sábado, 3 de diciembre de 2016

La nieve primera



He mirado la sierra esta mañana
-apuntada de blanco-,
quién sabe qué es la nieve
cuando oculta el paisaje.

Las primeras nieves ejercen un curioso efecto sobre el paisaje. De pronto descubrimos las montañas. Estaban ahí pero ahora parecen más cerca, más altas, con un cierto misterio de lo inalcanzable. Han caído sobre las cumbres como si nos advirtieran del invierno. Es hora de refugiarnos en la casa y hablar con los amigos, con los otros. Quizá con el otro que viene con nosotros. Que nos reclama.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Autorretrato con espejo y escalera


Mirarse al espejo y hallar la noche llena de ángulos. Precisa, acogedora, definitiva. A veces un espejo te abre hacia todos los abismos. Por eso hay quien los cubre con lienzos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Cosas de libros (final de la lectura de Niebla de Unamuno) y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima


Unamuno, en la Oración fúnebre por modo de epílogo, reproduce el monólogo interior de Orfeo, el perro de Augusto. Es a él al que le toca extraer las últimas reflexiones sobre el final de su amo. Este ingenioso rasgo desconcierta siempre al lector no avisado, al lector que no está dispuesto a admitir tonterías en las novelas. Un rasgo más de lo que pretende el autor con Niebla. Este humorismo, del que ya hemos hablado, para decir cosas serias. Orfeo piensa sobre el extraño animal que somos los seres humanos, animal enfermo:

¡Qué extraño animal es el hombre! ¡No está nunca en donde debe estar, que es a lo que está, y habla para mentir y se viste!

El lector que busca argumento, el lector que no quiere que lo sorprendan de verdad, como debe sorprender la literatura, se aburrirá soberanamente con Niebla. No es culpa del autor, es culpa de la lectura insuficiente (de la que pocas veces se habla por miedo a la reacción de la industria del libro como valor comercial).  En Niebla se habla de todo, pero sobre todo de la vida. Se vive como se escribe esta nivola, según van sucediendo las cosas, no como nos la cuentan las novelas previsibles y ordenaditas que no deparan más que pequeños enredos argumentales y comodidad de lectura. Capítulos antes de esta Oración, sucede la escena más famosa de la narración, el encuentro entre el personaje (Augusto) y su creador (Unamuno) que así, muy cervantinamente, se convierte en personaje también y, por lo tanto, sueño. Unamuno da un paso más allá de Cervantes: no solo tiene idéntico genio literario -metaliterario- sino que lo usa para hablar de la misma vida, de la existencia del ser humano: ¿somos en realidad o somos solo sueño de alguien que nos sueña? ¿Tenemos libertad auténtica? Como resume Domingo, cosas de libros. A lo que responde Augusto:

Cosas de libros..., cosas de libros... ¿Y qué no es cosa de libros, Domingo? ¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabras, de haber pensamiento, había algo? ¿Y es que después de acabarse el pensamiento quedará algo? ¡Cosas de libros! ¿Y quién no es cosa de libros?

En efecto, ¿no somos todos un relato autobiográfico y los demás uno biográfico nuestro? Por eso, si queremos demostrar nuestra propia existencia debemos desarrollar voluntad propia, como hace este Augusto que comienza siendo un niño mimado e insustancial y termina muriéndose a propósito. Lo malo es que hasta su muerte se convierte en mero relato de los demás: asistolia o producto de una sentada, suicidio o muerte tonta, sueño de Unamuno o recuerdo en Orfeo. Y cuando Orfeo muera, quién recordará de verdad a Augusto... o a nosotros, que lo leemos.

Y noticias de nuestras lecturas

Excelente la forma en la que Pancho ha visto cómo la niebla puede instalarse en un casino provinciano y en la vida de una persona tan aparentemente ordenada como Víctor, el amigo del protagonista. Y nos reserva un descubrimiento -para mí, al menos- al final de la entrada.

Luz del Olmo concluye su relectura de la obra haciendo un interesante balance de la novela en el que no falta nada... ni Orfeo. Os lo recomiendo.

No os podéis perder de ninguna de las maneras la entrada en la que Mª del Carmen Ugarte analiza una de las claves de esta novela de Unamuno: el lenguaje. Os ayudará a comprenderla mejor.

Hasta el capítulo XXIII llega Gelu en su comentario de la obra. Y señala, con todo acierto, lo divertido de la narración de Unamuno.

Mª Ángeles Merino reseña con acierto la sesión presencial que tuvimos el pasado martes para comentar la obra de Unamuno. Y a su entrada remito para quien quiera saber cómo disfrutamos entre gordolobos y páginas de Niebla...


Anuncio de la próxima lectura



En diciembre leemos Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee), la nueva novela de Marina Perezagua, uno de los valores en alza de la narrativa española. Nacida en Sevilla, licenciada en Historia de Arte en la Universidad de Sevilla, vive en Nueva York desde hace años. Tras dos libros de cuentos, Criaturas abisales (2011) y Leche (2013) publicó Yoro (2015). Esta novela concitó el interés crítico y de los lectores, ha sido traducida a varios idiomas y alcanzó el XXIV Premio Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los más prestigiosos en hispanoamerica, que premia la obra de escritoras con obra original en español. Curiosamente, la primera edición de este Premio fue para otra obra de fondo cervantino, Dulcinea encantada, de la mexicana Angelina Muñiz-Huberman. En esta recreación de los personajes de Cervantes encontraremos a don Quijote y Sancho en pleno Manhattan contemporáneo... De hecho, sin quererlo, enlazamos Niebla, en donde Unamuno afirma que es imposible resucitar a Don Quijote, con esta novela en donde se hace tal cosa...La novela ha sido publicada por Los libros del Lince.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Los insolentes


Con Miguel Ángel Santamarina me embarco en un nuevo proyecto de encuentros literarios, Los insolentes (aquí nos tienes en la presentación del proyecto en Televisión) Creemos que el nombre es ya, en sí mismo, una declaración de intenciones. Nuestro deseo es acercar la literatura y a los autores al público de una forma dinámica, con formatos diferentes a los habituales y en los que se mezclen la literatura, la música, la danza, el teatro y cualquier otro tipo de manifestación artística que encaje en cada evento. Intentamos aprovechar la calidad artística y la predisposición al encuentro con el público que hoy es habitual pero que muchas veces no tiene un cauce adecuado para juntarse en propuestas que hagan crecer cada una de las partes en un conjunto atractivo tanto para los escritores como para los artistas que colaboren y el público. Un público en el que queremos aunar tanto al que es lector habitual como al que no lo es, al que frecuenta librerías como al que no lo hace, quien asiste a presentaciones de libros como quien nunca lo ha hecho.

El guion principal siempre tendrá relación con la literatura y cada encuentro tendrá un tema que dé unidad al conjunto. Todos los géneros tendrán cabida (narración, poesía, teatro, ensayo, prensa, etc.), Los espacios elegidos no serán los habituales o, por lo menos, no tendrán el uso habitual y quien acuda siempre encontrará sorpresas además de poder estar muy cerca de los autores y compartir tiempo con ellos, interesarse por sus obras, opinar, proponer e interactuar de forma creativa. No habrá una periodicidad concreta puesto que la idea no es convertir el proyecto en rutina. Cada cierto tiempo convocaremos al público a una fiesta de la literatura en pequeño o en gran formato. Aunque inicialmente estos encuentros se organizarán en Burgos, no descartamos desplazarnos a otros lugares. De hecho, ya tenemos alguna oferta más que interesante, que estudiamos para los próximos meses. Y un proyecto de fiesta literaria en abril, que celebraremos en espacio abierto en Burgos.

Presentamos el proyecto con el primer encuentro literario que hemos llamado Burgos Negro, que se ha celebrado las ocho de la tarde de hoy en La Casa de las Musas, un lugar con nombre y estética más que apropiada para la propuesta. Agradecemos a los propietarios del local haberse prestado a esta locura. Hemos centrado este encuentro en la novela negra escrita en Burgos. Han sido protagonistas del evento Leandro Pérez (autor de Las cuatro torres, que está a punto de continuar la saga de Juan Torca con la segunda novela, de aparición inminente en Planeta), Juan Carlos Martínez Barrio (autor de El libro de los sueños y La noche sobre dos ríos) y Miguel Ángel Santamarina (autor de Queremos que vuelvan, que ha sido objeto de comentario en el Club de lectura de este blog en las pasadas semanas). Quizá sea la novela negra la que mejor encuentre la forma de poner en evidencia las características esenciales de la sociedad actual. Por ello y porque se han juntado desde el 2014 hasta el presente varias de interés publicadas por autores relacionados con Burgos, hemos comenzado con esta modalidad narrativa. Los tres autores dispusieron de un tiempo para exponer su relación con la novela negra. Quienes tuvimos la fortuna de escucharlos disfrutamos de un seminario sobre el género de alto nivel que resultó, además, muy ameno.

Nuestros generosos patrocinadores han sido la librería Luz y Vida, la Cerveza artesana Dolina (que ha ofrecido una cerveza a los asistentes y ha presentado en el acto, como primicia, su nueva gama de cerveza... negra, una cerveza ligera y resfrescante), drmusic, mucho más que una tienda de música, y el youtuber y experto en comunicación audiovisual Danix con X. Manuel, de la empresa burgalesa Resistible, nos presentó su proyecto de ataúdes ecológicos y, como no hay novela negra sin muerto y asesino (uno de cada, por lo menos), Miguel Ángel y yo nos hicimos fotos dentro de la caja, así como dos personas del público, que, por sorteo, resultaron ser víctima y asesino. Agradezco mucho al público su entrega y participación en este encuentro con la literatura y su disposición a participar en el reto de asistir a algo diferente a lo habitual. La sala completó el aforo disponible.

También contamos con la participación de los músicos Joaquín García y Fran Martín de Loeches, que lanzan con esta ocasión, un nuevo grupo con vocación de continuidad, The Insolents. Todo un lujo, desde luego. Por cierto, con ellos pude comprobar de nuevo una lección que aprendí hace tiempo. Si estuvieron magníficos durante el encuentro, cuando se desalojó la sala y estábamos recogiendo, Alberto (profesor de piano en la Escuela de Danza de Burgos) comenzó a tocar el viejo y desafinado piano que nos había servido de expositor para los libros y Joaquín y Fran lo siguieron con el contrabajo y la guitarra. Qué minutos... Nunca abandones un lugar en el que haya músicos creativos hasta que no enfunden sus instrumentos y se vayan...

Agradecemos también la repercusión que ha tenido este proyecto en todos los medios de comunicación de Burgos y en las redes sociales.

Este proyecto no me retira de los anteriores. Cada público, cada formato, exige una manera diferente de planteamiento. Seguiré con el blog, con el Club de lectura y con las presentaciones habituales de libros, buscando acercar la literatura a todos los públicos. Pero siempre he querido buscar nuevos formatos, rompedores, atractivos para todo tipo de personas. Conocer a Miguel Ángel Santamarina, que está lleno de vitalidad, capacidad de trabajo y creatividad, que no se rinde ante los obstáculos, ha sido una gran oportunidad para proyectar este nuevo formato común.

martes, 29 de noviembre de 2016

En las cosas pequeñas corre la sangre


En las cosas pequeñas corre sangre
de animales y tierra separados
por las cosas sublimes.

Y al viento las banderas y los himnos,
palabras que reposan
junto al cuchillo.
Tanta sangre en el musgo
espesando el camino
de las hormigas,
empapando con una sed extraña
los líquenes pegados a los robles.

No hay lugar en el mundo que no haya sido
apelmazado
por la sangre.

© Pedro Ojeda Escudero, 2016

lunes, 28 de noviembre de 2016

Y hubo tiempo para un café


El sábado por la mañana llovía en el parque del castillo. Una lluvia fina y fría. Quizá subiera yo abrumado por todas las tareas pendientes, pensando en los días que puedo sacar a las semanas que faltan antes de Navidad para rematar las cosas y organizar la agenda. A estas alturas, claro, ya debería haberme comprado la del año que viene y comenzado a colonizarla con anotaciones a lapicero -las que pueden ser cambiadas después de confirmadas-, en bolígrafo negro -las citas normales del trabajo- y a rotulador rojo -las que no deben pasárseme, a veces envueltas en la doble llamada de un círculo o una flecha-. Ya no me fío de mi memoria.  Quizá fuera demasiado deprisa o demasiado agobiado o demasiado todo, sin sentir siquiera la fatiga de la subida. De pronto, me crucé con una concentración de vehículos a distancia gobernados casi todos por adultos y algunos niños venidos de diferentes ciudades. Iban a la velocidad de sus vehículos, subiendo las cuestas, derrapando con la hierba o el barro. Se mojaban pero sonreían. Recuerdo que un día de Reyes Magos mi padre apareció con un coche teledirigido. Menos completo que estos del sábado. Supe después que mis padres no pudieron pagarlo y fue un detalle de la empresa, pero no importa. El tiempo que me duró aquel coche  -se estropeó pronto- fue la estrella de mis juguetes. Estos del sábado se reunieron todos en el mirador del castillo, desde el que se contempla toda la ciudad antigua, con el regocijo de sus dueños, que esta semana se encontrarán en Vitoria. Sonreían. Sonreí. Me volví y te dije -al fin, qué ciego-: ¿Tomamos un café? Y hubo tiempo para el café. Sin agenda.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Es hermosa la noche


Es hermosa la noche
que trasforma tu cuerpo,
feliz enredadera,
¡nudo, simiente y tiempo!

© Pedro Ojeda Escudero, 2016

sábado, 26 de noviembre de 2016

¿A qué vuelta se acuesta un perro?


Mi padre contaba reiteradamente uno de esos chistes tradicionales que no tienen gracia pero que le acaban acompañando a uno toda la vida:

- ¿A qué vuelta se acuesta un perro?

De niño me fijaba en esa costumbre de los perros de dar vueltas antes de echarse. E intentaba contarlas para poder responder a mi padre la siguiente vez que me contara el chiste. Pero nunca me salían las cuentas. Él insistía:

- ¿A qué vuelta se acuesta un perro?

También contaba repetidamente otro de perros, igual de malo e inocente (¿Sabes por qué hacen las plazas de toros redondas?... Para que no se meen los perros en las esquinas). Eran chistes aprendidos en la infancia que contó a lo largo de toda su vida. A él le hacían mucha gracia y yo me imaginaba su infancia, en una ciudad sin calles asfaltadas, con adoquín en otras, con solares en las calles en los que crecía la maleza y con tiempo para contarse chistes repetidos, previsibles, reconocibles, sabidos mil veces. En esa época en la que había perros en las calles. Perros que podían o no ser de alguien pero que todo el mundo conocía en el barrio. He conocido alguno de esos, de los que ya no hay. Recuerdo uno al que su amo -ya mayor y con poca movilidad- abría la puerta de su piso. El perro bajaba solo hasta el portal y esperaba a que un vecino le abriera la puerta de la calle. Daba vueltas a la manzana sin cruzar nunca a la acera de enfrente. A su manera, saludaba a todos los conocidos que se encontraba: al frutero, al del bar, a los vecinos más amables, a los niños cuando volvían del colegio, incluso al policía de barrio. Cuando había paseado lo suficiente, volvía a su portal. Esperaba hasta que un vecino le abriera la puerta y subía hasta el piso en el que vivía. Hoy ya no hay perros en la calle. Perros como aquellos a los que me refiero, claro. No estoy seguro de que sea solo por razones sanitarias, que comprendo, claro, sino porque en nuestra vida todo está gobernado por el automóvil y la desperzonalización. Ni siquiera nosotros nos encontramos bien en la calle de nuestras ciudades, cada vez menos. Hoy un perro en la calle no es nadie, nadie sabe quién es su amo e inspira temor. Tan lejos estamos de la naturaleza.

¿Que a qué vuelta se acuesta un perro? Como me decía mi padre, a la última.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Bautismo poético en la Casa de Zorrilla de Valladolid

Entrada a la Casa de Zorrilla de Valladolid. Fotografía tomada de su perfil de Facebook.

Como en las vacunas, las responsables de la Casa de Zorrilla de Valladolid crearon hace unos años los Bautismos poéticos de recuerdo para los poetas con vinculación con esta ciudad y con la Casa. El poeta al que se recibe renueva, así, sus votos poéticos. El acto resulta muy entrañable y suele culminar en el salón principal de la Casa, junto al piano, brindando por la poesía.

Mi vinculación con la Casa -que depende del Ayuntamiento de Valladolid- viene de lejos. Cuando no se había reformado tal y como la podemos encontrar hoy -un espacio museístico aconsejable para todos los que pasen por Valladolid-, la visitaba como investigador para mis trabajos académicos. En sus dependencias se encontraba una donación que todos los estudiosos del siglo XIX español admirábamos y nos comunicábamos como quien sabe un secreto: la biblioteca de don Narciso Alonso Cortes (1875-1972), escritor, profesor de lengua y literatura e investigador al que se deben los mejores estudios sobre Zorrilla y gran parte de los escritores vallisoletanos. Por aquellos años ochenta y noventa, la Casa no tenía calefacción y contaba con pocos recursos materiales y los investigadores teníamos que trabajar con los guantes y las bufandas en los meses de duro invierno. Pero todo lo vencía el cariño, dedicación y esfuerzo de quien nos abría las dependencias, Ángela Hernández. A su voluntad, trabajo e inteligencia se debe gran parte de lo que hoy es la Casa. El testigo lo compartió y lo recogió con el mismo cariño, trabajo y eficacia Paz Altés, que promueve nuevas aventuras a partir del respeto de esa tradición, algo que una institución de este tipo no puede olvidar nunca. Gracias a esto, la Casa de Zorrilla se ha abierto a la cultura local, se organizan eventos artísticos y literarios de todo tipo, además de profundizar en una política museística moderna. Poco a poco, la Casa se ha convertido en un referente cultural de la ciudad y su jardín romántico en un pulmón de tranquilidad en pleno centro urbano, abierto a todo aquel que quiera pasearse por él. La reforma completa de la casa que se hizo hace unos años la dotó de todas las comodidades necesarias tanto para los visitantes como para los trabajadores. En ella ya no está la biblioteca, que se trasladó al Archivo municipal, pero la sala dedicada a Narciso Alonso Cortés se acondiciona para los eventos culturales.

Cuando Paz Altés me propuso ser recibido por la Casa Zorrilla en un Bautismo de recuerdo no lo dudé. Tras unos años alejado de la cultura de mi ciudad natal, me resultaba emocionante volver a un lugar como este, que tanto significó para mí cuando era joven y tenía el futuro por delante y las ilusiones intactas. Recuerdo todavía cómo abría aquellos libros y revistas del siglo XIX, cómo disfrutaba con la lectura de los textos satíricos, cómo recorría los viajes que proponían las ilustraciones... Como padrinos pensé inmediatamente en Ángela Hernández por lo que he dicho antes y porque yo también quiero respetar la tradición que marca el reconocimiento a las personas que han hecho tanto como ella. Y en mi amigo Diego Fernández Magdaleno, uno de los mejores pianistas europeos actuales, gran escritor y excelente persona, también ahijado de la Casa. La sala estaba llena de amigos y amantes de la poesía y tras el acto académico de bienvenida, juntos subimos a brindar por la poesía. Pensé un momento en muchas cosas personales -en mi padre, que no ha podido llegar a verlo, en mi trayectoria profesional, en mi abandono durante años de la escritura, en mi larga ausencia de la vida cultural de Valladolid- pero también en Zorrilla niño corriendo por esas estancias o ya anciano, visitando la casa en la que nació, como uno de los poetas más populares de su tiempo. Hay una foto suya en el jardín que siempre me ha llamado la atención por eso mismo, por el regreso a la infancia de una persona con un mundo entero dentro de él.

Quiero agradecer a todos la presencia ayer. A Paz Altés, a Ángela Hernández y a Diego Fernández Magdaleno por sus generosas palabras sobre mi persona y mi obra. También al personal de la Casa y, especialmente a Javier, que nos recibirá en los próximos años caracterizado de don José Zorrilla. No solo físicamente, Javier es un apasionado de su trabajo y tiene un excelente futuro por delante.

Como ahijado de la Casa Zorrilla me he comprometido a colaborar en todo lo que pueda con sus proyectos. Espero estar a la altura.




jueves, 24 de noviembre de 2016

Eso del amor es cosa de libros y otras disquisiciones disparatadas en Niebla de Unamuno y noticias de nuestras lectura.


La caricatura en la que se basa gran parte del humorismo de Niebla nos permite comprender mejor las razones cotidianas de los personajes, aquellas que de verdad los guían cuando los hallamos en sus círculos privados. Para ello, el narrador se esconde y deja que sean los diálogos y los monólogos los que pongan en evidencia sus comportamientos. La narración está llena de buenos ejemplos. Víctor, el amigo del protagonista que tan formal y hasta erudido prologuista nos pareció, aparece en el capítulo XIV jugando al ajedrez -no hay juego que tenga fama de más intelectual- pero con una carga que él llama moral pero que los lectores pronto podríamos poner otro calificativo. Tras muchos intentos por tener un hijo y después de doce años, su mujer se ha quedado embarazada. La irritación que les provoca hace que aquello que tanto deseaban se convierta ahora en una molestia intolerable que provoca que su mujer ni salga de casa por una insoportable sensación de ridículo. Donde primero se evidencia es en lenguaje. Llaman a su futuro hijo el intruso puesto que viene a romper la vida apacible que llevan, su rutina.

No hay institución ni valor que Unamuno no caricaturice y extreme para, agrandándola de esa manera humorística, hacernos ver la hipocresía con la que individuo y sociedad afrontan las claves que dicen ser las que soportan el mundo. No se libra ni el esfuerzo personal (Augusto desarrolla voluntad solo cuando se enamora pero pronto pervierte su sentimiento y acaba intentando seducir a Rosario, la planchadora), ni la paternidad, ni la familia, ni la fe, ni el amor, ni la generosidad de las buenas acciones, ni la lealtad, ni la amistad, ni el matrimonio...

Eugenia y Ermelinda, sobrina y tía, abordan en el capítulo XV el matrimonio. Ella nos aparece inicialmente -solo inicialmente, pero no deseo desentrañar el argumento para quien no haya leído la novela- defensora del matrimonio por amor: 

- Pero si no lo quiero, tía...

A Eugenia no le gusta Augusto... porque es bueno:

- Pues por eso no le quiero, porque es tan bueno como usted dice... No me gustan los hombres buenos.
- Ni a mí, hija, ni a mí, pero...
- ¿Pero qué?
- Que hay que casarse con ellos. Para eso han nacido y son buenos maridos.
- Pero si no lo quiero, ¿cómo he de casarme con él?
- ¿Cómo? ¡Casándote! ¿No me casé yo con tu tío...?

Y la tía alecciona a la sobrina sobre el matrimonio por amor:
 
- (...) Mira, eso del amor es una cosa de libros, algo que se han inventado no más que para hablar y escribir de ello. Tonterías de poetas. Lo positivo es el matrimonio. El código civil no habla de amor y sí del matrimonio. Todo eso del amor no es más que música...
 
Por si fuera poco, el protagonista no es más que una caricatura de un filósofo que dialoga con un perro y se queda dormido tras divagar sobre si el cuerpo de su amada Eugenia es alma o no. Ese diálogo (o monólogo) con Orfeo termina colocando todo en su sitio:

- (...) Y ahora vamos a dormir, Orfeo, si es que nos dejan.

Y así nos lleva hasta la parte final del libro, tan citada pero casi siempre sin poner en relación con todo esto de lo que hablamos, con lo que no llegaremos a comprenderla de verdad.
 

Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet. La última entrada sobre Niebla se publicará el jueves 1 de diciembre.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo recrea en verso la mente de Augusto y su justificación del sueño propio o sueño de otros. Un tema central de la novela.

Pancho entra, de la mano de Unamuno, en la intimidad de la familia de Eugenia y nos presenta a ese padre anarquista místico... impagable.

Mª Ángeles Merino nos regala una entrevista entre Austri y Augusto para que comprendamos mejor las razones de este y nos planteemos la existencia de todos...

Desde el capítulo XI al XVIII de la novela nos lleva Gelu para comentarnos el descubrimiento de la mujer por parte del protagonista... bueno, de la mujer abstracta a la mujer concreta y a todas las mujeres.

Mª del Carmen Ugarte propone una lectura del persona de Eugenia que no os podéis perder de ninguna de las maneras: ¿feminista o frívola?

El próximo martes 29 se celebrará, a la hora habitual pero en el nuevo espacio del Antiguo Hospital Militar de Burgos, la reunión del Club de lectura en su formato presencial. El jueves 1 de diciembre se publicará aquí la última entrada con el comentario de Niebla para dar comienzo a la lectura de Don Quijote en Manhattan, de Marina Perezagua. La primera entrada sobre esta novela la publicaré el 8 de diciembre. Nos acompañará hasta el 29 de diciembre.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Me asomé al mar de Cádiz


Me asomé al mar en el Parque Genovés de Cádiz . Cádiz es la ciudad en donde arranca la historia constitucional de España, con la promulgación allí, en 1812, de la primera Constitución española. Han venido después unas cuantas más, no siempre producto de un consenso. España no ha sido país de muchos consensos sino de victorias de unos sobre otros. La última, la más trágica, que cerró en falso la violencia de la guerra civil. Esto ha hecho que los textos constitucionales españoles no se suelan modificar sino derogar por las armas o sustituirlos por otros. Tampoco conviene sacralizar una Constitución, es solo un marco de convivencia que define lo que un país es en un momento determinado. Lo que sucede en España es que no nos solemos fiar los unos de los otros e introducimos en los textos constitucionales artículos que deberían estar en reglamentos y leyes, no en la Constitución, con lo que atamos las manos a las generaciones siguientes si no consiguen establecer nuevos consensos suficientes para modificarlos. Hay tanta carga de heridas históricas en este país, temores, suspicaciones y deseos de dejarlo todo atado, que gastamos demasiada tinta para que no se nos escape nada. Para cuando gobiernen los otros, claro. El caso es que luego, curiosamente, se nos olvida desarrollar algunos de los puntos sustanciales de una Constitución, que quedan así en un limbo legal y, como tales, en papel mojado. Los que atañen a derechos irrenunciables de un ciudadano en una sociedad moderna. No tenemos tiempo para ello, estamos demasiado ocupados en reescribir todas las leyes cada cierto tiempo o echar mano del decreto ley cuando no se consigue la mayoría necesaria en el parlamento.

Dicen los que creen en esa superchería de la homeopatía que el agua tiene memoria. ¿Qué memoria tiene de nosotros este mar de Cádiz y de aquellos debates que condujeron al texto de 1812? ¿Qué memoria del continuo conflicto de nuestra historia? ¿Guardará memoria de mi gesto, de mi forma de asomarme al mar, como yo la guardo de su rumor constante?

lunes, 21 de noviembre de 2016

La densidad de la lluvia



Al entrar en Sevilla, la lluvia era intensa. Llovía como si todo en ese momento dependiera de eso, de la lluvia. Y así era.

(Esta intensidad de la lluvia me ha hecho pensar en la ligereza de nuestro tiempo. Ya no estamos en época de crisis financiera, no hay que confundirse. Ha quedado claro que aquellos meses sirvieron para que todo se reajustara tal y como lo vemos hoy. No queda nada de aquellas frases que nos hablaban de que había que refundar el capitalismo. Tampoco queda nada ya del espíritu del 15M en tan breve lapso de tiempo. En el fondo, todo tiene poca densidad en lo que se llama Occidente, en los países más desarrollados económica y socialmente, en los que la libertad y la igualdad ante la ley han conseguido logros más sutanciales, en los que la brecha social se redujo notablemente hasta llegar a la posibilidad de que se pudiera alcanzar el estado de bienestar general. Basta con salir fuera de las fronteras que nos son más reconocibles para comprender que el resto del mundo, la mayoría del mundo, no funciona así. En ese resto del mundo la brecha social es brutal, las diferencias son casi siempre insalvables, la vida de la mayoría de los seres humanos no vale nada, no hay una sanidad ni una educación generalizada, gratuita y de calidad. Hemos vivido en una isla y queremos seguir viviendo en ella pero sin ponernos frente al espejo y reconocerlo, sin querer pagar los costes, como si no fuera con nosotros lo que pasa afuera. Paralelamente a nuestro desarrollo económico en la época de bonanza se generalizó un sistema educativo y cultural en el que todo era demasiado fácil. No nos han acostumbrado al esfuerzo intelectual y la sociedad tampoco lo ha demandado, todo lo contrario, lo ha asumido como lo más democrático y natural y hemos pedido menos, no más aunque nos pareciera al contrario. Me extraña mucho, por ejemplo, ver a personas que se reconocen como opositores al sistema vigente practicar la educación fácil, la cultura fácil, la literatura fácil. No hay nada que mantenga más aquello contra lo que dicen luchar que anular el esfuerzo de comprensión intelectual de un poema o de una novela o convertir todo el sistema educativo en una prolongación del jardín de infancia. Hemos caído en la trampa. La democratización de la educación, de la cultura o de la literatura no es convertir todo esto en un parque temático de atracciones en el que se manipula con la emoción o la facilidad sino exigir que aquel que no pueda por razones económicas acceder al esfuerzo intelectual que supone la educación, la cultura o la literatura, lo consiga. Si quieres aprender, si quieres disfrutar de la literatura, por ejemplo, sospecha siempre de todo texto que comprendas a la primera. No confundas cultura con entretenimiento, no confundas la poesía con un encuentro de amigos en un bar o un libro de autoayuda. Huye del que no te enseña nada y solo quiere manipular tus emociones, buscar un aplauso fácil y compartir sentimientos contigo que ya estaban en el punto de partida pero no deberían estar también en el punto de llegada. Exígete un poco más a ti mismo si de verdad estás en contra de las cosas que pasan en el mundo. Intensidad. Como cuando llueve y parece que no puede pasar otra cosa más que eso, la lluvia.)