando se conmemora el bicentenario de su nacimiento en esa ciudad. Los actos fueron sencillos pero emotivos y para nosotros fue un honor contar con la presencia de la responsable de la Casa de Zorrilla, Paz Altés, y de  Arsenio Tejedor Nieto, el concejal de cultura de Torquemada, pueblo natal del padre de Zorrilla y en donde el escritor aspirara un día a tener casa solariega en donde retirarse. Quiero agradecer el cariño y las facilidades dadas y a los guías del Archivo Municipal y de la Casa de Zorrilla. Especialmente a Javier Calaveras, que nos acompañó también en la comida.

Los actos comenzaron a primera hora de la mañana ante la tumba de José Zorrilla en el Panteón de Vallisoletanos ilustres del Cementerio del Carmen, con la lectura del poema que compusiera para el entierro de Larra. Intervino también Luz del Olmo leyendo un poema original en homenaje a la memoria del romántico. Después, se celebró la visita a la exposición conmemorativa que se muestra en el Archivo municipal gracias a las gestiones de su director, Eduardo Pedruelo, mi exclusivo nombre de poeta. El título es un verso del autor y alude a a lo que siempre quiso considerarse. La muestra presenta un sustancioso recorrido por la biografía y la obra de Zorrilla a través de la exposición de paneles y objetos, así como una colección de las ediciones de sus textos. Como hablaré de ella en otro momento, me limitaré aquí a recomendar la visita. Hubo también, como es lógico, visita a la estatua de Zorrilla en la plaza que lleva su nombre y un breve recorrido por Valladolid, seguido de comida necesaria y festiva.

Por la tarde, visitamos la Casa Museo Zorrilla. Además de su mucho interés como museo, pudimos disfrutar de la muestra temporal de moda romántica, de la diseñadora Inmaculada Cedeño, que sirve como excelente contextualización a lo que pudo ocurrir en aquellas dependencias en vida de Zorrilla. Y en la sala Narciso Alonso Cortés de la Casa celebramos la sesión académica con el comentario de la lectura del drama Don Juan Tenorio que nos ha ocupado los pasados días.

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Una jornada para el recuerdo. Podéis ver la crónica y las fotografías en la entrada que ha publicado María Ángeles Merino con todo ello y que me ahorra una descripción más detallada.

Paco Cuesta echa su cuarto a espadas sobre el aparente conflicto entre teología y teatralidad del Tenorio. Y bien echado, claro.

Pancho sigue con el Tenorio y en esta entrada da cuenta de las claves esenciales del éxito en la recepción del drama.


Otras lecturas



Como sabéis, hace tiempo leímos La saga / fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester y Pancho decidió bebérsela a buchitos. Aquí va desde los que mean en los muros hasta don Asterisco, alborotador nocturno... no digo más.


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog, aunque en las últimas semanas no haya podido cumplir esta promesa por diferentes cuestiones que espero se vayan remansando en las próximas.
Información sobre el presente curso en el club en este enlace.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Que el mar sea


Buscar el significado de las palabras después de haberles torcido el gesto. Tarea para esta época de postverdad y cinismo.

A veces sueño el mar,
sueño que tú lo digas
y me lo muestres
y yo lo entienda,
riéndome como un niño
al mirarte
diciendo mar
y que el mar sea.

© Pedro Ojeda Escudero, 2017