jueves, 30 de octubre de 2008

De todo un poco, con Amadís al fondo (Cap. 1.25).


En este capítulo, debemos fijarnos en varios elementos. Comprobaréis que es uno de los más largos leídos hasta ahora: Cervantes comprende su posición en la estructura de la narración y le da la dimensión requerida sin que en él se cierre nada. Como ya hemos visto, usa frecuentemente de este recurso por el que recoge elementos anunciados capítulos antes y deja hilos de continuidad narrativas que serán retomados más tarde. Es muy significativo cómo, entre otras cosas, este capítulo sirve de paréntesis a la historia de Cardenio, de la que nos hemos quedado sin saber el final, con lo que se aumenta la curiosidad del lector.

En primer lugar, hay que resaltar un aspecto técnico: el capítulo se construye a través del diálogo. Un diálogo lleno de idas y venidas entre don Quijote y Sancho, que se tensa y destensa por las intervenciones de ambos, cada uno llevando al otro a su terreno. De hecho, es tan importante este planteamiento que comienza con el escudero pidiendo licencia para volverse al pueblo al no poder hablar con su amo como antes de la prohibición (recordemos el enfado de don Quijote de páginas atrás).

La pareja de protagonistas necesita tanto de la palabra que el silencio mataría el relato (Sancho, nos dice el narrador, iba muerto por razonar con su amo). Una vez concedido el permiso para hablar, Sancho termina de adquirir su caracterización a través de la expresión oral con el uso de su primera sarta de refranes: los engarza sin demasiada coherencia y sin contención alguna. Todo el diálogo es un divertido juego por el cual Sancho habla desde el sentido común, la cultura tradicional (y la interpretación vulgar de nombres y hechos), y el crudo realismo en la forma de entender las cosas (mandará recomponer el yelmo para hacerse la barba, exigirá la famosa libranza de los pollinos o hablará de Dulcinea, una vez identificada, en un tono basto) y su amo desde la cultura literaria, la ensoñación caballeresca y el idealismo en el que su juego le ha puesto. Sin esta maravillosa concepción del diálogo no podríamos entender el capítulo.

En segundo lugar, hay que lamentar que toda la confusión con respecto al robo del asno, provocada en la primera edición por el descuido de Cervantes y el impresor al cambiar sin corrección suficiente la disposición de los acontecimientos, tal y como comentamos en una entrada anterior, estalle precisamente en este capítulo tan crucial. El lector que siga el texto de la primera edición ve desaparecer, de golpe, el asno de Sancho sin saber por qué. El que siga el texto de ediciones posteriores leerá correcciones e intentos de enmienda sin la suficiente atención a todo el texto. Afea el resultado y desorienta al lector no advertido, por supuesto. Pero, como veremos, la revisión que de todo esto hace Cervantes en la Segunda parte engrandece la obra.

En tercer lugar, el eje central del capítulo es la anunciada imitación de las locuras de Amadís cuando, por despecho amoroso y bajo el nombre de Beltenebros (los lectores de la novela de Muñoz Molina de igual título deberían recoger este juego paródico para comprenderla), se retiró a la Peña Pobre (también imitará a Orlando furioso).

Quiere el azar que hoy, jueves 30 de octubre, se celebre un feliz hecho: el final de la impresión en Zaragoza del texto del Amadís de Gaula hace 500 años. Curiosa casualidad que le hubiera gustado a Cervantes.

Esta imitación de don Quijote es muy interesante: un loco real que imita a locos literarios a los que cree reales, pero pretende superarlos al no tener motivo para quejarse de la amada.

Parodia grosera y sutil, al mismo tiempo, de uno de los motores más importantes del mundo caballeresco: el amor y la entrega del caballero a la causa de su dama. Esta imitación le hace al pobre hidalgo quedar medio desnudo y dando cabriolas vergonzosas para su edad en medio de la sierra y, a la vez, construir una de las cartas de amor de mayor altura de la historia literaria española. Sin embargo, todos los empeños de don Quijote se despeñan por el lado de la realidad: ni la destinataria (que no sabe leer ni escribir ni tiene conocimiento alguno de su amor ni, posiblemente, gana alguna de tenerlo) es digna de su amor ni la carta, que así queda degradada, llegará a su destino, para terminar brutalmente maltratada por la memoria de Sancho. Queda el sentimiento noble del hidalgo en una curiosa ambivalencia que va de la ridiculez al más fino amor que puede sentirse, de la risa a la ternura.

Por último, se produce un hecho celosamente guardado hasta ahora por el protagonista y por el narrador: la identificación definitiva de Dulcinea con Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales:

No tarda don Quijote en darse cuenta del error cometido al dejar que Sancho identifique a Dulcinea: le será, a partir de ahora, imposible mantener la ficción de la dama ante él. Ficción tan necesaria para su propia construcción como caballero andante. Lo pagará con creces, como veremos más adelante, cuando vuelva Sancho del encargo de llevar la carta, y en la historia de su encantamiento, que atraviesa toda la Segunda parte. Don Quijote ha dado a Sancho un arma que le hace frágil y cuyo uso por el escudero provocará que la narración comience a girar hacia otro lugar mucho más interesante y moderno, rompiendo con la dinámica establecida hasta ahora que tanto marcaba la superioridad del amo.

Con todo esto, Sancho, cabalgando a Rocinante por ausencia de su asno, sale a entregar la carta a Dulcinea-Aldonza. Veremos en qué para todo en el capítulo XXVI.

51 comentarios:

DianNa_ dijo...

Y a mi que me cuesta imaginarme, ahora, a otra Dulcinea que no sea nuestra Dulce Bip!!

Que cosas... ajaajaja, voy a leer ese capítulo demasiado influenciada, no sé si sera eso bueno, Sancho Ojeda, digo Pedro :P

Besossssssssssss, profe !!

Señor De la Vega dijo...

Señor Don Pedro, ¿Qué puedo añadir a su completo comentario?
Solo ahondar en lo que a mí me fascina.
Primero, que como dije, esto es parte de una sinfonía, y a pesar que todas las historias en mi opinión fueron razonadas y compuestas por separado, Cervantes, se las ingenia cada vez mejor, para entretejerlas, con alusivas y constantes referencias, y son los temas de fondo muchos y compartidos.
Y da igual, el rucio que está y no está, o que mencionen a los galeotes como si no supiésemos lo que sucedió por ordenarles rendir tributo a Dulcinea, o que ya se hayan olvidado que se esconden, para ahora esgrimir razones de grandes aventuras o de emulaciones de Amadises en su venida a Sierra Morena...
Porque, con tanto reinventarse, uno no sabe si estamos acertando a leer correctamente el libro, o lo verdadero, es lo que nos cuentan ellos e improvisa Cervantes (en la segunda parte lo bordarán).
En este capítulo, exclusivo de los protagonistas, es donde explica y da las claves originales donde bebe la construcción de El Quijote, y este (y Cervantes) se hace promesa de igualar y superar a su icono Amadís, para hacer algo más loco, y es tal el enredo y la cordura para explicar la locura, que si pensamos, ya no sabemos cual de los tres es loco, siendo nosotros el tercero, por intentar entenderlo.
Igualmente nos convence, que la bacía sea como sea que cualquiera la vea, tiene una razón para que así se represente, y más que explicación de un loco lego, podría ser la de un físico cuántico en nuestros días.
Este capítulo, termina de definir la esencia del amor, y lo que hasta entonces se entendía, bien expuesto en el capítulo anterior y complementario al de Cardenio, para darle una vuelta de tuerca a lo sublime y resumir el sentimiento en la más bella y hermosa sinrazón de el ser humano, pues es tanta la altura, que ni el Quijote ni Dulcinea, parecen imprescindibles para amarse.
¿Y la descripciones, de personajes, de paisajes? simplemente maravillosas, divertidas, perfectas... tanto por caballero como por escudero.
Así, la historia que representan el porquero y el amo, se alza imponente, frente a la de Cardenio y a la de Amadis, con igual o mayor mérito, y no quedan en simple hilo conductor, ni comparsa, ni copia de otros cuentos.
Me freno, porque podría seguir en mil detalles, como el de las firmas, los refranes, las ironías, la carta extrema, el retrato de Aldonza, el infierno y disparates, el léxico absurdo frente a sencillísimas y bellas frases...
Suyo quedo, Z+-----

Serendipity dijo...

Toma complicada!!!! Te quedo estupenda! Un abrazo!

Merche Pallarés dijo...

Como dice el Sr. DE LA VEGA, este capítulo tiene un poco de todo menos la aclaración del amor de Cardenio que me ha frustrado. Veremos qué pasa en el XXVI. Besotes, M.

El Ente dijo...

Tiene vuestra merced, la habilidad de engancharnos, hidalgo Don Pedro. He de decir que Dulcinea del Toboso, nunca será reconocida por mi como Aldonza Lorenzo, pues como Don quijote, me encuentro inmerso en la más profunda irrealidad de los acontecimientos, o quizás no. Sea como fuere mi querido hidalgo Don Pedro, en la tarea de leer el capítulo me hallo. Que los espiritus de los caballeros andantes le velen y guíen en esta vuestra hermosa contienda.

Un abrazo!!!

Antònia P. dijo...

Un capítulo complicado, largo y sugerente....Mmmm me imagino al hidalgo en el primer destape y no puedo evitar la risa.
En cuanto a la identidad de Dulcinea, poco importa que sea una moza garrida si nuestro héroe la ve como una bella y delicada damisela.
Cervantes, mayor y desengañado nos dice a través de sus personajes que el amor no depende del amado sino del amante. Como dicen los científicos: feromonas o como dice un refrán popular: Hay ojos que se enamoran de legañas.
La foto genial: Pedro a punto de perecer bajo un alud de libros.
Un abrazo.

Antonio Aguilera dijo...

Hola Pedro:

He ido leyendo y escuchando estos ùltimos capìtulos a vuestro par, pero la falta de toempo me ha impedido comentar. Ahora tambièn voy apuradillo. Perdòn pues pido.

En el cap. anterior me llamò la atenciòn el sobrenombre que dio Cervantes a Cardenio: El Roto.
Como el dibujante de EL Paìs, me hizo gracia

Antonio Aguilera dijo...

Tengo mal La Internet y he preferido publicar, me gasta malas pasadas borràndome lo escrito.

Ahora en èste cap., en el cual me he reìdo bastante, Muñoz Molina y Pilar Mirò, toman el nomnre de Beltenebros para sus sendas obras.

Me gustarìa preguntarte si realmente estos nombres de El Roto y Beltenebros, tù crees que son tomados de El Quijote.
Supongo que segùn vayamos leyendo nos encontraremos con màs casos.
Sabes de alguno màs?.

Saludos y gracias por ofrecernos esta oportunidad

Gabiprog dijo...

Así que Beltenegros...

Que Cenutrio que soy!!

Y luego dicen que internet solo sirve para perder el tiempo...

Un abrazo y buen fin de semana.

Antonio Aguilera dijo...

UYYYYYY, olvidè dejarte los datos del nuevo proyecto Espolòn, que no recuerdo si te hablè de èl.

Te copio su sitio, apenas naciò reciente:
http://espoloneando.blogspot.com/

Iremos montando temas poquito a poco. Segùn se cuenta en nuestro pròlogo, somos currantes de a pie, y autodidàctos; por lo que nuestros medios seràn, quizàs, bastante limitados.

Me voy ya, perdona la "tabarra".

Ssludos y salud sexual, hermano.

Anónimo dijo...

Escasos debían de ser los días que habían pasado de su internamiento en la sierra huyendo de la Santa Hermandad que, harto de pasar calamidades en las asperezas de Sierra Morena y consciente de que no le sirve de nada ser rico en aquellos arribanzos; con la morriña a cuestas, le propone a su amo un regreso a casa. Ya tenía ganas de aligerar el peso de las alforjas y hacer partícipes de la riqueza a los suyos, no fuera a ser que, considerando el lugar, cambiara de alforjas sin desearlo.

Inspirado por las asperezas y despeñaderos de los parajes andaluces siente D. Quijote que la ocasión la pintan calva para tratar de imitar a Amadís en la penitencia de Beltenebros. A su edad, ya no se considera competente para matar endriagos, descabezar serpientes o hender gigantes. Piensa que la excelencia en La Caballería, (por extensión en cualquier otro orden de la vida) la hallará en la imitación de los modelos. Desde esta imitación desarrollar su propia personalidad y no estar siempre partiendo de cero.

El hecho del levantamiento de la prohibición de hablar a Sancho, impuesto en el suceso de los batanes; molesto por la excesiva familiaridad de su escudero, supone las más duras acusaciones mutuas: la acusación de loco por parte de Sancho es respondida por D. Quijote tachándole de corto por no comprender que en el mundo de la caballería hay un atajo de encantadores que tracamudean las cosas a su antojo, según quieran favorecer o destruir. Al hilo de esto se dirige D. Quijote a su creador (sabio) para agradecerle el hecho de que el yelmo a todos le parezca bacín de barbero: única forma de que aún siga en su poder.

D. Quijote, en persona, libera a Rocinante, poniéndole a la altura de los mejores caballos de leyenda. Siente Sancho un poco de celos y mosqueo ante tanta alabanza y por verse privado de la tarea primordial del escudero: desensillar la montura del amo. Sin embargo, se muestra encantado de volverlo a ensillar cuando su amo accede a prestárselo para ir al Toboso a entregar la carta de amor a su destinataria y de paso, aliviar de peso las alforjas.

Bien resuelto el asunto de la foto. Ya te veía haciendo el pino y dando pinetas por los riscos de Sierra Morena. pancho

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

DIANNA: pues tienes razón. Qué entrada aquella tuya con todos nosotros quijotescos. Besos.

SEÑOR DE LA VEGA: buen apunte con las cosas esenciales de este capítulo. En efecto, esto es una sinfonía moderna y lo que se descompone es reutilizado de sabia manera posteriormente. Encantado de tenerle por aquí.

SERENDIPITY: y tanto, no tenía manos suficientes...

MERCHE: veremos cómo termina la historia de Cardenio (aunque para esto tendrás que esperar un poco). Besos.

EL ENTE: muchas gracias. Veremos a Aldonza en su sazón más adelante. Un abrazo.

ANTÒNIA: el efecto del desnudo de don Quijote es muy visual y gracioso. La pobre Aldonza no era tan bella como Dulcinea, pero para Sancho es moza agradable, cuestión de gustos.

ANTONIO AGUILERA: Tengo entendido que el nombre de El Roto procede de Cardenio, en efecto. Beltenbros es el nombre que se pone Amadís, pero Muñoz Molina, que es muy cervantino, lo toma de aquí, no de Amadís, por un juego intertextual y paródico. Hay más y lo iremos viendo.
Me alegro de vuestro nuevo proyecto, ójala tenga éxito.

GABIPROG: pues sí, Beltenebros procede de aquí (además de todo el significado etimólogico del término, claro).

Gracias a todos por vuestros comentarios. Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

PANCHO: hace frío y llueve para ir medio desnudo por la Sierra, querido amigo. Me agrada cómo has comentado el capítulo relacionándolo con los anteriores... y la visión de la liberación de Rocinante (que el pobre no quiere, claro).

J.R.Justo dijo...

A raíz de un comentario que deje en Burgostecarios [http://burgostecarios.blogspot.com/2008/10/novela-rosa-o-chick-lit.html], me acorde de ti [para bien]. Creo recordar que no has hablado nunca de Ana Rossetti,.. ya se que Cervantes es Cervantes..pero..

Saludos

Cornelivs dijo...

Fantástico y magistral análisis de este capítulo, Pedro, efectivamente, uno de los más largos.

"...y luego, sin mas ni mas, dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dió por contento y satisfecho de que podia jurar que su amo quedaba loco".

Fantástico Cervantes, como siempre.

Cuando voy con mi moto por Sierra Morena (paso de Despañaperros, el paisaje es muy bonito), algunas veces detengo la maquina, me siento en el mirador, y me imagino a nuestro Hidalgo haciendo esas locuras encima de aquellas peñas.

Un cordial saludo.

Esther dijo...

Me imagino que aldonza será como para poner nombre o imagen a esa dulcinea que tiene el en la cabeza..pues segun creo recordar de cuando lo leí hace tiempo la tal dulcinea era casi hasta una muchacha algo basta,no era una dama como el la imaginaba..Le invadió el amor platónico del tal forma que veía a través de su cristal haciendolo todo más bonito..

besos

SAUVIGNONA dijo...

ahora esperaremos a ver que pasa cuando sancho vuelva de dejar la carta
ahora yo digo: asi como te ves con todos esos libros debes haber asistido a la universidad no?
digo... para que sepas tanto y expliques con bastante entiendimiento...
besines! y buen fin de semana

Ariel Luque dijo...

"Ficción tan necesaria para su propia construcción como caballero andante." Magníficamente dicho. ¿Que sucederá con esa bendita o maldita carta? habra que esperar. Genial lo tuyo Pedro!

Un abrazo grande.
Ariel.

Paco dijo...

No me voy a extender, pero me ha costado llegar al final... y he disfrutado.

saludos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

J.R.JUSTO: No, aun no he hablado de Ana Rossetti. Poco a poco, querido amigo. Saludos.

CORNELIVS: espero que no te dé por imitarlas... sobre todo en invierno, claro. Un saludo.

ESTHER: ese es parte del juego con Dulcinea, en efecto. Besos.

SAUVIGNONA: ¡mira mi perfil y te respondo! Aunque uno va creyendo que es autodidacta... Besos.

ARIEL LUQUE: la solución, la próxima semana. Un abrazo.

PACO: me alegro de que te haya gustado. Saludos.

SELMA dijo...

Pedro me temo que suspenderé :-( y tendré que recuperar esta parcial... ponme data y hora....

Un beso...

fernando dijo...

ya no quedan Dulcineas, ni Quijote, ni Sanchos, ni Amadís, en esta nuestra sociedad moderna.

un abrazo.

Incombustible dijo...

Bueno, al final lo has conseguido: he tirado muy lejos el Ulises (si es que Joyce debe ser para los muy iluminados, porque lo que es yo he estado batallando con el libraco ese, por más de 4 meses) , para volver a los amorosos brazos de Cervantes. Y aunque esté como Sancho "muerta por razonar" , me voy a reservar para cuando vaya más al corriente con la lectura (acá entre nos, voy a ver si el dueño de mis pensamientos romanticoeróticofestivos aguanta que le divida el tiempo, este fin de semana, con Don Quijote...excelente prueba de amor, creo yo jejeje).
Besos y me voy a leer tus otras entradas, que ya llevaba atrasada , también, la lectura de ellas.

PD:
Perdona el comentario tan "fresco" de hoy, pero es que llevo un colocón de café que, me temo, no voy a poder dormir una semana.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

SELMA: nada, ya sabes, antes de la próxima semana, para que no se te acumule el trabajo... Un beso.

FERNANDO: ni Cervantes.

INCOMBUSTIBLE: ¡me alegro! Bienvenida al grupo. Ten cuidado con la cafeína.

SELMA dijo...

Pedro, las parciales nunca son de una semana para otra.... ¿¿¿En Burgos sí???

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

SELMA: tienes razón. Como La Acequia está abierta las 24 horas, aquí te aguardarán las entradas atrasadas para que las comentes. Yo te responderé. Pero no te retrases mucho, que se te acumulará el trabajo...

SELMA dijo...

Tendré que buscarme un tutor, o un profe particular....

manuel de la rosa dijo...

Una de las cosas que más me llamó la atención es la verborrea que Cervantes pone en boca de Sancho y las ganas que tiene de irse y de convencer a su señor para que no se quede, pero algo en su interior le dice que debe de quedarse..dificil papeleta.
La foto es tremenda, me recuerdas a mi en el cambio de clases...saludos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

SELMA: ya sabes que estoy aquí para ayudarte en lo que preguntes.

MANUEL: en efecto, cada vez será mayor esa sensación en Sancho: querer irse pero no poder porque ya está enganchado.
Espero que no te sepulten los libros...
Saludos.

Ele Bergón dijo...

Ya he dicho por aquí que el Quijote lo leí en este verano y parte del otño este capítulo en concreto tengo menos en mi memoria. Poco a poco, mientras os leo, recuerdo la risa que me producía las cabriolas de Don Quijote desnudo y el diálogo que se traen Don Quijote y su escudero a cuenta de hablar y no hablar bien. En cuanto a la desaparición del rucio, creo que fue en otros capítulos posteriores donde pensé que quizá yo no lo había leído bien porque me pregunté ¿cuándo ha desaparecido?

Sigo recordando El Quijote con vosotros.

Un abrazo Pedro.

Abejita de la Vega dijo...

Sancho ¡Te entendemos!
¡Bien por Sancho! Solicita licencia, a su señor, para volver a casa; pero no por las coces, manteamientos, ladrillazos y puñadas…no. Lo que es superior a sus fuerzas es… ¡obedecer la orden de permanecer callado! Las mujeres, al menos, le comprendemos perfectamente. Algunos hombres, no sé, no parecen sentir esa imperiosa necesidad de comunicación verbal de nuestro escudero .Si se pudiese, como en las fábulas de Esopo, charlaría con su jumento. ¡Jumento? ¿Dónde? ¡Otra vez el burro Guadiana!

Abejita de la Vega dijo...

¡Otra vez el burro Guadiana!
Tras una alusión a las fábulas de Esopo o Guisopete, ¡zas! el burro Guadiana surge vez. El lector asombrado lee: “Si… los animales hablaran… fuera menos mal, porque departiera yo con mi jumento lo que me viniera en gana.”. Unas líneas más… y bajo tierra otra vez: “Bien haya quien nos quitó ahora del trabajo de desenalbardar al rucio…”Sancho tendrá que montar en Rocinante para llevar la carta del penitente don Quijote a la ingrata Dulcinea, en una imagen que rompe nuestros esquemas. Además, llevará escrita la libranza pollinesca, una orden escrita para que la sobrina de don Quijote le entregue ¡tres burros nada menos! Singular documento ¡con fecha de veinte y dos de agosto! En el acorde de Luz y en mi arañita ya comentamos la falta de datos climatológicos, nos suponemos que no hace frío porque no aluden nunca a la necesidad de abrigarse. Tampoco llueve, ni hay tormentas…Gracias a los pollinos, los situamos en verano.

Abejita de la Vega dijo...

¡Dulcinea es real!
En este capítulo, por primera vez, Dulcinea es de carne y hueso Se trata de la analfabeta hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales. Cuatro veces, en doce años, la ha visto el de la Triste Figura y, posiblemente, ella no sepa nada de las honestas miradas del hidalgo. Con estos datos, Sancho nos pinta a la aldeana Aldonza en un cuadro cómico, opuesto al de la recatada Dulcinea. Sonreímos imaginando a una recia moza, algo hombruna,¡de pelo en pecho! , con la cara estropeada por el sol y el aire, nada melindrosa, burlona con los que la requiebran, compitiendo con los más forzudos zagales y dueña de un vozarrón que se oye a media legua. Seguro que se partiría de risa, ante los vencidos que su caballero le envía.

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo
En este capítulo tenemos la clave de toda la obra: Don Quijote confiesa: quiere creer lo que quiere creer y termina creyéndoselo. Por ello, las palabras de Sancho, el cuadro cómico que pinta, no hacen mella en él, dispuesto a engañarse a sí mismo. Tras contarnos lo que hoy denominaríamos chiste verde, un gastado chascarrillo de viuda consolada, lo enlaza artificialmente con su caso. Pregunta y se contesta: “¿Piensas tú que las Amariles, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas y otras…fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquéllos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo.”Concluye que le basta con “pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta” y el se hará cuenta de que es “la más alta princesa del mundo”.En consecuencia, su carta irá dirigida a una soberana y alta señora, de parte del “ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón”.Viva el mejor loco de toda la literatura universal¨.

Sor Austringiliana dijo...

¡Cuántooooo hablaaaaaaaa!
Perdóooonala, Pedrooooo...
Me cierraaan

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ELE: me alegra que recuerdes lo bien que te lo pasaste leyendo. Es lo mejor que me puedes decir. Un abrazo.

ABEJITA: Pobre burro Guadiana y qué listo es Sancho: él, por ahora, va a lo suyo. Tienes razón en lo de la necesidad de hablar.
En cuanto al frío: ya hemos comentado aquí que la narración trascurre en las semanas más calurosas del verano.
En lo de Aldonza-Dulcinea, como sabes, no ha hecho más que comenzar este divertido juego de perspectivas e intereses.
Y, como dices, este capítulo es fundamental para reinterpretar todo lo anterior y lo que sigue. Muy bien visto.

SOR AUSTRINGILIANA. la perdono, la perdono, que lo que dice es todo interesante. Ahora bien, como no sé si lo quiere repetir para que nos quede claro o si se le ha ido la mano al publicar, borro los comentarios repetidos.

BIPOLAR dijo...

He sentido muchísima pena con lo que has contado sobre la estructura y desarrollo. ¿Fue cruel Cervantes con su Quijote?

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

BIPOLAR: si te refieres a los errores de imprenta, yo siempre he pensado que Cervantes, en este caso, tuvo poca culpa: que la impresión fue tan rápida y urgente que no tuvo ni tiempo ni ocasión de leer toda la obra de corrido. No estoy muy de acuerdo con los que piensan que era un hombre descuidado hasta este punto. Así que no fue cruel con su libro, simplemente se le escapó de las manos. Estas cosas pasan frecuentemente en el mundo editorial.

Aldabra dijo...

Pues ya me he leído el capítulo. Tus explicaciones me han ayudado mucho a acabar de comprenderlo del todo.
Bicos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ALDABRA: me alegro mucho de que nos hayas conseguido alcanzar. Besos.

BIPOLAR dijo...

Puf ya me lo he rematado
Difícil capítulo, hay que concentrarse para no perder ripio.

Quijote sabe perfectamente que debe hacer un juego para parecer...
Se ríe de si mismo.

Sancho aprecia a Quijote a pesar de la buenísima descripción que hace de Aldonza.

Y no llego a comprender esta relación entre el autor y sus personajes. Es una relación pasional amor-odio (no llega a ser odio).. A veces les deja hacer... luego retoma las riendas...
¿toque de sadismo literario?

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

BIPOLAR: más que sadismo, es que se adelantó a su tiempo...

Euphorbia dijo...

Qué gusto leerte capítulo a capítulo para poderlo entender todo un poco mejor.

Gracias

Un beso

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

EUPHORBIA: sin agobios es mejor, en efecto.

Myr dijo...

Hola aqui estoy Pedro:

Lo que mas me gusto de este capitulo que me encanto es:

La preg de Sancho: "que causa tiene usted para volverse loco?"...
Y la respuesta de DQ " y ahi esta la finesa de mi negocio.....que volverse loco un caballero andante.... EL TOQUE ESTA EN DESATINAR!!!!!" ( sublime!)....y dar a entender a mi dama que si en seco hago esto, que hiciera en mojado"!!!! ( superromantico!!!)

y luego " Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tu vuelvas.....y si fuere al contrario, sere loco DE VERAS y siendolo no sentire nada"

Y aqui cito tus palabras explicativas ( en el sig cap) "Debemos observar que DQ hace esta reflexion en forma consciente... porque el mismo sabe su condicion de personaje parodico".

Loco por eleccion consciente hasta donde quiera y como quiera. Eso es ser loco ( en terminos medicos?) o querer vivir la vida a sus anchas y como le plasca?

Todo depende desde donde miramos la cosa, no?

Besos

Myr dijo...

PD. No puedo de dejar de pensar en como Cervantes se reiria de nosotros ante cualquier analisis o interpretacion simplista de su obra,
si fuera capaz de vernos ahi desde la nube en que pudiera estar sentado.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MYR: ¡qué bien visto! Desde luego, muy romántico, muy romántico...
Todo depende de como lo miremos. No sé qué decís los expertos, pero a mí me parece que locura elegida es más locura... o más sabia.
Cervantes disfrutaría con nosotros, en efecto.
Besos.

Juan Luis G. dijo...

Hola Pedro.

Es de gran utilidad resaltar que es en este momento cuando se desvela la verdadera identidad de Dulcinea, por lo lo que comentamos en otra ocasión que leemos El Quijote con demasiada información previa.

Parece que para D. Quijote el amor es un trámite, un mero requisito que ha de cumplir para formar parte de la leyenda de los caballeros andantes.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

JUAN LUIS: hay que comprender al pobre hidalgo, que ya no estaba para cortejos reales... Un abrazo.

Asun dijo...

Capítulo denso y largo que ha requerido poner en funcionamiento todos los sentidos y tener que retroceder en más de una ocasión para retomar el hilo que lo iba perdiendo.

La retahíla de refranes de Sancho es digna de mención. ¡Menudo repertorio!

Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea; y si fuere tal cual a mi fe se le debe, acabarse ha mi sandez y mi penitencia; y si fuere al contrario, seré loco de veras, y, siéndolo, no sentiré nada.

Con esta frase, bajo mi punto de vista, se demuestra que está cuerdo como el que más, ya que alguien trastornado no creo que fuera capaz de hacer semejantes razonamientos.

Otra cosa a mencionar, la descripción que hace S. de Dulcinea, nada que ver con lo que hasta ahora nos había hecho ver DQ.
¡Hay que ver cómo para un enamorado no hay nada que enturbie la belleza de su amada!

Un beso

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ASUN: a veces en el Quijote da la impresión de que los supuesos locos lo están menos que los supuestos cuerdos. Besos.