jueves, 4 de noviembre de 2010

La muerte de don Alonso Quijano (Cap. 2.74)


Don Alonso Quijano, conocido por sus costumbres como el Bueno, dice a todos los que le rodean en el lecho de muerte, que ha recuperado la cordura, que abomina de los libros de caballerías que le condujeron a comportarse como un loco y muere. Como sobre la muerte de don Alonso hablaremos en varias entradas, digamos por ahora, lo evidente.

Cervantes construye con cuidado la muerte del hidalgo: para matarlo, primero era necesario que volviera a lo que era al inicio de la historia, antes de que construyera su fantasía caballeresca. Sin este regreso, no hubiera tenido verdaderamente efecto el final de la historia, puesto que muerto como don Quijote se hubiera perdido el planteamiento inicial de la obra que aquí está expresado reiteradamente en los párrafos finales: parodiar los libros de caballerías para acabar con ellos. Al final, el autor se jacta de que gracias al éxito de la novela, se ha conseguido este objetivo: pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. De haber vivido como don Quijote, hubiera sido inevitable que futuros escritores sintieran la necesidad de continuarlo, cosa que Cervantes ya no podía consentir tras la segunda parte de Avellaneda. De haberlo dejado vivir como don Alonso, además de posibles continuaciones, se hubiera adelgazado el efecto final de la historia tanto en el propósito teórico literario como en la fuerza argumental. El único final posible es, precisamente, el mejor de todos, el que eligió Cervantes.

El cierre narrativo es perfecto: la obra termina como comenzó, cumpliendo su propósito y envaneciéndose de haberlo efectivamente logrado al terminar con el tipo de literatura parodiada.Qué mejor moraleja para ello que sea el mismo protagonista quien abomine de lo que antes admiraba. Sin embargo, sabemos que la última afirmación cervantina no es del todo cierta, que ya la literatura caballeresca daba síntomas de fatiga antes de que se escribiera el Quijote y que los restos continuaron vivos durante mucho tiempo hasta influir en la construcción de la literatura fantástica a partir del XVIII -que, inevitablemente, también se verá contaminada por la novela de Cervantes: sobre esto también hablaremos- que ha llegado hasta nosostros.

Hay que añadir un matiz: la experiencia vivida no le devuelve al hidalgo exactamente al punto de partida, sino a una abominación absoluta de los libros de caballería, como quien sabe que cualquier contacto con ellos podría provocar una recaída al no controlar sus efectos en la mente del lector.

En segundo lugar, lo hace morir como un español cristiano ejemplar según todos los requisitos cuyo tiempo marca con precisión: en plena conciencia de su estado, con serenedidad y aplomo ante la muerte, rodeado de sus amigos y la única familia que tiene, confesando y haciendo testamento. Sólo después, puede morir don Alonso. Ni en esto se atenúa la mirada crítica cervantina: don Alonso muere como deben morir los españoles del momento en lo tocante a la moralidad y la religión católica, pero no como ha vivido: había abandonado el cuidado de sus propiedades y rentas, decidió vivir una aventura extravagante por mucho que ahora abomine de ella, no se preocupó en vida de casarse y formar una familia ejemplar -de hecho, se había enamorado de una mozuela de un pueblo vecino a la que sacaba muchos años-, se refugió en la lectura de novelas moralmente cuestionadas en la época, y nunca lo vemos asistir a misa o acudir verdaderamente a las normas de la religión católica hasta el momento de pedir confesión y hacer testamento. Posiblemente, como sucedía con muchos españoles del momento, que vivían la religión más como afirmación de identidad nacional que como constante diaria.

En tercer lugar, en su testamento se recoge la extremada conciencia que ha tenido de todo lo vivido como don Quijote: singularmente apreciable es la cláusula sobre los dineros de Sancho Panza, lo que puede hacernos cuestionar la locura pasad de quien recuerda todo con tanta claridad y se permite jugar irónicamente con ello en un documento notarial.

En cuarto lugar, el proceso médico de los últimos días de don Alonso se describe de forma muy medida para darlo realismo verosímil: recuperación de la cordura tras un largo sueño, euforia momentánea, fortaleza moral y aceptación del tránsito, agonía última. Se hace expresa mención de todo el proceso de forma que no sea excesivamente dolorosa para el lector -porque no lo es para el protagonista-, al que le consuela la serenidad última del personaje y la compañía de los personajes más queridos por éste.

En quinto lugar, ni a la hora de la muerte se olvida Cervantes de Avellaneda. De hecho, se pide expresa certificación de la muerte de don Alonso para que nadie pueda resucitarlo y continuar sus aventuras (entre otras cosas, porque sólo Cide Hamete es el verdadero autor, como se dice en su intervención final) aparte de la ingeniosa, irónica y envenenada petición puesta en boca de don Alonso: Ítem, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos. Pero al lector le surge una inevitable pregunta: ¿hubiera matado al hidalgo si Avellaneda no hubiera aparecido en escena o hubiera dejado la obra pendiente de una nueva salida?

Como esta entrada es ya larga, seguiremos en otras. El lunes, volveremos a valorar, desde otro ángulo, la muerte de don Quijote, además de resumir las aportaciones de todos y disfrutar de un regalo que Bipolar nos hace a todos los participantes en la lectura. El jueves próximo, con la primera recepción de la muerte de don Alonso: la de los personajes presentes en el capítulo final.

53 comentarios:

pancho dijo...

En efecto, según nos cuenta Cide Hamete, los seres vivos llevamos escrito en nuestra esencia de mortales nuestro fin, que como tal le ocurre a DQ. Le entraron unas calenturas que le postraron seis días, como producto de la melancolía acumulada o debido a que su destino ya estaba escrito. Las visitas de S y los demás, tratando de levantarle el ánimo, fueron frecuentes. El bachiller cuenta que los perros pastores, Barcino y Brutón, ya les esperan impacientes. No parecen los mejores nombres para que DQ sane de su derrota cuando se la recordarían constantemente, juntamente con la traición de Butrón, Brutus, Bruto. (No voy a decir lo que me sugiere que después se me enfadan, sólo que tienen mucha guasa los nombrecitos de los gossos). Llaman al médico que aconseja atender el alma. El cuerpo casi sin pulso, listo para el embarque. El ama, la sobrina y S lloran tiernamente. Abandonan el cuarto a petición de DQ, que pide soledad para dormir.

Seis horas más tarde, DQ despierta sobresaltado. (el uso reiterado del numero seis puede proceder de la prevalencia del sistema antiguo de medidas basado en el doce, docena, y seis, media docena. A la semana se le consideraba como seis días). Como si durante el sueño se le hubieran abierto los ojos y se hubiera liberado de “las sombras caliginosas de la ignorancia”, sólo lamenta no tener ya tiempo para otras lecturas que sean luz del alma, como compensación de los detestables Libros de Caballería que llenaron los días de aburrimiento en la aldea. Le pide a continuación a su sobrina que llame al cura, al bachiller y al barbero para confesarse y testar, y les confiesa: “ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano” y por cinco veces repite el adverbio ya en el párrafo porque quiere indicarnos que ha sido DQ y que deja de serlo. Manifiesta su incapacidad para negar su obra por estar ya escrita y difundida. Ya no está en su mano destruir a DQ porque vive en el mundo de los sueños, de todos nosotros, sus lectores. Se le puede derrotar pero no puede morir.

pancho dijo...

DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.74

Si echamos la vista atrás, al comienzo de la segunda parte de la novela, nos encontramos con DQ en cama curándose de su locura. Este detalle abunda en la idea de redondez de la estructura de la novela porque DQ culmina su vida en este capítulo último con su muerte también en cama, como la vida misma que comienza y termina en posición horizontal.

Cervantes nos ha venido preparando desde la derrota del protagonista en las playas de Barcino en el capítulo sesenta y cuatro para el último combate del hidalgo, el que siempre se pierde y lo libra en casa rodeado de los suyos. El autor presenta su muerte de forma natural, como un acto inevitable al que todos estamos abocados, sin extravagancias, no es ninguna tragedia, muere como lo hacen la mayoría de los animales; acostándose para morir. Tampoco es una muerte exenta de ejemplaridad, abundan los símbolos cristianos a su alrededor, que la ligan al concepto de muerte como liberación y triunfo de la vida que escapa a la tiranía del tiempo con su inmortalidad. La tragedia de la muerte que se convierte en luz de vida.

El capítulo narra los últimos nueve días de la vida de DQ que ha regresado al punto de partida para morir al lado de los que afirman quererle bien. Al sexto día de postración pide que le dejen solo para dormir seis horas seguidas que hacen el milagro, porque despierta lúcido, con el juicio sano, que a efectos de la narración significa el desdoblamiento o separación definitiva de su personalidad Alonso Quijano – Don Quijote. A continuación testa, vive tres días más y muere. El juego terminó, la muerte no lo es. Se presenta a la muerte de manera ejemplar: “desnudo como los hijos de la mar”.

Cornelivs dijo...

D. Quijote se nos murió. ¿Por qué se nos muere nuestro héroe? ¿Por saberse vencido por el caballero de la Blanca Luna? ¿Porque se le antojó demasiado el año de retiro forzoso que éste le impuso? Yo creo que no.

Como siempre, haré mi propia y personal lectura. Mi humilde opinión es que, más bien, D. Quijote muere de realidad: la realidad se impone sobre su mundo de sueños, y una profunda tristeza y melancolía se adueña del corazón de nuestro hidalgo manchego (de la que no podrá sobreponerse) que, finalmente, lo llevará a la tumba. A ello se une el sentido del ridículo que tuvo que experimentar cuando, recobrado el juicio, mirara para atrás, y observara su propio comportamiento.

No olvidemos que D. Quijote es un pequeño hidalgo (el escalafón mas bajo de la nobleza), que sale de una aldea perdida, cuyo nombre no se aclara: es un pequeño propietario, humilde, que no se contiene “en los límites de la hidalguía, y que se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de tierra, y con un trapo atrás y otro adelante”, como nos dice el propio Cervantes en el capitulo II de la II Parte.

Su vida debía de ser muy aburrida, y para salir de la monotonía, tiene la peregrina idea de hacerse caballero andante. “De tanto leer el romancero/ ha dado en ser caballero”, y de la andante caballería, nada mas y nada menos. Recordemos como perdio el juicio: “del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo”.

¿Como sale D. Quijote de cada tropiezo con la realidad? Con un remedio muy socorrido: los encantadores que lo persiguen transforman los gigantes en molinos, los ejércitos de Miramamolín en rebaños de ovejas y carneros, el yelmo de Mambrino en bacia de barbero y las figurillas de Maese Pedro parecen tener vida propia. No es el quien se confunde: ¡son los malditos encantadores los que, una y otra vez, lo trastocan todo…!

Cornelivs dijo...

Bien es verdad que a lo largo de la segunda parte se aprecia muy al vivo el cambio de actitud de Cervantes hacia su personaje: lo mima, lo protege, casi estoy por decir que lo estrecha contra su pecho, acaso influenciado por el apócrifo de Avellaneda, de quien trata de protegerlo. Pero Cervantes no olvida: inmisericorde, golpea a nuestro héroe una y otra vez, con la dura realidad, la cual, paulatinamente, junto con el cansancio, vence a nuestro hidalgo. La realidad gana siempre, como no podía ser de otro modo.

Finalmente, cuando D. Quijote decide hacerse pastor, el ama y la sobrina le dan la estocada final, recordándole que el pastoreo es cosa de gente joven –inconveniente que, acaso, nuestro hidalgo no había previsto-, de modo que nuestro héroe se derrumba del todo, como vimos en el capitulo anterior. Ahí empezó a morir D. Quijote, de pena, de amargura, de desilusión, de profunda tristeza, pues no supo o no quiso aceptar la realidad, que quizás le pareció tan insoportablemente anodina y gris que no lo pudo soportar: prefirió irse a los Campos Eliseos, a cabalgar para siempre con Amadís de Gaula y Florismarte de Hircania, susurrandole bellas palabras de amor a su bella Dulcinea.

Hasta Cervantes se conmueve con la muerte de nuestro inmortal hidalgo. Ved el video del maestro Jorge Luis Borges, que aquí os traigo.

Sancho, en este ultimo capitulo, parece verdaderamente apesadumbrado, llora sinceramente: pero para D. Quijote no hay vuelta atrás: “donde hubo nidos antaño, no hay pájaros hogaño”. Así, D. Quijote, pasa a la eternidad, y nadie podrá resucitarlo: no habrá mas Avellanedas que valgan.

Por cierto: el soliloquio final de la pluma de Cervantes...absolutamente maravilloso.

Se nos murió Alonso Quijano. Pero no el personaje que éste creó: D. Quijote; este es inmortal, y siempre estará con nosotros.

Ha sido para mi un placer y un autentico honor estar con vosotros en esta grata y amena lectura del Quijote, que con mano sabia ha dirigido nuestro amigo y maestro Pedro Ojeda Escudero. Y ahora, permitidme que le escriba una carta abierta a D. Quijote.

Cornelivs dijo...

Mi Querido Alonso Quijano.

Acabas de otorgar testamento, y todos han salido de la habitación. Están tristes y llorando. Sancho, el cura, el barbero, el bachiller; el ama, tu sobrina… Te queda muy poco tiempo. Ojala puedas leer lo que aquí te escribo antes de partir: lanzaré esta carta esta noche a los cuatro vientos, en la dudosa esperanza de que algún encantador que gobierna las fuerzas de lo desconocido atraviese la frontera del tiempo y…te la haga llegar.

Quiero que sepas que he leído la historia de tu vida, tanto la primera parte como la segunda parte, que tú no has podido leer, pues te hayas a punto de partir rumbo a las estrellas: las escribió -ambas- Cide Hamete Benengeli. En dicha segunda parte, Cide Hamete lo narra absolutamente todo, desde que saliste de tu aldea, rumbo al Toboso (para conocer a Aldonza Lorenzo, a quien tu llamaste Dulcinea e hiciste dueña de tus pensamientos), y sigue con todo lo que te pasó después, hasta el momento de tu próxima muerte. Lo narra fielmente, ajustándose a la realidad de lo que te ha sucedido. El narrador nos cuenta que has recuperado el juicio y que, finalmente, has tenido la inmensa suerte de morir cuerdo, santamente, en tu cama; volviendo a ser Alonso Quijano “el bueno”. De hecho, observa que no me dirijo a ti llamándote D. Quijote, sino por tu verdadero nombre: Alonso Quijano.

Dicho esto, mi querido hidalgo, me imagino que querrás saber y conocer el por qué yo, un español de otra época y de otra región al que tú no conoces, te escribe esta carta; y máxime a una criatura no real, sino de ficción, como tú. Satisfecha quedará tu curiosidad cuando te diga que solo es para darte las gracias. Gracias sinceras y de todo corazón. Y para despejar tus razonables dudas y hacerte comprender en que me pueden haber ayudado a mí tus peripecias cuando eras caballero andante, no tendré por más tiempo en vilo tu curiosidad, y te lo narraré inmediatamente.

Conocí la historia de tu vida y de tu transformación en caballero andante cuando yo era un niño de doce años. La historia de un hidalgo que se pone don y que se arremete a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de tierra, y con un trapo atrás y otro adelante, (perdona mi sinceridad) me sedujo desde el primer instante. (¡A quien se le ocurre!). Me enfrasqué leyendo tu historia, que me apasionó sobremanera. Y te cuento lo que me sucedió: a mis doce años mi alegre niñez se alejaba casi sin darme cuenta y comencé a pisar los primeros peldaños de la escalera de la adolescencia, justo cuando comencé a madurar y a percibir la realidad de la vida. Fue una época muy difícil para mí, y muchas tardes se mezclaban mis lágrimas adolescentes con la risa que me provocaban tus hazañas. Por eso tu historia fue para mí un bálsamo reparador. Recuerdo perfectamente aquellas tardes, después de estudiar, en las cuales sentado frente a mi máquina de escribir (una pequeña Olivetti Dora, de teclas, es un artilugio que tu no conoces) mecanografié la historia de tus hazañas, íntegramente, las dos partes. Me ayudaste a mantener la mente ocupada y a sustraerme del vendaval del sufrimiento, poniéndose a cubierto. Convendrás conmigo en que solo por esto ya mereces mi eterno agradecimiento; pues los dos años que tardé en mecanografiar la obra fueron una especie de refugio que me protegieron contra la lluvia de los pesares y el viento del dolor.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Tan inteligente al inicio como al final, no da cabida a que le palgien la novela, que la continuen sin pudor... son tantos los recursos que ha utilizado a lo largo de la obra que es imposible imitar...fue un placer mientras duró.

Pd: no entiendo lo del próximo jueves, pero me declaro obtuso hoy, no es mi mejor día....

Blanca dijo...

Muy romántica Cornelius la lectura que haces de la muerte de D. Quijote.
He disfrutado mucho con ambos.
Bsos
B

Asun dijo...

Me pasa como a Tucci, que tampoco entiendo lo del próximo jueves, pero como yo también estoy obtusa será cosa de ángulo erróneo.

Besos

BIPOLAR dijo...

Anoté con mano temblorosa al final de la lectura las siguientes palabras: Ironía, Melancolía, Amor y Futuro.

De todas ellas habla la "mejoría de la muerte".

Destaco la vigorosa idea del futuro vaticinada por su propio autor hace siglos en EQ. Me resulta sorprendente y así lo he manifestado en reiteradas ocasiones.

La lápida se convierte en la primera prueba de estudio de la Ciencia de la Personajelogía que reza "fue el espantajo y el coco" y de aquí parte el resto de la obra. (Esto no es serio quizás nunca lo fue del todo)

Latigazos del ritmo en la escritura de Cervantes con picos de expansión y de acortamiento que -a veces- no se comprenden muy bien.

¿Qué decir cuando ya no me quedan líneas?
Anoté: "¡QUÉ FINAL MÁS CUTRE!"
Mi vena poética ha reventado con tanta declaración interesada de notario.

De la crítica literaria, aceptar los cinco puntos cardinales que justifican toda la obra. Eso sí, Cervantes se corrió una gran fiesta taurina y cambió de tercio tantas veces como le vino en mente y sus miuras a-cosados recibieron estoque y puntilla con efímero capotazo.

No es el polvo contaminado el que está en suspenso en el aire.

GRACIAS POR TU INESTIMABLE MIRADA DE CORDURA EN ESTA GRAN CLASE MAGISTRAL, PEDRO.
Esta lectura, también es Historia.

Merche Pallarés dijo...

Pues, sí, querido Pedro GRACIAS por tu maravillosa iniciativa. Ha sido muy agradable e instructivo leer tus análisis semanales al igual que a todos los compañeros. Y, referente a tu última pregunta, yo creo que Cervantes sí hubiese acabado matando a su personaje a pesar del Avellaneda, porque sabía, al ser mayor, que no podría seguir con una tercera parte.
¿Se sabe algo del condumio? Besotes quijotescos, M.

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Myriam dijo...

Emocionante clase final, que por suerte divides en otras entregas futuras para ayudarnos a nosotros a despedirnos de la lectura y a elaborar la pérdida o el cierre de esta etapa....

Nos vamos despidiendo de esta lectura, no de la obra, no de DQ QUIJOTE-SANCHO cuya dualidad, al menos en mí, está muy interiorizada y creo que en todos los compañeros también.

No nos despedimos de tí, porque aquí seguiremos contigo. No nos despedimos entre nosotros, porque los vínculos que hemos creado permancen.

Esta ha sido en todo sentido, lo repitiré una y mil veces, una experiencia magnífica.

Gracias a ti y gracias al grupo.
Besos a todos

Hernando dijo...

Bendigo el día que me tropezé con La Acequia, gracias a todos que forman parte de ella, y en especial a su creador, coordinador y profesor, hoy sé mucho más de nuestro Don Quijote, he disfrutado de su lectura y de muchas lecturas que desconocía, con este tipo de experiencias a uno se le hace más llevadera la vida y se dá cuenta que hay gente con ganas de aprender, a enseñar, y a beneficiarnos todos de nuestras lecturas, de nuestros saberes, de nuestras experiencias. Por el ruido que lleva La acequia, parece que este tinglado tiene continuación, pues en ella estaremos, aportando lo poco que sé.
Gracias.

Señor De la Vega dijo...

Mi querido Señor Ojeda,
La narración de los hechos sobre la recuperación y desvanecimiento de los delirios quijotescos, darían que pensar al más crédulo: 1-cae malo Don Quijote, 2-el médico solicita la atención a la salud de su alma 3-oyendo ésto, Don Quijote ruega que le dejen dormir profundamente de un tirón (por 6 horas) 4-después de las cuales despierta gritando y agradeciendo a Dios el retorno del juicio.

Es todo tan teatral, tan forzado, que solo manifiesta con ello Alonso Quijano, la necesidad de ser nuevamente considerado cuerdo o no ser creído más por loco, para poder tomar posesión completa de sus derechos, patrimonio y voluntad última; con la buena causa de no dejar cabos sueltos y sí buena memoria a los que desea proteger, como en el capítulo anterior el mismo había dado por cierto que en cualquier caso haría.
En este último capítulo el fin justifica los medios, por lo tanto, si muere un fingido Alonso por Don Quijote o un Alonso fingidor de loco, dependerá del gusto del lector, según yo interpretro.

Muy bien hacen Cidete y Cervantes, que nos ahorran 3 días de velorio, de paz y de agonía, y lo dejan tranquilo con los suyos después de sus últimas y narradas palabras, aunque nos sugieren una feliz imagen de lo sucedido en lo íntimo de cada heredero y un párrafo más para el último suspiro del hombre.

Por continuar con mi teoría amorosa, en este capítulo puedo marcar dos claves de lectura determinantes:
Primera, el realismo narrativo sobre los dineros dados a Sancho Panza por don Alonso siendo loco, que ahora en su testamento regulariza; “tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna
¿Por qué incide Cervantes en ese punto? ¿qué remarca con ello? ...
Lo fundamental sería mencionar a lo que no renuncia: a Dulcinea.
No quiere Alonso Quijano restar realidad a su ideal femenino y amor sincero, y por esto recalca para llegar a ello, que el pago de su dinero fue bien dado, incluso ahora, en la cordura que antecede a la muerte y ante escribano y testamento. La regularización del capital en manos de Sancho es importante, porque cualquiera de los presentes podría considerarlo de robo a un insensato majadero obsesionado por una quimera, mucho más, cuando proceden del engaño panzil y (sabido por todos) en relación a Dulcinea y luego conseguido con otras mentiras urdidas por Sancho y en el fondo permitidas por Don Quijote, para embellecer a su amada.

Pero también refuerza el amor que le tiene a Sancho, más allá del personaje que calce, y deja abierta nuevamente la puerta a la especulación sobre quien habla o quién hablaba en boca de Alonso o de Quijote.
La respuesta de Sancho, emocionado y al descubierto, es reclamar lo justo de su sueldo, asegurando la posibilidad de encontrarse una Dulcinea desencantada tras una mata y retoma también la caballería y con todo ello niega a Don Alonso, porque su cariño es Don Quijote.
Don Alonso necesitará un párrafo para deshacer el nudo de la garganta y marcar con clara definición la relación entre lo que fue y es: loco-cuerdo, Quijote-Quijano, estrategia dialéctica para no renunciar a su afamado pasado, puesto que lo ha sido y ya se sabe famoso en su lecho de muerte.
...CONTINÚA...

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN...
La segunda clave interpretativa, es la parte de herencia dejada a su sobrina, donde lo vincula a un hecho más obsesivo que discreto, “...es mi voluntad que si Antonia Quijana mi sobrina quisiere casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información que no sabe qué cosas sean libros de caballerías...” Lo que en realidad desea para su sobrina, es un hombre que la busque y la regale y la trate como amante y no como platónica Filis, o que persiga con el tiempo a otra más ideal que no sea ella misma.
Sí él pudiera, hubiese consumado con Aldonza Lorenzo en vez de sobrenombrarla como Dulcinea, y ese arrepentimiento, me resulta claro en esas ordenanzas testamentarias.

Algo sorprendente a mi entender es la obsesión final sobre Avellaneda, al que dedican su últimas palabras, tanto Quijano como Cide Hamete como Cervantes.
Mi única interpretación, a menos que Cervanes se hubiese ido de la olla, es un expreso agredecimiento y reconocimiento en coautoría, para esta tercera parte al autor tordesillesco de la segunda. Sí, reconozco que es rebuscado, pero Cervantes en sus últimas líneas, me parece que estaba en pleno diálogo encriptado con Avellaneda y sus lectores más sesudos de la época, entre los que no me encuentro, pero muerto el perro, se acabó la rabia, si alguna vez la tuvo.
Suyo, Z+-----

Señor De la Vega dijo...

Mi querido Señor Ojeda,
La narración de los hechos sobre la recuperación y desvanecimiento de los delirios quijotescos, darían que pensar al más crédulo: 1-cae malo Don Quijote, 2-el médico solicita la atención a la salud de su alma 3-oyendo ésto, Don Quijote ruega que le dejen dormir profundamente de un tirón (por 6 horas) 4-después de las cuales despierta gritando y agradeciendo a Dios el retorno del juicio.

Es todo tan teatral, tan forzado, que solo manifiesta con ello Alonso Quijano, la necesidad de ser nuevamente considerado cuerdo o no ser creído más por loco, para poder tomar posesión completa de sus derechos, patrimonio y voluntad última; con la buena causa de no dejar cabos sueltos y sí buena memoria a los que desea proteger, como en el capítulo anterior el mismo había dado por cierto que en cualquier caso haría.
En este último capítulo el fin justifica los medios, por lo tanto, si muere un fingido Alonso por Don Quijote o un Alonso fingidor de loco, dependerá del gusto del lector, según yo interpretro.

Muy bien hacen Cidete y Cervantes, que nos ahorran 3 días de velorio, de paz y de agonía, y lo dejan tranquilo con los suyos después de sus últimas y narradas palabras, aunque nos sugieren una feliz imagen de lo sucedido en lo íntimo de cada heredero y un párrafo más para el último suspiro del hombre.
...CONTINÚA...

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN...
Por continuar con mi teoría amorosa, en este capítulo puedo marcar dos claves de lectura determinantes:
Primera, el realismo narrativo sobre los dineros dados a Sancho Panza por don Alonso siendo loco, que ahora en su testamento regulariza; “tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna
¿Por qué incide Cervantes en ese punto? ¿qué remarca con ello? ...
Lo fundamental sería mencionar a lo que no renuncia: a Dulcinea.
No quiere Alonso Quijano restar realidad a su ideal femenino y amor sincero, y por esto recalca para llegar a ello, que el pago de su dinero fue bien dado, incluso ahora, en la cordura que antecede a la muerte y ante escribano y testamento. La regularización del capital en manos de Sancho es importante, porque cualquiera de los presentes podría considerarlo de robo a un insensato majadero obsesionado por una quimera, mucho más, cuando proceden del engaño panzil y (sabido por todos) en relación a Dulcinea y luego conseguido con otras mentiras urdidas por Sancho y en el fondo permitidas por Don Quijote, para embellecer a su amada.

Pero también refuerza el amor que le tiene a Sancho, más allá del personaje que calce, y deja abierta nuevamente la puerta a la especulación sobre quien habla o quién hablaba en boca de Alonso o de Quijote.
La respuesta de Sancho, emocionado y al descubierto, es reclamar lo justo de su sueldo, asegurando la posibilidad de encontrarse una Dulcinea desencantada tras una mata y retoma también la caballería y con todo ello niega a Don Alonso, porque su cariño es Don Quijote.
Don Alonso necesitará un párrafo para deshacer el nudo de la garganta y marcar con clara definición la relación entre lo que fue y es: loco-cuerdo, Quijote-Quijano, estrategia dialéctica para no renunciar a su afamado pasado, puesto que lo ha sido y ya se sabe famoso en su lecho de muerte.
...CONTINÚA justo en el primer comentario...

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN...
Por continuar con mi teoría amorosa, en este capítulo puedo marcar dos claves de lectura determinantes:
Primera, el realismo narrativo sobre los dineros dados a Sancho Panza por don Alonso siendo loco, que ahora en su testamento regulariza; “tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna
¿Por qué incide Cervantes en ese punto? ¿qué remarca con ello? ...
Lo fundamental sería mencionar a lo que no renuncia: a Dulcinea.
No quiere Alonso Quijano restar realidad a su ideal femenino y amor sincero, y por esto recalca para llegar a ello, que el pago de su dinero fue bien dado, incluso ahora, en la cordura que antecede a la muerte y ante escribano y testamento. La regularización del capital en manos de Sancho es importante, porque cualquiera de los presentes podría considerarlo de robo a un insensato majadero obsesionado por una quimera, mucho más, cuando proceden del engaño panzil y (sabido por todos) en relación a Dulcinea y luego conseguido con otras mentiras urdidas por Sancho y en el fondo permitidas por Don Quijote, para embellecer a su amada.
...CONTINÚA...

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN FINAL...
Pero también refuerza el amor que le tiene a Sancho, más allá del personaje que calce, y deja abierta nuevamente la puerta a la especulación sobre quien habla o quién hablaba en boca de Alonso o de Quijote.
La respuesta de Sancho, emocionado y al descubierto, es reclamar lo justo de su sueldo, asegurando la posibilidad de encontrarse una Dulcinea desencantada tras una mata y retoma también la caballería y con todo ello niega a Don Alonso, porque su cariño es Don Quijote.
Don Alonso necesitará un párrafo para deshacer el nudo de la garganta y marcar con clara definición la relación entre lo que fue y es: loco-cuerdo, Quijote-Quijano, estrategia dialéctica para no renunciar a su afamado pasado, puesto que lo ha sido y ya se sabe famoso en su lecho de muerte.
...CONTINÚA justo en el primer comentario que publique, porque a estas alturas del Quijote ya se volvió loca LA ACEQUIA de tantas y tan largas parrafadas...

Cornelivs dijo...

Ayer me resultó imposible copiar y pegar aqui la carta. Lo hago a continuación. Un abrazo.

Cornelivs dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cornelivs dijo...

Recuerdo perfectamente aquellas tardes, después de estudiar, en las cuales sentado frente a mi máquina de escribir (una pequeña Olivetti Dora, de teclas, es un artilugio que tu no conoces) mecanografié la historia de tus hazañas, íntegramente, las dos partes. Me ayudaste a mantener la mente ocupada y a sustraerme del vendaval del sufrimiento, poniéndose a cubierto. Convendrás conmigo en que solo por esto ya mereces mi eterno agradecimiento; pues los dos años que tardé en mecanografiar la obra fueron una especie de refugio que me protegieron contra la lluvia de los pesares y el viento del dolor.
Tu no te diste cuenta, pero cabalgué contigo y con Sancho, conocí a Dulcinea; fui testigo del episodio de los Molinos de Viento, de la paliza que te dieron los desalmados yangüeses; vi cómo en la venta mantearon a Sancho Panza, observé como preparabas el bálsamo de Fierabrás (¿recuerdas el nauseabundo olor a vino barato y a romero que se expandió por toda la estancia?); vi las cabriolas y la penitencia que hiciste en Sierra Morena; asistí al encantamiento de Dulcinea, en el cual Sancho fue el encantador, como tu mismo sabes; me irrité sobremanera con el duque y la duquesa, que se burlaron de tí. Odié terriblemente al bachiller Sansón Carrasco, primero Caballero de los Espejos, y luego Caballero de la Blanca Luna, y me deprimí enormemente cuando te venció en la playa de Barcelona; y finalmente, lloré desconsoladamente cuando te vi en tu lecho de muerte, del cual no volviste a levantarte.
También en tus momentos de soledad he estado contigo; he sido testigo de tus pensamientos, he oído tus lamentos en la noche, mientras Sancho dormía he presenciado tus sucesivos e inevitables desengaños, he admirado tu esfuerzo para recuperarte e intentar seguir adelante; lo se todo, hasta lo que pensaste con la desgracia de tus medias en casa de los duques, o aquella vez que te quedaste suspendido del brazo en la venta o aquella otra noche oscura que dedicaste integramente a tus amorosos pensamientos. Finalmente…te he acompañado hasta tu aldea, siguiendo tus pasos hasta el crítico momento de tu muerte, ya cercana.
¡Cuantas horas de placer me habéis proporcionado Sancho y tu! De niño fuisteis uno de mis paraguas protectores, no lo olvido. Y vuelvo a agradecértelo, querido hidalgo; puesto que no solo que me ahorrasteis muchos malos ratos, sino que me enseñasteis, Sancho y tú, muchas cosas. Sancho, el pragmatismo y sentido práctico de la vida. Tu...infinidad de cosas más. Y no te sorprendas, pues ya sabes que cuando no hablabas de caballerías tenias un ingenio libre y bueno, de modo que aquel niño de doce años que fuí aprendió muchas y provechosas enseñanzas, oyéndote hablar y aprendiendo de tu sagacidad. Oi de tu boca sabios consejos, hijos directos de la educación clásica y humanista de tu autor que, con el tiempo, aprendí a valorar; muchos de ellos los sigo cumpliendo hoy día: que el sentido común y el ingenio humano no tienen épocas. En definitiva: fuiste una influencia muy beneficiosa para el niño que yo fui; tu autor, Cervantes, colocaba en tus labios sabias y provechosas enseñanzas –insisto- que leí, rumié, medité y digerí en la difícil época de mi primera adolescencia, justo cuando más lo necesitaba.

Cornelivs dijo...

El mundo tiene una eterna deuda de gratitud contigo y con Cide Hamete Benengeli, que narró tu historia, que hoy es mundialmente conocida. Haces reír al lector joven que te lee por primera vez, como me pasó a mi hace ya tantos años; haces pensar el hombre maduro; pero viejo lo haces llorar, o al menos lo emocionas. Tu dura lucha de titán contra la realidad pasó a la historia y se hizo eterna.
¡Como me hubiera gustado, créeme, que no fueras solo una criatura de ficción, sino un ser real, de carne y hueso, y conversar contigo y con el cura y con el barbero! Eso si, que no esté delante Sansón Carrasco: ya sabes cómo aborrezco a ese malicioso.
A pesar de tu locura, tus ideales no eran los de un loco; eran ideales nobles, altruistas, que rezumaban generosidad, tan necesarios en tu mundo como en el mío: mundos sin ideales y poblados de bellacos. Quizás la forma en que luchaste por ellos no fue la más adecuada; tu estampa era ridícula y anacrónica, ya lo sabemos (recuerda el episodio de tu primera comida en la venta, apenas armado caballero, y tantas y tantas otras). Pero lo que destacaría de ti es tu lucha, tu valor, tu arrogancia, y el hecho de que fuiste inasequible al desaliento. Nadie pudo contigo: solo la realidad consiguió vencerte. ¿Verdad, querido amigo? Solo ella te pudo vencer.
Vas a fallecer como todo el mundo: desencantado de casi todo, y me conmueve profundamente verte asi. Ahora que has recuperado el juicio te has visto a ti mismo como lo que eres: un hidalgo pobre, que no es joven, ni nunca ha sido caballero andante, con un rocin que tiene mas cuartos que un real, y con una princesa que no es princesa, sino una simple labradora, llamada Aldonza Lorenzo. Si; quizas por ello estas tan triste, tan cansado, tan desilusionado de esta cruel realidad, que prefieres irte a los jardines elíseos, a cabalgar eternamente junto con Amadís de Gaula y Florixmarte de Hircania… Y no te lo reprocho. Nosotros nos quedamos en este mundo frío, gris, materialista e hipócrita.
Y, por cierto, no partas de esta vida con escrúpulo por haber dado motivo para que se escriba de ti, ni sientas verguenza alguna por las "locuras" que has cometido. ¡Ya eres inmortal! Y pronto saldrá a la luz la Segunda Parte de tu historia, la que ha de escribir tu autentico narrador, Cide Hamete. Tu vida será conocida en todo el mundo y no habrá nacion ni lengua a la que no sea traducida. De modo que parte tranquilo, generaciones y generaciones hablarán y discutirán sobre tí. El mundo admirará la crónica de tu vida, serás una continua enseñanza y pasatiempo para las pasadas, presentes y futuras generaciones. Fíjate lo que hiciste conmigo: tu historia me proporcionó muchísimos ratos de placer, y de enseñanza, pues entre locura y locura, tu hablar y tus profundos conocimientos eran algo delicioso; al tiempo que me enseñó a amar la literatura, la buena literatura; aprendí muchas cosas de la vida gracias a tu experiencia con la realidad. Como antes te he dicho, si de joven me hiciste reír, de mayor me hiciste pensar, y ahora, querido hidalgo, que tengo casi tu edad, a veces has conseguido emocionarme, habiendo sido esta última lectura la que, con mucho, más me ha impactado. Y como a mí, has enseñado y enseñarás a muchísima gente más.

Cornelivs dijo...

Imposible Pedro. Te la envio por correo aparte. Un abrazo.

marga dijo...

No creo que haya mejor manera de despedir este extraño empeño colectivo que las propias palabras de Cervantes. "Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin …
Tengo que agradecer a Pedro y a todos, el haberme ayudado a sacarme esta espinita del QUijote. No sólo he leído la obra, si no que ha logrado calarme hasta los huesos.
Gracias.
Vale.

Paco Cuesta dijo...

Considero que Cervantes trata de remarcar una serie de circunstancias con las que se puede estar o no de acuerdo pero que formaban parte de la sociedad en ese tiempo, por otro lado quería cerrar la herida abierta con la publicación del Quijote apócrífo.

São dijo...

Querido Amigo, por favor, passa lá no "são", sí? Gracias.

Besos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

HOLA A TODOS: En primer lugar, gracias por haber seguido la lectura y colaborado en ella.
Aclaro alguna duda que me presentáis: igual que hicimos al final de la lectura de la Primera parte, nos tomamos unas semanas más. En ellas, os pediré que valoréis en vuestros blogs lo que ha supuesto esta lectura para cada uno de vosotros, si no lo habéis hecho ya.
Mientras tanto, yo publicaré algunas entradas más valorando el último capítulo y la construcción general del Quijote, además de la recepción de la obra. El próximo jueves, en concreto, hablaré de cómo reciben la muerte de don Alonso los personajes presentes en estas última páginas.
Todo ello nos llevará hasta la comida quijotesca, de la que tendréis noticias estos días: fijada, definitivamente para el primer sábado de diciembre.
La última entrada de esta lectura del Quijote, por supuesto, hará referencia a esta comida y, espero, tendrá la foto de todos aquellos que queráis acercaros a compartirla.
Un fuerte abrazo.

El Gaucho Santillán dijo...

Que buena reseña.

Concuerdo con Cornelius, en que las "aventuras" del Quijote, no han existido, en realidad, y solo han estado en su cabeza.

Quizàs, ante esa certeza, es que reniega de los libros de caballerìa.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

Navegando por internet, a veces, se encuentran tesoros. Su 'acequia', casi nuestra, fue uno de ellos.
Y en ella, de forma especial, 'las citas' con Don Quijote, con sus explicaciones y los encuentros con los comentaristas. Desde que saqué el libro de la estantería, no ha vuelto a ocuparlo. Está y seguirá estando al alcance de la mano, acompañado de distintas ediciones, para mirar una y otra vez los pasajes que no quieren ser olvidados.

Le seguiremos a usted, en la próxima lectura, que sin duda será otra nueva aventura maravillosa, como ésta con nuestro Alonso Quijano el Bueno.

No podré ir a la comida, pero habrá tiempo y forma para continuar con todos los compañeros.

¡GRACIAS!. Un abrazo para usted, y para todos y cada uno. Gelu

P.D.: Qué bien le ha retratado el Señor de la Vega, en sus catorce versos quevedianos.

Merche Pallarés dijo...

OK 4 de diciembre ¿dónde? Besotes, M.

¡Genial nuestro SEÑOR DE LA VEGA! Un poco enrevesadas sus "continuaciones" pero interesantes sus conclusiones, como siempre.

SAUVIGNONA dijo...

paso a saludarte pedro...

que estes bien...
besos
:)sau
SAU

Señor De la Vega dijo...

Mi Señora Merche,
Siento la confusión en mi troceado y pesado comentario, podría [verlo aquí de seguido], si prefiere.

La culpa de ello, es que desde hace semanas Blogger vuelve a limitar la extensión de comentarios, algo por otro lado saludable, ya lo había hecho una vez, y ahora con la nueva gestión que ha habilitado lo volvió a revisar a la baja.

Es saludable, porque los ‘comentarios’ deberían ser comentarios y no ‘entradas’ ‘artículos’ o ‘relatos más latosos que el Quijote’.

En realidad si hay necesidad de escribir mucho se debería crear por parte del comentarista una entrada en su espacio web, y dejar solo una breve introducción y link hacía el texto completo donde fuere.

Pero, no es fácil actualmente hacerlo, es engorroso y justo por eso es una carencia más en la edición de comentarios de blogger, el no habilitar un botón de enlace [url], que facilite la edición de hipervínculos, así podríamos aprovechar la ventaja de lo interactivo y evitar tan largas peroratas.

Aunque me temo que por lo normal y en general en los comentarios de los comentaristas, sobran la mayoría de caracteres antes de llegar a cualquier límite.
Suyo, Z+-----

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Después de tantas aventuras, todo llega a su fin. Cervante lo borda en el final. Sublime.

Abejita de la Vega dijo...

Tantos comentarios, tantos capítulos y aquí estoy, dando vueltas al último, el LXXIV, tan importante. Quiero que me salga bien… Leo, releo, en el primer párrafo, que las vidas humanas no son eternas y la de don Quijote tampoco. Que ningún humano tiene ese privilegio del cielo y don Alonso no puede detener su “acabamiento”. Que muere de la melancolía del vencido o de una calentura de seis días, no se sabe… Le visitan el cura, el bachiller y el barbero. Sancho Panza no es una visita sino una presencia continua, al pie de su cabecera. Me voy al título, lo casca todo: cae malo, hace testamento y muere. Ya, en el capítulo anterior, pide al ama y a la sobrina que lo llevan al lecho…

Y yo sigo atascada, no me vendría mal la ayuda de alguno de esos secundarios que me visitaron en tantas ocasiones. ¡Eh! ¡A mí los personajillos! ¿Hay alguien ahí?

La pantalla bailotea y no obedece al ratón. ¡Quieta! ¿Quién está ahí?

Saludo a vuestra merced, mujer amanuense. Yo le contaré el capítulo. Puedo hacerlo, con éste y con otros anteriores…Yo estaba allí. Soy:..

¿El médico? ¿La sobrina? ¿Aquel “mozo de campo y plaza” del que nunca más se supo?

No, no soy humano. Formé parte, eso sí, de un ser vivo. Cervantes me concede el don de la palabra, al final del capítulo; aunque luego comete la grosería de colocarme en una espetera, junto a las cacerolas.

Soy de “pato, cisne, cuervo o pavo” y han de darme frecuentes cortes, para mantenerme afilada. Con la ayuda de un líquido negro, escribo mejor que su infernal y luminosa maquinita. Péñola o cálamo me llamaban . Soy…

pancho dijo...

Ayer intenté subir el comentario como siempre, fue imposible. Parece que ahora se admiten trozos de texto más pequeños.

Encantado de que hayas decidido alargar tus explicaciones de la obra, así la despedida será más poco a poco (ya se van pegando las expresiones cervntinas)y tendremos más tiempo para asimilar la despedida.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

"Señores...vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”

Tantos comentarios, tantos capítulos y aquí estoy, dando vueltas al último, el LXXIV, tan importante. Quiero que me salga bien… Leo, releo, en el primer párrafo, que las vidas humanas no son eternas y la de don Quijote tampoco. Que ningún humano tiene ese privilegio del cielo y don Alonso no puede detener su “acabamiento”. Que muere de la melancolía del vencido o de una calentura de seis días, no se sabe… Le visitan el cura, el bachiller y el barbero. Sancho Panza no es una visita sino una presencia continua, al pie de su cabecera. Me voy al título, lo casca todo: cae malo, hace testamento y muere. Ya, en el capítulo anterior, pide al ama y a la sobrina que lo llevan al lecho…

Y yo sigo atascada, no me vendría mal la ayuda de alguno de esos secundarios que me visitaron en tantas ocasiones. ¡Eh! ¡A mí los personajillos! ¿Hay alguien ahí?

La pantalla bailotea y no obedece al ratón. ¡Quieta! ¿Quién está ahí?

Abejita de la Vega dijo...

-Saludo a vuestra merced, mujer amanuense. Yo le contaré el capítulo. Puedo hacerlo, con éste y con otros anteriores…Yo estaba allí. Soy:..

-¿El médico? ¿La sobrina? ¿Aquel “mozo de campo y plaza” del que nunca más se supo?

-No, no soy humano. Formé parte, eso sí, de un ser vivo. Cervantes me concede el don de la palabra, al final del capítulo; aunque luego comete la grosería de colocarme junto a las cacerolas. Soy de “pato, cisne, cuervo o pavo” y han de darme frecuentes cortes, para mantenerme afilada. Con la ayuda de un líquido negro, escribo mejor que su infernal y luminosa maquinita. Péñola o cálamo me llaman. Soy…

Asun dijo...

Vuelvo hoy a ver si estando un poco más lúcida (cuidado, que sólo he dicho "un poco") capto algo más.

Me ha gustado eso de "hacerlo morir como deben morir los cristianos ejemplares del momento". Reconozco que mi desconocimiento sobre la época es grande, y nunca se me hubiera ocurrido pensar que también para eso había unas pautas a seguir.

Los ataques a Avellaneda con cesan ni con la muerte a la vuelta de la esquina. Se ve que le afectó de manera obsesiva.

Gracias por la aclaración sobre los jueves venideros.
El continuar con otras entradas posteriores para cerrar la obra nos ayudará a que el duelo lo vivamos de forma más progresiva y no de golpe y porrazo. Además antiguamente, ¿no se concluía toda la ceremonia del velatorio, funeral y entierro con una comida familiar? Por lo menos en el caso de mis abuelos es el recuerdo que yo tengo. Así que nosotros también lo haremos de este modo, con una comida de esta pequeña gran familia que hemos conformado a través de esta lectura, y que espero y deseo que tenga continuidad a través de otras lecturas, siempre y cuando nuestro querido PEDRO esté de acuerdo.

GRACIAS, PEDRO, por haberla hecho posible y haber manejado el timón con tan buena mano.

Besos a todos. Esto todavía no ha acabado.

Abejita de la Vega dijo...

Soy la pluma del señor Cervantes. En realidad, soy una entre las muchas que tuvo en sus manos, raspando el papel de trapo, mientras la tinta se vertía dócilmente, dando vida a tantos personajes.

Les cuento. Don Quijote está apesadumbrado y sus amigos creen que la causa es su vencimiento y el no cumplido desencanto de Dulcinea. Procuran alegrarle y Sansón le anima a levantarse, para iniciar la vida pastoril, con unos buenos perros guardianes que ha comprado. El bachiller socarrón se las da de poeta y dice haber compuesto una égloga mejor que las de Sannazaro.

Llega el médico con sus rutinas, le toma el pulso, no le contenta y dice que atiendan a la salud de su alma porque la del cuerpo corre peligro. Don Quijote reacciona sosegadamente, no le importa morir; mas ama, sobrina y escudero lloran como si ya tuvieran delante su cadáver. “Melancolías y desabrimientos” le están matando, opina el galeno.

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote ruega que le dejen dormir un poco. Duerme más de seis horas, despierta y proclama, a grandes voces, la divina misericordia, a pesar de los humanos pecados. La sobrina le pregunta por eso que dice de pecados y misericordias. Don Quijote le responde que ya tiene el juicio “libre y claro”, sin las sombras de la ignorancia que sobre él pusieron su “amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías”. ¿Ignorancia? ¿Amarga leyenda? ¿Detestables libros de caballerías? ¿Qué ha pasado? ¿Qué prodigio es esto?

Serenamente, dice a su sobrina que se siente “a punto de muerte”. Y, puesto que ha sido loco, no quiere morir como tal. Pide la presencia de sus “buenos amigos”. Ya saben: el cura, el bachiller Sansón Carrasco y el barbero Maese Nicolás. Porque quiere confesarse y hacer testamento, lo normal para un hidalgo cristiano.

Antonia no ha de buscarlos, que ya están aquí los tres. Don Quijote los recibe pidiendo albricias porque ya no es don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano el Bueno. Su metamorfosis es tal que ahora es enemigo de Amadís de Gaula y su linaje. Ahora le son odiosas sus historias, conoce su necedad y su peligro.

El trío oye esto y creen estar ante una nueva locura. Sansón le lleva la contraria. ¿Ahora que tenemos desencantada a Dulcinea? ¿Ahora que van a ser pastores? ¿Ermitaño?

Don Quijote les pide que se dejen de burlas, que se está muriendo. Han de traerle un confesor y un escribano. Todos se miran admirados. Si al principio dudan, después de oírle tantas cristianísimas y concertadísimas razones...No hay duda, está cuerdo.

El cura hace salir a la gente y lo confiesa.
(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

El bachiller vuelve con el escribano y con el fiel Sancho Panza que, al ver llorosas a las mujeres, comienza con los pucheros y los lagrimones.

El cura da fe de que Alonso Quijano el Bueno “verdaderamente” se muere y está cuerdo. Si lo dice un sacerdote…Los ojos de los llorones se desbordan porque tanto don Alonso Quijano como don Quijote fue querido por todos.

Entra el escribano y, tras el encabezamiento y las mandas para misas y oraciones, llega a las mandas que interesan. Es su voluntad que no se le pidan cuentas a Sancho de los dineros de su señor. Que se cobre el sueldo y lo que quede, bien poco, sea para él. Y si estando loco le diera una ínsula, ahora como cuerdo le diera un reino. Y le pide perdón por haberle dado ocasión de ser contagiado de su locura, haciéndole creer que hubo caballeros andantes.

Esto es demasiado para Sancho. Le suplica que no se muera, que la mayor locura que puede hacer un hombre es dejarse morir “sin que nadie le mate”, sin otras manos matadoras que las de la melancolía. Le anima a levantarse de la cama, irse los dos de pastores y encontrarán desencantada a Dulcinea. Y no ha de preocuparse por ser vencido, con echarle la culpa al escudero es suficiente. Y, además, es condición normal de los caballeros derribar y ser derribados.
(Sigue)

SRO dijo...

En el último capítulo Don Quijote se reúne con su alter ego para remediar ese terrible desapego de sí mismo, del señor Alonso Quijano y para irse después a la tumba tras poner en orden sus cosas. Sólo la proximidad de la muerte hace posible propicia este reencuentro. Pero eso es sólo la apariencia porque está claro que quien muere no es Don Quijote sólo se trata de Alonso Quijano. Don Quijote se ha esfumado en algún momento de este capítulo, seguramente en esas seis horas de sueño profundo que nuestro héroe se toma con tanta intensidad que todos le creen ya muerto.
Repasémoslo: después de librar su última lucha esta vez con las fiebres durante días y tras escuchar con calmoso ánimo la opinión del médico Don Quijote pide un tiempo para dormir
Es ahí donde debemos despedirnos de nuestro caballero. Hace ya varios capítulos que no es él mismo.Desde su derrota, la antorcha que le iluminaba se ha ido apagando sin remisión: parecía cada vez más cuerdo. No tiene fuerzas y un Quijote sin fuerzas tiene que ser por fuerza cuerdo
y ahora en la oscuridad y en la intimidad de ese sueño va a tener lugar el intercambio. Cuando abre los ojos es Alonso Quijano quien ha tomado el control y lo hace con sentencias no ya admonitorias sino condenatorias para con el errático y nefasto proceder de Don Quijote distanciándolo para siempre de sí. En el tiempo que Quijano usa para aderezar sus cosas, dictar testamento y nombrar albaceas, todo ello con un juicio frío y decepcionante para sus compañeros, una energía fría se disipa por todo el resto del capítulo
Por fin se tumba a todo lo largo en su cama y muere.
Vale. Conviene además que sea así: a Cervantes le interesa más que a nadie. Está obsesionado con los Avellanedas y no quiere más aventuras ni pastoriles ni nada... está tan obsesionado que todavía después de cerrado el sepulcro avisa contra los ladrones de tumbas a pesar de que quien está ahí enterrado sólo es Alonso Quijano el Bueno. Saludos a tod@s en el final de la aventura...que todavía no ha acabado

Abejita de la Vega dijo...

Sansón da la razón al buen Sancho, mas don Quijote no les deja seguir. No, no pueden tratarle como antes, ya no es el mismo, que “ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”. Fue loco, ahora es cuerdo; fue don Quijote, ahora es don Alonso Quijano el Bueno. Ahora, arrepentido y sincero, desea que vuelvan a estimarle como antes de su locura.

Pide al escribano que siga, sabe que tiene poco tiempo. Deja su hacienda a su sobrina, Antonia Quijana, la cual pagará al ama el salario debido y veinte ducados para un vestido. Y, si la pobre muchacha quiere casarse, ha de hacerlo con hombre que no sepa qué cosas son libros de caballerías. Si lo hace perderá lo heredado, lo cual pasará a obras pías. No será fácil para Antonia cumplir este mandado, porque cualquiera, en esta aldea y sus alrededores, ha oído hablar de tales libracos, desde el humilde pastor al rico hacendado…

Suplica a sus albaceas, Sansón y el cura, que si conocen al autor de “Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha”, ´´ése que tanto daño hace a mi don Miguel, le pidan que le perdone. ¿Que le perdone? Sí, porque fue don Quijote el que le dio ocasión, al tal Avellaneda, de haber escrito tantos disparates. Sin don Quijote de verdad, no hubiera don Quijote falso. Bueno, pero no se disculpe su merced…
(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Cierra al testamento, se desmaya y se estira en la cama. Vive tres días en los que se desmaya a menudo. Anda la casa alborotada, pero la apenada sobrina come, el ama brinda con el mejor vino y Sancho se regocija. Templa la pena esto del heredar, que ya sabe el escudero lo que pasa con los duelos, bien acompañados de pan.

Llega su último día, recibe los sacramentos y mantiene la lucidez suficiente para seguir abominando de los libros de caballerías. Y muere, ay, muere mi don Quijote, cuyas aventuras yo alimenté con la tinta que fluye desde dentro de mí. Y no muere como un Amadís o un Palmerín, muere cristiana y sosegadamente, rodeado de su gente , que llora y se lamenta .

Veo que a vuestra merced, mujer amanuense, se le escapa una lágrima. Lleva tiempo en esto, me hago cargo.

El cura pide al escribano, allí presente, que dé fe por testimonio como Alonso Quijano el Bueno, llamado don Quijote, ha muerto. Y lo hace para que evitar que otro autor, distinto a Cide Hamete Benengeli, lo resucite falsamente e invente falsas aventuras.
(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Cierra al testamento, se desmaya y se estira en la cama. Vive tres días en los que se desmaya a menudo. Anda la casa alborotada, pero la apenada sobrina come, el ama brinda con el mejor vino y Sancho se regocija. Templa la pena esto del heredar, que ya sabe el escudero lo que pasa con los duelos, bien acompañados de pan.

Llega su último día, recibe los sacramentos y mantiene la lucidez suficiente para seguir abominando de los libros de caballerías. Y muere, ay, muere mi don Quijote, cuyas aventuras yo alimenté con la tinta que fluye desde dentro de mí. Y no muere como un Amadís o un Palmerín, muere cristiana y sosegadamente, rodeado de su gente , que llora y se lamenta .

Veo que a vuestra merced, mujer amanuense, se le escapa una lágrima. Lleva tiempo en esto, me hago cargo.

El cura pide al escribano, allí presente, que dé fe por testimonio como Alonso Quijano el Bueno, llamado don Quijote, ha muerto. Y lo hace para que evitar que otro autor, distinto a Cide Hamete Benengeli, lo resucite falsamente e invente falsas aventuras.
(Sigue)

Abejita de la Vega dijo...

Al llegar a su fin el Ingenioso Hidalgo, mi don Miguel vuelve al principio. No quiso poner el nombre del lugar y fue para dar ocasión, a las villas y aldeas manchegas, a que se peleen por el honor de ser la cuna de don Quijote, como las ciudades griegas con Homero.

Hubo llantos, aunque no se ponen aquí. Y nuevos epitafios, como el de Sansón que le compuso uno, dedicado al que murió cuerdo y vivió loco. Lo suyo no son los versos, no.

Y ahora viene lo mío, porque Cide Hamete, ya sabéis quién, se dirige a mí y me coloca en una espetera, con un hilo de alambre. Me dice que viviré luengos siglos aquí, sin que me profanen los malandrines. Y me enseña lo que he de advertirles si llegan a mí, eso de “tate , tate folloncicos, de ninguno sea tocada”.

Ahora declaro que don Quijote nació sólo para mí. Él y yo somos “para en uno”. Que no se atreva el “escritor fingido y tordesillesco”, con su grosera pluma de avestruz. No es asunto de su escaso ingenio, le he de advertir que deje en paz los huesos de don Quijote y no se los lleve de paseo por Castilla la Vieja.

Y me dice mi señor que, con eso, cumpliré, con mi cristiano deber de aconsejar bien a quien mal me quiere. Y dice que él quedará satisfecho de haber cumplido su deseo, que no fue otro que hacer aborrecer a los hombres “las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”.
La última palabra de este gran libro es “Vale”.

Un abrazo para todos de María Ángeles Merino.

Abejita de la Vega dijo...

Al llegar a su fin el Ingenioso Hidalgo, mi don Miguel vuelve al principio. No quiso poner el nombre del lugar y fue para dar ocasión, a las villas y aldeas manchegas, a que se peleen por el honor de ser la cuna de don Quijote, como las ciudades griegas con Homero.

Hubo llantos, aunque no se ponen aquí. Y nuevos epitafios, como el de Sansón que le compuso uno, dedicado al que murió cuerdo y vivió loco. Lo suyo no son los versos, no.

Y ahora viene lo mío, porque Cide Hamete, ya sabéis quién, se dirige a mí y me coloca en una espetera, con un hilo de alambre. Me dice que viviré luengos siglos aquí, sin que me profanen los malandrines. Y me enseña lo que he de advertirles si llegan a mí, eso de “tate , tate folloncicos, de ninguno sea tocada”.

Ahora declaro que don Quijote nació sólo para mí. Él y yo somos “para en uno”. Que no se atreva el “escritor fingido y tordesillesco”, con su grosera pluma de avestruz. No es asunto de su escaso ingenio, le he de advertir que deje en paz los huesos de don Quijote y no se los lleve de paseo por Castilla la Vieja.

Y me dice mi señor que, con eso, cumpliré, con mi cristiano deber de aconsejar bien a quien mal me quiere. Y dice que él quedará satisfecho de haber cumplido su deseo, que no fue otro que hacer aborrecer a los hombres “las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”.
La última palabra de este gran libro es “Vale”.

Un abrazo para todos de María Ángeles Merino.

Antonio Aguilera dijo...

"El último de la fila" no sólo es el nombre de un conjunto musical, sino tambien de un servidor que siempre llega tarde.

PEDRO, he publicado mi comentario al 2.72 ya sabes que voy retrasaillo. He puesto al final un anexo con enlace para una entrada que publiqué hace tres años sobre "la muerte de don Quijote"; aunque quiero escribir algo más sobre este último capítulo, porque da mucha tela para cortar.

Antonio Aguilera dijo...

2.72
Pasaron don Quijote y Sancho el día de su llegada en aquel mesón-venta -que no castillo- (jugando al “subastao”, al ajedrez e, incluso, a la “gallinita ciega”), esperando la noche. El uno para acabar la falsa auto flagelación -o sea, la monda de los árboles-; tal vez contratado por la cuadrilla de Corcheros del Reino); el otro, amo del anterior, a la espera del acabamiento de tal faena: por ver a la señora de sus sueños desencantada (libre del acné seborreico, fístulas, llagas, apostemas y otras "peromias" que en su rostro habían enraizado).

Mientras tanto, llegó a la posada un “caminante a caballo” (no sé si será igual que “un jinete a patitas”) acompañado de unos criados, quienes le comunicaron que aquel hostal carecía de chinchorros y otros parásitos chupópteros; además de disponer de clima controlado: vamos, que la venta era “limpia y fresca” (como se sienten las chicas que usan una determinada marca de compresas)
Se alojaron estos viajeros en una habitación frontera a la de don Quijote, también decorada con feas “sargas”, como las que había en la alcoba de don Quijote. Cide Hamete no menciona su calidad ni los motivos de estas pinturas, pero seguro que tan malos como el “falso Quijote”, que fue la conclusión que Cide Hamete sacó de los anteriores.

Escuchó don Quijote, con el paquidérmico pabellón de su oreja aplastado contra la pared medianera del vecino, que aquel nuevo inquilino se llamaba don Álvaro Tarfe, personaje que él había leído cuando estuvo en la imprenta de Barcelona, en el Quijote del tordesillesco Avellaneda.

Buscó don Quijote, entonces, conversación con aquel caballero. Se encontró con él en una sala baja, la más fresca del edificio, donde el señor de Tarfe había bajado “a lo de verano” (supongo que en pantalón corto y chanclas playeras). Allí, nuestro excaballero andante, sometió al de Tarfe, natural de Granada (que no Atarfe, población muy cercana a Granada), a un exhaustivo interrogatorio. Don Álvaro reconoció ante don Quijote que él había sido gran colega del otro don Quijote y que, por recomendación suya, aquel estrafalario caballero viajó hasta Zaragoza donde participó en sus “mañas” y famosas justas, obteniendo como trofeo el más grande de los ridículos, donde además organizó diversos alborotos y disturbios públicos. Por todo ello, el señor Tarfe dijo que se vio obligado a internarlo en el manicomio del nuncio de Toledo

Una vez convencido don Álvaro Tarfe de que nuestra “inmortal pareja” era la auténtica, la original, la genuina y que, como rezan los anuncios publicitarios, no admitía imitaciones, quiso a petición de don Quijote, testificar ante el alcalde y por mano del escribano sobre la autenticidad de tan singular mencionada pareja. Este don Quijote que en este momento le acompaña, como bien señaló Sancho, era el máximo socorredor de todos los menesterosos del orbe, así como indudable “matador de doncellas", entre las cuales hacía estragos: como muestra la reciente Altisidora. Por su parte, Sancho era el más lleno de gracia (cual virginal criatura) de todos los escuderos del mundo, que a chorros la derramaba.

SIGUE...

Antonio Aguilera dijo...

AQUÍ ESTAMOS DE NUEVO...
Llegó la tarde y con ella la hora de la partida. Caminaron juntos don Quijote, Sancho y don Álvaro sobre media legua, tras la cual debía cada uno tomar su camino. Abrazó el granadino a don Quijote con una apertura de brazos, en la que luego no cabía Sancho -Sancho, hermano, que hermosos estamos-.

Al poco, cayó la noche, y se apartó Sancho a acabar su flageladora penitencia. No perdió don Quijote la cuenta de los latigazos, llegando a contar hasta “tres mil y veinte y nueve”, con lo que quedó don Quijote contento sobremanera.

A la mañana siguiente continuaron el camino de vuelta a la aldea, sin que se cruzase hembra a la que don quijote no fuese a observarle el físico y el rostro (¡anda que si la geografía llega a ser playera!), pero ninguna de ellas resultó ser Dulcinea desencantada.

Ahora trascribiré el final del capítulo pues, por muy buena explicación que ofrezca uno, la pluma del complutense, hasta el día de hoy, no tiene parangón y no necesita comentario:

Con estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual, vista de Sancho, se hincó de rodillas y dijo:

"-Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza, tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede. Dineros llevo, porque si buenos azotes me daban, bien caballero me iba.

-Déjate desas sandeces -dijo don Quijote-, y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar, donde daremos vado -fol. 274r- a nuestras imaginaciones, y la traza que en la pastoral vida pensamos ejercitar.
Con esto, bajaron de la cuesta y se fueron a su pueblo

Anexo:
Enlace con una entrada que publiqué, hace ahora tres años, en mis inicios con el blog, sobre la muerte de don Quijote Ya me apasionaba entonces el tema y buscando y buscando por La Red tuve la gran suerte de topar con La Acequia

Silvia_D dijo...

Alguien me ha dicho, que ya que estuve en el 1º, debía estar en el último... aunque este libro da para que nunca de acabe de hablar sobre el.
Siento la escampada total y absoluta de los blogs.
Muchos besos, Pedro y saludos a los demás.

Martine dijo...

Si sigo en los Blogs, todo y el cierre del mío, es a "La acequia" que lo debo, a la corriente de afectos que aqui se han tejido, a estas lecturas en buena compañia, bajo la batuta de su director y Amigo...Seguiré, como no, escuchando el correr de sus aguas y de cuando en cuando rompiendo, gustosamente, mi silencio, para reencontrarme con esos Amigos, TODOS y contigo, Pedro.. GRACIAS!


Un beso, para tí, para Todos...