jueves, 30 de abril de 2009

El cuento del cabrero y la moza burlada (Cap. 1.51).


El relato del cabrero, que ocupa todo el capítulo, es muchas cosas juntas que debemos apuntar.

En primer lugar, recordemos que interrumpe el debate sobre la literatura caballeresca, en el que se polemiza sobre la verosimilitud y lo fantástico en la literatura. Como ya hemos detectado que Cervantes suele responder a los debates literarios o temáticos abiertos en el Quijote con una historia, no nos debe sorprender que proponga, en el relato del cabrero, una conversión a la ficción verosímil de las historias pastoriles, tan idealistas y llenas de irrealidad. Ya hemos visto esto mismo en el Quijote. Es una materia reconocible a estas alturas de la novela, puesto que tiene muchas similitudes con el encuentro con los cabreros y la posterior historia de la pastora Marcela.

Este cabrero anda por el monte cuidando sus cabras por culpa de una historia de amor frustrada, pero, aunque desciende de los pastores fingidos de la literatura pastoril, plantea una seria evolución del género (cosa que ya había propuesto Cervantes desde La Galatea pero que en el Quijote asienta definitivamente). Es curioso el ingenio de Cervantes: rompe el género desde dentro, a la manera de lo que viene haciendo con la novela caballeresca desde el inicio de la novela.

Para hacerlo, mezcla lo pastoril con otros géneros bien conocidos por un lector de la época: las historias de rústicos, la novela de engaños a la italiana, el cuento folclórico, el chiste misógino, etc. Todo eso contiene la historia de este cabrero. Como vemos, Cervantes continúa con su propuesta de muestrario de géneros narrativos, mezclándolos y jugando con ellos.

Del cuento debemos resaltar varias cuestiones. En primer lugar, que aborda una temática muchas veces tratada en la literatura y en el folclore. De ahí su fuerte raíz misógina, que debía hacer las delicias en la época. Sin embargo, en el texto hay matices que conviene resaltar antes de condenar, desde una perspectiva actual, al autor.

Eugenio sí es el declaradamente misógino:

Yo sigo otro camino más fácil, y a mi parecer el más acertado, que es decir mal de la ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus promesas muertas, de su fe rompida, y, finalmente, del poco discurso que tienen en saber colocar sus pensamientos e intenciones que tienen.

Pero él mismo nos dice que su amigo y rival, Anselmo, tiene otra perspectiva ante el mismo hecho:

Entre estos disparatados [se refiere a todos los pretendientes de Leandra que andan por el monte disfrazados de pastores], el que muestra que menos y más juicio tiene es mi competidor Anselmo, el cual, teniendo tantas otras cosas de que quejarse, sólo se queja de ausencia; y al son de un rabel, que admirablemente toca, con versos donde muestra su buen entendimiento, cantando se queja.

Y, entre los otros pretendientes de Leandra que llenan el sitio como si fueran setas, hay de todo, pero sólo Eugenio, como él mismo dice, ha seguido el camino más fácil.

No tengo tan claro que la moraleja del cuento sea misógina, como muchos afirman. Hay suficientes alusiones en el relato que nos hacen pensar si la ingenuidad de Leandra no viene dada del excesivo recato y encerramiento que sufre la joven. Esta adolescente apartada del trato de los hombres de su edad es campo abonado para un burlador de medio pelo como Vicente de la Rosa. De que la mujer fuera burlada y encerrada en un convento hasta que se pase el ruido, tiene más culpa su encerramiento que su voluntad.

Por cierto, qué personaje Vicente de la Rosa. Procede, por vía directa, del soldado fanfarrón del teatro, en especial, del teatro breve: bravucón, sin principios, mentiroso, etc. Y su descripción -literaria pero basada en un tipo real de la época-, daría que pensar a cualquier padre de orden que lea el texto. Silenciemos, si os parece, si fue y volvió virgen la joven. Al fin y al cabo, ella lo afirma y el padre acaba creyéndoselo.

No saquemos más conclusiones hasta no ver cómo concluye la cosa el próximo jueves, en el capítulo LII (y último).

33 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

En este capítulo he visto que el cabrero está MUY cabreado... porque la Leandra no le hizo ni puto caso... (perdonen, vuesas mercedes, mi vocabulario soez pero ya llegando a estas alturas de las historias de los cabreros, donceles y doncellas, letrados que triscan por los montes, canónigos, curas, soldados vestidos de carnaval con vestimentas "que hacía tantos guisados e invenciones de ellas, que si no se los contaran hubiera quien jurara que había hecho muestra de más de diez pares de vestidos y de más de veinte plumajes..." ¡YA NO PUEDO MAS! (aunque admiro la capacidad invectiva y narrativa de nuestro querido Cervantes ¡por supuesto que era un genio!). La historia del cabrero me ha subyugado, me ha intrigado y me he quedado admirada de ver que TODOS los que habían hecho requiebros a la bella Leandra estaban en esas estepas cuidando de sus ovejas y cabras, entreteniéndose entre ellos... y maldiciendo a las mujeres... como es de rigor.

Este truhán (el soldado de los plumajes) que les arrebató el amor de Leandra a todos sus pretendientes lo hizo con malas artes. Se jactaba que "había muerto más moros que tiene Marruecos y Túnez" tambien "añadiósele a estas arrogancias ser un poco músico y tocar una guitarra a lo rasgado" Total, que conquista (a Leandra) se escapan juntos, yacen juntos, el se vá por las de Villadiego y ella se queda sola, fané y descangallada. El padre, el honesto y honrado labrador "porque es anejo al ser rico el ser honrado" (¡JA!) la mete en un convento.

A todo esto dos de los pretendientes son Anselmo (me parece que este nombre lo he oido antes...) y Eugenio, el cabrero. Como fueron rechazados "Anselmo y yo nos concertamos de dejar el aldea y venirnos a este valle, donde él apacentando una gran cantidad de ovejas suyas propias y yo un numeroso rebaño de cabras, tambien mías, pasamos la vida entre los árboles dando vado a nuestras pasiones..." (Ehem, ehem...)

"A imitación nuestra, otros muchos de los pretendientes de Leandra se han venido a estos ásperos montes usando el mismo ejercicio nuestro (Ehem, ehem...) que parece que este sitio se ha convertido en la pastoral Arcadia..." Entre todos "Éste la maldice y la llama antojadiza, varia y deshonesta; aquél la condena por fácil y ligera; tal la justicia y vitupera, uno celebra su hermosura, otro reniega de su condición y, en fin, todos la deshonran y de todos se extiende a tanto la locura, que hay quien se queje de desdén sin haberla jamás hablado, y aun quien se lamente y sienta la rabiosa enfermedad de los celos, que ella jamás dio a nadie, porque, como ya tengo dicho, antes se supo su pecado que su deseo" (Ay, las habladurías y la facilidad de manchar una reputación sin ton ni son; ésto ha sucedido hasta hace bien poco en España no lo olvidemos, y sigue ocurriendo en muchos otros lugares...).

Al final "Leandra resuenan los montes, "Leandra" murmuran los arroyos, y Leandra nos tiene a todos suspensos y encantados, esperando sin esperanza y temiendo sin saber de qué tememos."

Termina el cabrero cabreado con una diatriba contra " la ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus promesas muertas, de su fe rompida y, finalmente, del poco discurso que tienen en saber colocar sus pensamientos e intenciones que tienen..." Por eso prefiere a su cabra Manchada "que por ser hembra la tengo en poco, aunque es la mejor de todo mi apero..." ¡0LÉ tus huevos! (Perdonen de nuevo mi lenguaje soez). Besotes, M.

pancho dijo...

CAPÍTULO LI
No fueron necesarios muchos ruegos para que el cabrero se sentara con el grupo a comer. Las carreras que la cabra Manchada, líder del rebaño, le había hecho dar en su búsqueda le habían despertado el apetito. Bien acomodados ambos, ya sosegados del sofocón, se dispone el cabrero a contar el cuento que acredita “que los montes crían letrados y las cabañas de los pastores filósofos” como había afirmado el cura y,”hombres escarmentados” como él había remachado.

A no más de tres leguas de donde se encuentran había un rico labrador viudo, cuya honradez no le iba a la zaga a la riqueza. La belleza que su hija Leandra atesoraba, trascendía el ámbito local y social; hasta la misma Corte habían llegado noticias de tanta hermosura.

Como era de suponer, los pretendientes hacían cola a la puerta del labrador rico. Entre ellos estaban Anselmo y el que esto cuenta, Eugenio. Los dos, paisanos y de familias que en nada desmerecían a la de la joven. Como no había forma de que la balanza se desequilibrara en ningún sentido, dejó el padre que fuera Leandra la que decidiera a qué carta quedarse. Quiso la mala suerte que la joven decidiera la miseria de ambos, al marcharse con un tal Vicente de la Rosa que se había enrolado en los tercios a la tierna edad de doce años, de vuelta tras haber estado sirviendo durante otros tantos. Se las arreglaba para engañar a los incautos con el “guisado” que hacía de sus tres llamativos uniformes, a todos menos a los labradores que bien saben que: “No es oro …”

Embobados dejaba a los aldeanos, que hacían corro para escuchar los países que había visitado y cómo, de tanta despoblación que había causado con su espada, se hacía necesaria una nueva repoblación de moros españoles. Enseñaba a sus paisanos heridas invisibles de los arcabuzazos recibidos. Mostraba tal arrogancia en su porte y expresión, que hablaba de tú a los iguales; ni al rey debía nada. Cantautor sin sustancia, pero que con el oportuno marketing, - hacía hasta veinte copias de sus temas - , no le faltaba el éxito.

Nada es de extrañar pues, que la joven, inexperta Leandra cayera rendida a sus pies sin ni siquiera solicitud previa; teniendo en esta empresa más éxito que en ninguna de las que él se auto atribuía.

A los tres días de ausentarse ambos de la aldea apareció ella medio desnuda en una cueva, desvalijada y con el honor intacto, lo cual admiró a todos y sirvió de consuelo al padre “pues le habían dejado a su hija con la joya que, si una vez se pierde, no deja esperanza de que jamás se cobre.” Inmediatamente después la internó en un convento local para que el tiempo borrara la mala fama creada. La gente atribuyó a su “desenvoltura y a la natural inclinación de las mujeres, que, por la mayor parte, suele ser desatinada y mal compuesta.”

Como consecuencia de la profunda decepción que sufrieron porque la luz de sus ojos languideciese en un monasterio, Anselmo y Eugenio deciden dedicarse al pastoreo de ovino y caprino “dando vado (aliviando) a nuestras pasiones.” Añorando o despotricando de Leandra. Otros muchos pretendientes de la joven los imitaron, llenando el paraje de atajos de ovejas y cabras, pastores y cabreros celebrando su hermosura o vituperando y maldiciendo su condición.

Mientras Anselmo con su rabel, sólo se queja de ausencia, Eugenio prefiere echar pestes de la ligereza, inconstancia y doblez de las mujeres. Esta fue la razón por la que él hablara a Manchada de la forma que todos oyeron. Para resarcir a todos los oyentes del tiempo empleado en escucharle, les invita a seguir comiendo y bebiendo en su majada cercana.

En la descripción del soldado veterano de los Tercios, no por edad sino por permanencia en los mismos, subyacen datos autobiográficos del autor. Se refleja el indudable atractivo que para los lugareños debían de tener aquellos soldados que habían visto mucho mundo. Narradores de batallas y victorias que llenaban de orgullo al español en una época que España era la primera potencia militar. Completamente distinto de los veteranos, mutilados de la guerra de Cuba, que narraban derrotas y enfermedades la mayoría de las veces, como aquellas narraciones plenas de amargura, que escuchábamos de niño de uno de ellos.

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

como siga mi mala racha amorosa me voy al monte con el cabrero...

un abrazo.

Alatriste dijo...

Jejeje, el detalle de si volvió o no virgen a mí también me llamó la atención, Leandra lo afirma, pero Eugenio parece contarlo con ritintin.

Otro detalle que me hizo gracia es cuando resalta que los montes se han llenado de pretendientes de Leandra que se han pasado a la vida pastoril suspirando por la muchacha y lo concurrido del lugar por esa causa; al final esa situación la compara con la novela pastoril de la Arcadia. Creo que aquí Cervantes hace una crítica muy clara a las novelas de este género como bien afirmaste antes Pedro.


Me ha gustado el capítulo, resulta cuando menos curioso.

Un saludo

Mafi dijo...

A mi me alegra verte en la foto como siempre, observando reales posaderas a la vez que ofrecíendo lo mejor de la literatura... bien, bien.. ;)

BIPOLAR dijo...

Ay Pedro no me enciendas, que he visto el descenso vertiginoso de la mujer a los tiempos en los que estaba de moda colgarse cualquier cosa del brazo.

Jan Puerta dijo...

Apreciado Pedro... justo antes de sonar los últimos cuartos del día he publicado mi pequeña aportación al tema. No sabia muy bien por donde coger los cuernos del capitulo y pensando mientras lo releía, he visto una gran similitud en la hermosa leandra y las mujeres que hoy en día son tan admiradas como odiadas por todo el resplandor que emiten.
No se si voy bien el tema, pero...
Quizás la moraleja nos haga dudar del carácter misógino. Pero apunta maneras sin el más ápice de vergüenza. Ni propia ni ajena.
Un abrazo.
Ya me comentaras si lo de los enlaces lo hice bien.

Selma dijo...

Pregunta malévola la mía ¿tiene relación la foto que miras de reojo con la afirmación de que: " la ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus promesas muertas, de su fe rompida"..etc.;-)

Un beso, Pedro...

MAMEN... dijo...

Cuántos pretendientes tiene la tal Leandra, jejejeje¡¡.. Tú foto no tiene desperdicio Pedro¡¡¡:D:D:D:D

BESOOOSSS DE JUEVES NOCHE CORAZÓNNN¡¡¡

María dijo...

Literatura maravillosamente expresada la que relatas hoy, Pedro.

¡¡¡Y qué gracioso estás en la imagen!!!! jajaj.

Un beso.

REIKIJAI dijo...

Todos vieron salir al pastor del matorral,que le reprochaba a la cabra, que al ser hembra no se podía estar tranquila. Así comienza la conversación entre el cura y el pastor.El cura le dice que en los montes crían letrados y las cabañas filósofos.El pastor ratificar lo dicho con la historia de Eugenio y Leandra. Que siendo joven de enamoro de una muchacha,Leandra; pero esta joven tenia otro enamorado que también pidió su mano.El padre dejo en manos de la joven la elección. Al cabo de unos días apareció un joven soldado por el pueblo, contando sus hazañas en guerras y batallas. Y la muchacha dada su corta edad, se deslumbro; tomo algunas joyas de su casa y marcho junto a este. A los pocos días la encontraron sola y sin un solo peso; el soldado le robo las joyas y la dejo.El padre la metió en un convento para darle una lección. Ahí el pasto explica,lo dicho a la cabra; que debía ser mujer ya que su comportamiento era alocado igual que lo fue el de Leandra.
Pedro,Feliz Día ...¡!!Besitos.

blogochentaburgos dijo...

me fascina cada vez que acompañas una entrada con tu foto. realmente lo bordas.

Hernando dijo...

Ayer ya hablé de las hermosas posaderas que nuestro profesor tanto mira, no te preocupes son de cartón piedra, esas posaderas no sudan.
Sobre "El Quijote" en este capítulo nos demuestra una vez más, su carácter actual. Hasta hace muy poco tiempo todas las ovejas descarriadas terminaban en las huertas de los conventos.
Lo digo como crítica a esta costumbre tan negativa que se ha producido en la sociedad Española a lo largo de su historia qué diferencia con Mde. Bovary.
Desde un principio me llamó la atención lo de la cabra y leyendo a Eduardo Mendoza me dí cuenta que lo de las cabras es pura tradición. "Las cabras, pertenecen, por natural disposición de sus partes , a la misma especie animal que las ovejas, pero en tanto que éstas son dóciles, tranquilas, timoratas y al decir de Arstóteles, estúpidas, las cabras son rebeldes, fogosas, audaces y malintencionadas"

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MERCHE: vaya, Merche, esto de irte de viaje te desata la lengua. Cervantes también se dio cuenta de que la Segunda parte no podía ir por el mismo camino. Ya lo veremos, pero comprendo tu saturación. Y veo que sigues con tus insinuaciones sobre el cabrero y la cabra... Besos.

PANCHO: Entre aquellos soldados de los Tercios y los pobres de Cuba había mucha distancia, demasiada, como señalas. Excelente resumen del capítulo.

FERNANDO: vaya, no será para tanto... además, este monte ya está lleno de pastores infelices... Un abrazo.

ALATRISTE: esta historia es muy entretenida, en efecto. Yo, por si acaso, ya he pedido sitio en un monte...

MAFI: gracias... es por contextualizar.

BIPOLAR: jopé.

JAN: visto, leído y admirado, querido amigo. En disculpa de Cervantes: era lo que se llevaba... Los enlaces, perfectos.

SELMA: ay, qué cosas me preguntas... Un beso.

MAMEN: es que esta Leandra debía ser muy buena moza. Besos.

MARÍA: gracias. Un beso.

REIKIJAI: ¡bien vistas las claves! Besos.

BLOGOCHENTA: ¡gracias!

HERNANDO: ¿no sudan? A ver si son ficción... En efecto, era costumbre muy española, que siempre ha juzgado a los demás más a que uno mismo. Qué buena la cita de Mendoza. Gracias.

Un abrazo a todos y gracias por vuestros comentarios.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Cuando comencé a leer el capítulo, me dije: oh no¡¡¡ otra aventura de amores y desamores....
Pienso que si no misógino, si que despechado hacia el género femenino si que está el cabrerito, con razón o sin ella, porque correspondido no lo es por la adolescentorra...que buenoel comentario de Merche¡¡¡... ah y el desfloramiento que no se produjo...no se lo cree ni el escritor...saludos y nos vemos

Antonio Aguilera dijo...

Este cabrero se ha "echado al monte" y dedicado a la vida pastoril a causa de un desengaño amoroso; recurso que utiliza Cervantes tambièn para don Quijote, al final de la 2' parte, cuando el de la Triste Figura es vencido, retorna hacia la aldea y por el camino va pensando y compartiendo con Sancho que a partir de ese momento se dedicarìan a la vida `bucòlica y pastoril. Oficio para "fracasados", entonces, èste de dedicarse al cuido del pequeño rumiante. Habremos de plantearnoslo en serio, èsto de un retiro en el monte, alimentàndonos de queso y leche de cabra.

Pedro, esta semana lo llevo mal (estamos ultimando la puesta a punto del 3º Espolón, con éste seguro que ya nos encierran).

Aun no he empezado a leer el capìtulo. En caso de que no pueda imprimir esta semana, la que viene lo harè doblemente; coincidiendo con el final de la 1· parte.

SALUDOS REVULSIVOS Y LATERALES.

pablo miguel simón dijo...

Para el lector de hoy la novela pastoril de aquella época es difícilmente asimilable, aunque muchas pelis de Hollywwod y libros de éxito no son más que novelas pastoriles en todo o en parte, con la conveniente actualización. Creo que Cervantes perseguía la definición de una poética que marcara los caminos a los distintos géneros y evitara la transgresión el decoro aristotélico, pero lo hace también "desde dentro", sin dejar que la teoría se sobreponga a la práctica. El Quijote fue un éxito entre el populacho por la eficacia con que en el plano superficial funciona el argumento, pero donde alcanza su dimensión inmortal es en la técnica aplicada a la idea de narrar. Excelente de nuevo, Pedro, tu labor y la de quienes siguen esta serie es admirable.

São dijo...

VIVA O 1º DE MAIO!!

Que tu fim de semana seja muito bom, amigo!

Bea dijo...

Tal y como se las gastaban en la época, me creo que el relato tuviera connotaciones misógenas.

Silvia_D dijo...

Despechado y p´al monte? no sé yo si habría cabras para todos... o bastante monte.

La luna, me ha congelado, me voy al sofá

Besitos, profe

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MANUEL: otra. Cómo debía gustar en la época. Pero Cervantes siempre nos sorprende: no hay una igual. Todo un muestrario, sin duda.
Yo tampoco me lo creo.

ANTONIO: Tranquilo. Cuando publiquéis, avisa. Si llegáis a tiempo para las noticias, lo recojo. Si no, para las próximas. Seguro que con el tercer Espolón conseguís... echaros al monte y haceros pastores.

MIGUEL: en efecto. En realidad, muchas de nuestras novelas y películas actuales no son más que versiones adaptadas de aquellas. Y tan inverosímiles como ellas. Tienes toda la razón en tu planteamiento. El Quijote es una doble obra maestra: argumental y técnica. Por eso su validez.

SAO: Feliz 1º de mayo también para ti, querida amiga.

BEA: las tenía, por supuesto. Pero Cervantes supo dar otros matices.

SILVIA: sal al sol de mayo, sal al sol de mayo. Besos.

Ele Bergón dijo...

No sé el porqué, pero en este capítulo me gustó mucho la imagen de ver a todos los cabreros retirados en el monte y sufriendo por sus penas de amor. Me pareció muy romántica la idea. Ya sé que es irreal, pero...me gusta proque me los imagino a todos hablando de Lucinda. ¿El sufrimeinto de los hombres por la mujer y por no entenderla? No lo sé. También es verdad que yo lo leí hace tiempo, pero tengo el recuerdo del sentimiento que me produjo.

Un abrazo.

Luz

Abejita de la Vega dijo...

CAPÍTULO LI

Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban al valiente don Quijote.

¡Qué poco nos queda! La primera entrega del Quijote se está acabando y Cervantes nos tiene ya enganchados, atentos a esa inminente llegada del “valiente don Quijote” a su aldea, acompañado del peculiar séquito que lo lleva enjaulado.

El escritor solía montar sus capítulos ensamblando dos, tres o más partes de diferentes historias, para que cada lector encontrara algo de su agrado. Ahora no hay “puzzle “y nos extraña un poco este capítulo monotemático. La fértil imaginación de Cervantes se ha ido por los cerros, como tantas veces, tras la cabra cerrera. Reza el título “lo que contó el cabrero” y el pastor cariñoso nos va a relatar un cuento folklórico, de esos superlativos y “de fuerte raíz misógina”, como dice Pedro Ojeda. Algo que sea del gusto de todos.

En una aldea había un labrador muy honrado, muy rico y muy virtuoso. Tenía una hija hermosíiiisima, discretíiiiisima y virtuosíiiiisima. La fama de su belleza llegó lejos, lejos, hasta el palacio real. De todas partes llegaban gentes a verla como “a imagen de milagros”. ¡Santa Leandra! Su padre la guardaba y se guardaba ella…Recatadísima Leandra. Y los lectores de la época, babeando de gusto…que este don Miguel sabe las debilidades de su público.

Muchos pretendientes solicitaban a Leandra y el padre no sabía a quién adjudicar la preciada joya. Entre los que echaron la solicitud estaba Eugenio, el cabrero de la cabra Manchada.” Conocido, natural del pueblo, ni judío ni moro, joven florido, rico e ingenioso. ¡Seis puntos! Hubo empate con otro pretendiente llamado Anselmo. Con los dos quedaba bien colocada a la muchacha, así que este padre, de ideas tan avanzadas, decidió preguntar a la niña. Parece ser que el gusto de Leandrita no se inclinó por ninguno de los candidatos.

Pero llegó al pueblo un soldado, hijo de un pobre labrador del mismo lugar, procedente de las Italias. El llamativo atuendo soldadesco, emperejilado a base de lujo barato, atrajo a la nena. Aquí don Miguel se detiene a describirnos a un soldado fanfarrón, personaje que él conoce muy bien y no sólo por haber leído a Plauto…Sentado en la plaza del pueblo, contaba hazañas a la boquiabierta gente del pueblo. Llegó, vio y venció en todas las guerras, sin derramar una gota de sangre pero con cicatrices … bla, bla, bla. Ram, ram, ram… un poco de guitarra. Algo poetastro, componía larguísimos romances como churros…Leandra cayó en sus redes y, ni corta ni perezosa, se escapó con él. Si es que las mujeres son como las gallinas, les das trigo y se van a picotear a la mierda. Perdón, esto último lo he leído en Delibes, no en Cervantes.

Al cabo de tres días la encontraron en una cueva, en paños menores, sin joyas ni dineros. El soldado había prometido ser su esposo, lo de siempre. Pero el padre se quedó consolado pues Leandra aseguraba que, aunque le quitó las joyas, no le quitó la alhaja principal, la que no se recupera jamás, la que remendaba la madre Celestina. ¡Y eso que venía de la viciosa Nápoles! ¡Milagro de continencia!

El cántaro no se ha roto, pero Leandra es conducida inmediatamente a un monasterio. Su tierna edad le sirvió de disculpa, no atribuyeron su falta a ignorancia sino a esa “natural inclinación de las mujeres, que, por la mayor parte, suele ser desatinada y mal compuesta”. Tranquila, María Ángeles, esconde la vena feminista…

Eugenio y Anselmo quedaron “en tinieblas” y, para consolarse, no se les ocurrió otra cosa mejor que dejar la aldea y jugar a ser pastores de novela pastoril. Mientras apacentaban su rebaño de ovejas o cabras, dedicaban sus alabanzas, vituperios y suspiros a la ingrata Leandra. Otros muchos de sus pretendientes los imitaron, convirtiendo el valle en una nueva Arcadia, llenita de pastores poetas, muy finos y muy quejosos.

Ahora la maldicen, insultan, condenan, absuelven…todos la deshonran, todos la adoran y esperan sin esperanza. Anselmo es el más comedido, sólo se queja de ausencia en unos versos que acompaña con su rabel. Por el contrario, nuestro Eugenio, lanza, por su boca sapos y culebras misóginas: ligereza, inconstancia, doble trato, bla, bla, bla. Y termina su discurso, justificando con este relato las lindezas que dedicó a la cabra Manchada. Aunque sea la mejor de su apero, es hembra y en poco la tiene. ¿No decía que era la mejor?

Termina el capítulo con la invitación del cabrero a leche fresca, sabrosísimo queso y sazonadas frutas. Está el ambiente muy relajado, a ver si sigue así o por barroco contraste…
Un saludo para Pedro Ojeda y todos los que nos visitan.

Aldabra dijo...

¿pero a qué estás Pedro, a leer El Quijote o ver a las mozas?

He estado desconectada y todavía no he leído pero mañana tocará.

bicos,

BIPOLAR dijo...

Para nada me parece misógino pues hace hablar a un personaje que se supone es rústico o se ha traspuesto. Sin embargo hace una crítica de tanto "bobo" enamorado de un ideal, pues la mayoría de los que allí pacen no conocen a la tal Leandra (de la que se pone en duda su virginidad) y dicen estar enamorados. Me acuerdo de las imágenes de los ídolos del momento que llevaba la mayoría de los adolescentes en sus carpetas, enmaorados "dellos" platónicamente, pues eran objetivos inalcanzables.

Que lo dicho, ni escenas obscenas ni ataque machista. Más bien me parece que ridiculiza a tanto desocupado con pájaros en la cabeza...

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ELE: es uno de esos capítulos que uno recuerda años después de leerlo, aunque no se sepa muy bien dónde ubicarlo en la novela. Un abrazo.

ABEJITA: como te he dicho en tu blog, quizá deberíamos votar a ver si se ha roto... o no se ha roto.
Saludos.

ALDABRA: ay, que me disperso... Besos.

BIPOLAR: en efecto, yo opinio, en contra de muchos, que este capítulo no demuestra que Cervantes sea misógino, sino todo lo contrario. Y cuanto desocupado con pájaros hay por ahí...

Abejita de la Vega dijo...

Gracias, Pedro.Ya he propuesto la votación en mi blog.Lo ilustro con otros dos cuadros de Greuze, ese pintor rococó, sensiblero y moralista. Al del cántaro se suma el del espejo y el del pájaro muerto.Tres metáforas sorprendentes para un único tema escabroso.Leandra, Leandra...
Un abrazo

impersonem dijo...

En tu comentario lo dices todo, poco más hay que añadir.

Este capítulo refleja la mentalidad propia de la época en una aldea cualquiera. Los intereses y costumbres de los unos y los otros en esto del amor.

También queda de manifiesto que a veces en esto del amor las apariencias engañan.

Y en lo que afirma el cabrero cuando describe las cualidades que los del pueblo creían suficientes para conseguir a Leandra incluye lo de "limpio de sangre"... ¿se está refiriendo aquí a que no tenía sangre judía?...porque yo creo que es a eso a lo que se refiere.

En cuanto a la misoginia que se vislumbra en este capítulo, si bien hay que analizarla dentro del contexto de la época, creo que es más que evidente, y además reiterada.

En cuanto a la reclusión en los conventos de las mozas que así se comportaban se podría decir mucho y malo, por eso prefiero callarme...no sea que me dé por hablar de los pasadizos secretos que empleaban algunos para llegar a esos conventos y de lo que algunos han encontrado en ellos...según dicen por ahí...pero a lo mejor no es cierto...simples presunciones.

En fin, son las cosas del amor frustrado, "Et in Arcadia ego".

Abrazos.

marga dijo...

- “Aunque es anexo al ser rico, ser honrado” Menuda bola, es más fácil ser un sinvergüenza cuando se tiene poder y dinero, ayer hoy y siempre.
- “No hay candados, guardas, ni cerraduras que mejor guarden a una doncella que las del recato propio”. Actualizando contenidos, nadie nos guarda mejor de cualquier peligro que nuestro criterio.
- “La gente labradora que de suyo es maliciosa”. No deja títere con cabeza
- “Duro se nos hizo creer la continencia del mozo” no me extraña nada, nada, nada.
- “Natural inclinación de las mujeres, que suele ser desatinada y mal compuesta”sin comentarios
Lo mejor del capítulo: me mondo con la descripción de aquel valle de pastores despechados, reunidos para despotricar contra su diosa ¡Pobre Leandra! ¿que será de ella en el monasterio? ¿Sabrá de la existencia este lugar donde hasta las ovejas balan su nombre?

Anónimo dijo...

Buenas tardes, Profesor:
Situémonos en el momento de la obra, porque podríamos quedar como simples chafarderos, después de cuatro siglos, estar hablando de si la bella y virtuosa Leandra, "sí o no".
Yo realmente pienso que el soldado, no se comió un rosco. Es más, estoy segura que ni lo intentó. No le interesaba la joven Leandra más que para arrebatarle el dinero. No era su tipo de mujer. Él era solo un pobre presuntuoso, emplumado con ropas deslucidas. Nada más.
Y si Leandra dice que no hubo nada, ¿por qué no creerla?.
No pasó nada. Seguro.

Saludos. Gelu

P.D.: En solo tres días, el tiempo puso a todos en su lugar. Así, Cervantes, coloca perfectamente en el monte a cada oveja con su pareja. ¿Con quién iban a congeniar mejor, semejantes toscos?.

Juan Luis G. dijo...

Las mujeres son poco de fiar... igual que los hombres.

Myr dijo...

OUPS! Vaya sorpresa la mia, creyendo estaba yo que la historia de los amores del Cautivo era la última de la primera parte del libro y me encuentro con más, casi terminándolo!!!!.

No me refiero aqui a ésta porque al finalizar la primera parte del Quijote y ya de regreso en casa, escribiré una entrada en mi blog "Amor, sexo y erotismo en el Quijote" Cap 1,37 a 1,52.

Pero si quiero senialar que, contrario a lo que muchos comentaristas han dicho, no creo ver MISOGINIA en los comentarios del cabrero, sino más bien DESPECHO y BRONCA causada por el dolor del rechazo, que es también una herida a su orgullo masculino.

Con respecto a si Cervantes es misógino o no, lo mismo, no lo creo. Y lo fundamento en el hecho de que él presenta aqui dos voces, la de Eugenio y la de Anselmo. Dos personajes que reaccionan de manera diferente ante un mismo hecho doloroso, como lo es el rechazo de Leandra, tal como sucede en la vida real y hoy.

Cosa que, lejos de ser simplista, da cuenta del gran conocimiento que Cervantes tenía de la naturaleza humana. Además, hay mucha ironía en todo el capítulo.

Besos

Asun dijo...

Dice el cabrero que es anejo al ser rico el ser honrado. No sé yo como sería en la época, pero desde luego ahora, me parece que hay sobrados ejemplos de que no es así.

...volvió el mozo de allí a otros doce, vestido a la soldadesca, pintado con mil colores, lleno de mil dijes de cristal y sutiles cadenas de acero. Pues que quieres que te diga, que por que sé que estoy leyendo a Cervantes y en esa época no se estilaban , que si no diría que se trata de un punky..jajajaja

Y ya veo que muchos no creen que Leandra volviera intacta de la cueva.... a mi también me cuesta creerlo. ¿Será que soy muy mal pensada?

Bueno, pues ya sólo queda el último (de esta primera parte, claro)

Besos